El escape. ¿Vamos a recorrer el mundo, me acompañas?
No creí que alguien me invitaría a una odisea. Tengo miedo, pero es un miedo bello.
Belu.
Estaba amaneciendo. La homínido del tartamudeo continuaba descansando. Debería estar pasada del sueño. Los humanos duermen demasiadas horas. Me levanté de entre las rocas y me acerqué a la reja. Extendí mi mano y el choque eléctrico a acariciaba mi piel quemándola de a poco. La descarga positiva y negativa penetraba por las uñas y mis tendones se inflaban trabándose como un calambre que recorría mi cuerpo. Un proceso que duró lo suficiente hasta que sobre estalló la caja eléctrica y el humo salía por mi cuerpo y los barrotes. Había desactivado con cierta facilidad la corriente eléctrica. Solo se escuchaba un silencio general. Un hombre se trasladaba rengueando. De estatura baja y ojos grandes. Iba directo a descansar en una banca que se ubicaba cerca. Otro más alto dormía en el suelo. El amanecer en estos sucuchos es bastante extraño. Cerca de la entrada, se ubicaban algunas carretas con jaulas. Posiblemente llevarían esclavos para vender. ¿O saldría de caza? ¿Sería interesante presenciar tal? No, para nada. Ya tengo suficiente con solo un día de estar encarcelado por estas alimañas. Solo deseo irme y continuar dónde sea, ahora que estoy mejor. Podría ser prudente y me retiraría con solo abrir las puertas. Sería muy fácil. ¿Y la muchacha? Fue bueno conocerla. ¡Auch! ¡Duele de nuevo! Me acerqué a la homínida que continuaba descansando. Me coloqué delante de ella y un cálido aroma y calor de su piel mermaban aquellas molestias. Su tactilidad era como un analgésico para esos ataques en todo mi sistema. Me encontraba bien al pegarme a ella que colocó su cabeza gacha sobre mi hombro como si fuese una almohada. Y luego presentía como la sangre de mi cuerpo se iba trasladando con una circulación normal y placentera. ¿Me estaba adaptando gracias a ella? ¿No podía expresar bien que era? ¿Pero esa mujer emanaba una sensación de eso que llaman paz. O probablemente sea amor? Solo puedo asegurar que el incordio de padecimientos había cesado. Mi cuerpo se sentía bien a su lado. Y lentamente cerré mis ojos acomodándonos ambos.
Algunos sonidos de pájaros se sentían a lo lejos. El chirrido de la jaula que resonaba en el campamento de esclavos. Una caravana ingresaba con unos compradores
Al escuchar sonidos de voz, desperté. Había dormido lo suficiente. A mi lado ese hombre.
Las rejas se abrieron.
Dos de los hombres ingresaron.
Y uno permaneció fuera con su arma en la mano. Los demás ingresaron con garrotes.
Varios pasos sin escucharse nada.
Una sombra se hizo presente
No podía ver bien, hasta que la claridad de un ápice de luz dibujo un claro redondo. Eran dos de los guardias en el suelo asustados de mí.
Jonás me llevaba de los pelos hacia afuera y me arrojó a un charco lodoso. Inmediatamente cerraron la jaula.
Eleane, la superiora pasaba por allí. Una dama de cabello atado marrón y vestido de unos treinta y cinco años.
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Editado: 24.07.2025