El viaje. El reino Elfo y su arrogancia será la perdición. Cuatro jinetes del apocalipsis están aquí para hacer justicia.
Luego de mucho tiempo te encontramos, pero no quieres reconocernos. Athos, tiene un don especial.
En pleno campo nos dirigíamos con la carreta a prisa. Misteriosamente suelen haber monstruos por la zona, pero de alguna manera era como si no se acercaren o huyeran de otros peligros que pueden asechar, algo que no nos afectaba. Como siempre Athos no tenía una pisca de nerviosismo, o tal vez si, y no encontraba manera de localizarlo. Milena contenía a Cil que no se separaba de ella. Luego de tantos problemas, quizás la eligió como una suerte de figura materna. Recientemente padecía una perdida pronta, y estaba desesperada por ver a su hermana. Tengo entendido que los elfos de este reino, esclavizan otras razas a las que consideran menores. Entre ellos humanos, semi humanos. Al final de cuentas nadie está exento de su miseria, y desgracias que lo acogen sistemáticamente. ¿Acaso existirá un lugar al cual poder ser feliz, tan solo unos momentos, sin que alguien subyugue ese sentimiento tal efímero que experimentamos? –
Me compré un cuaderno en el mercado. Y hasta ahora voy anotando todo lo que he vivido en mi nueva existencia con el señor Athos. El pasado no me importa, e incluso no tiene razón de ser recordado. Hay quienes dirán que no se debe borrar el pasado, pues se aprende algo de todo aquello que fuera malo, pero no tengo nada de aprendizaje sobre una vida devastada como esclava. E incluso ahora que estamos yendo al reino de la raza de los Elfos puros del rey Eggbran, siento temor de regresar a esa época y al mismo tiempo una ira insostenible. Pido disculpas al señor Athos, si cometo un atropello en cuanto vea la inocencia pérdida de los que habitan entre rejas y suplicios.
…..Aunque… - Y lo miro sonriendo al frente… Creo que él, será el primero en actuar. Por alguna razón odia ese tipo de injusticias contra los débiles. Quizás sus pasos fueron sobre el mismo sendero, y nadie acudió para rescatarlo. No lo dejaré solo jamás. -
Aquel gigante, poseía el tamaño de una montaña. Tal era que a su alrededor se comprendían ramificaciones. De hecho se encuentra detrás de unas montañas que lo tapan.
Milena se acercó a nuestro lado, en cuanto Cil, descansaba. Nos indicó que el árbol era ese. Y que por el otro sendero se mesclaban los ríos.
Ambas asentimos. Y pronto comenzamos a rearmar una suerte de choza para esperar la noche.
El señor Athos estaba pensativo al descender. Se podían notar huellas de pisadas, como si alguien corriera desesperado. Se agachó unos instantes y palpó el suelo con sumo cuidado.
Captó que había sangre en algunos puntos y ello lo intrigaba. Al tocarla y llevarla a su boca, se dio por enterado que era la misma que poseían esos elfos en los barrios bajos de la ciudad.
Horas antes..
Dos elfos del reinado, llevaban el cuerpo de una de las mujeres que habían sido asesinadas en el pueblo.
Solo segundos bastaron para que Re se abalanzara hacia uno de ellos abriendo su boca con un golpe y sacando velozmente su lengua. Arrancándola con la piel y la sangre escapando por doquier.
Su compañero se congeló al ver aquella macabra aptitud. Re devoró la lengua
Ambos no morían aún.. Y la agonía de ser devorados vivos era letal por parte de esas dos mujeres.
Los ojos rojos y un vapor que escapaba de ellos eran suficientes para una dulce y bella venganza. De ellos se desprendían líneas de color amarillo y luego rojo.
….. Actual instante. Unos pájaros se movían alrededor de un círculo. Carroñeros que se aprovechaban de comida pútrida. Athos se acercó siguiendo el camino con su olfato hasta encontrar un círculo rojo concéntrico con algunos huesos y pedazos de carne. A decir verdad – Athos descubrió una oreja de Elfo
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Editado: 01.02.2026