EMILY
Agosto, 2026
El último año no se siente como dicen.
No es nostalgia inmediata ni emoción desbordada. Es más bien una presión silenciosa, como si todo el mundo esperara que supieras quién vas a ser cuando termine.
Tenía diecisiete años y un uniforme que ya no me quedaba igual. No porque hubiese crecido demasiado, sino porque yo ya no era la misma.
Desde que papá se fue, parecía vivir en una realidad alterada. Ya no me emocionaba nada, mucho menos un último año escolar.
Como hacíamos siempre antes del primer día de clases, me quede a dormir en la casa de Rose, por lo tanto significa que a primera hora ya estaba levantada, obligadamente, pero bueno no podía quejarme.
—Último año —dijo Rose, acomodándose la mochila frente al espejo—. Suena raro, ¿no?
—Suena a mentira —respondí.
Salimos de casa como lo hicimos siempre, pero había algo distinto en el aire. Tal vez era la certeza de que ya no quedaba tanto tiempo. O tal vez era solo yo, pensando de más.
El St. Ignatius College seguía igual: imponente, prolijo, lleno de caras conocidas. Pero aun así, sentía que lo miraba por última vez con otros ojos.
En el aula de 7º A el ruido era el de siempre: risas, quejas, comentarios cruzados. Algunos hablaban del viaje que se venía, otros de universidades, otros simplemente fingían que nada estaba cambiando.
Yo me senté en mi lugar de siempre.
Ventana.
Rose a mi lado.
Y nada ni nadie más.
Y entonces los vi, como los veía siempre estos últimos malditos años.
Tyler Cooper estaba apoyado contra una de las paredes, brazos cruzados, expresión tranquila y esa mirada celeste que nunca supe leer del todo. Neil, a su lado, hablaba con alguien más, relajado como si el mundo no pesara tanto.
Cuatro años.
Habían pasado cuatro años desde aquel agosto en el que entraron a nuestro curso por primera vez.
Cuatro años de la peor humillación de mi vida.
Tyler levantó la vista.
Nuestros ojos se encontraron apenas un segundo.
No sonrió.
Yo tampoco.
Como siempre.
Dos miradas frías.
—¿Estás nerviosa? —preguntó Rose en voz baja.
—No —mentí.
La profesora entró al aula y el murmullo se apagó de a poco. Último año. Última lista. Últimas oportunidades de fingir que todo estaba bajo control.
Dejo sus cosas sobre el escritorio y se acomodó los anteojos antes de hablar.
—Buen día, chicos. Sé que es el primer día y que muchos todavía están medio dormidos, pero este año no es uno más.
Algunos bufidos se escucharon desde el fondo.
Rose y yo ya no nos sentábamos muy atrás desde que cambiamos de salón. Estábamos más o menos en el medio, cosa que me molestaba aun mas porque me sentía increíblemente incómoda.
—Como ya sabrán, séptimo año tiene un proyecto final obligatorio que se va a trabajar durante todo el ciclo lectivo —continuó—. No es algo que puedan dejar para último momento, así que vamos a empezar hoy mismo.
Sentí cómo Rose se enderezaba a mi lado.
—Para eso —siguió la profesora— voy a cambiar los lugares. Quiero que trabajen con personas distintas a las de siempre. Se tienen que conocer, aprender a convivir, sea el último año o no, se van a llevar recuerdos o vínculos con nuevas personas.
No.
Por favor, no.
—Voy a ir nombrando y se van moviendo, ¿sí?
El aula se llenó de quejas bajas, arrastre de sillas, mochilas que caían al piso.
Y así fue nombrando, cambiando a todos de lugares, sentí como se me aumentaba el mal humor cuando a Olivia le tocó sentarse atrás de mi banco con James Miller, otros de sus amoríos de semana, se incorporó a nuestro curso en quinto año y hasta ahí es la única información que tengo de él, tampoco me importa.
Yo me quedé quieta, mirando la ventana, como si así pudiera evitarlo.
—Rose Ford... —leyó— con Neil Parker.
Vi cómo Rose me miraba, sorprendida.
—¿Qué? —susurró.
No llegué a responderle.
—Emily Morgan...
El aire se me quedó clavado en el pecho.
—... con Tyler Cooper.
El mundo hizo ese ruido raro que hace cuando algo se rompe por dentro, pero nadie más lo nota.
No me moví.
No me puede estar pasando esto.
No, no, no
NO!
— ¿Emily? —repitió la profesora— Por favor anda al banco de tyler que está en el fondo.
— ¿Por que me tengo que mover de lugar yo? — ya no podía disimular la bronca acumulada.
— Emily Morgan —la profesora me fulmino con la mirada— No lo voy a volver a repetir. Siéntate con Tyler.
Me obligué a levantarme. Las piernas me pesaban más de lo normal mientras caminaba entre los bancos. Escuché murmullos, alguna risa ahogada, pero no miré a nadie.
Tyler ya estaba sentado cuando llegué. Se hizo a un lado para darme espacio.
— Hola —dijo, en voz baja.
No respondí.
Me senté, rígida, mirando al frente. Sentía su presencia demasiado cerca, como una memoria que no había pedido recordar.
— ¿Podes bajar el volumen? — no se como hice para formular la pregunta sin trabarme al hablar.
— ¿Qué? — preguntó Tyler.
— El volumen — repetí — Es irritable, se escucha la música en todo el salón y no puedo concentrarme.
— Lo único irritable acá sos vos, Emily — dijo, apretando la mandíbula mientras se sacaba los auriculares.
La clase terminó y me vi corriendo yéndome del curso para poder tomar aire fresco y sacarme de encima la incomodidad que me rondaba.
Cuatro años después, seguía siendo el mismo castigo.
Y el año recién empezaba.