El Viaje Sin Condiciones

Eco

TYLER

Agosto, 2026.

El último año empezó como empiezan todas las cosas que no parecen tan importantes hasta que lo son.

Ordenado.

Eso era lo único que podía decir de mi vida. Todo estaba en su lugar, o al menos eso creía.

—¿Tenes todo? —preguntó mi papá desde la cocina, mientras servía café en su taza de siempre.

—Sí —respondí, ajustándome la mochila al hombro—. Cuaderno, carpeta, auriculares.

—Último año —dijo, como si lo estuviera diciendo más para él que para mí.

Asentí.

John Cooper era muchas cosas, pero sobre todo era constante. Siempre en el mismo lugar, siempre con las mismas rutinas. Supongo que de él heredé esa necesidad de que todo encaje.

—No llegues tarde —agregó.

—Nunca llego tarde.

Me miró con una media sonrisa, de esas que no dicen nada pero significan todo.

Salí de casa con esa sensación tranquila de que el día iba a ser normal. Como siempre. Como debía ser.

Neil me esperaba a dos cuadras, apoyado contra su auto.

—Último año, hermano —dijo apenas me vio—. ¿Listo para graduarte?

—Listo para que termine —respondí.

Se rió.

Neil siempre fue así. Más liviano. Menos vueltas. A veces lo envidiaba.

Era todo lo contrario a mi, especialmente físicamente, literalmente.

Neil era de un tono de pelo rubio oscuro con algunos rizos, piel cremosa, y el muy imbecil se cargaba la mejor nariz y perfil que había visto jamás.

Ojo, yo tenía lo mío también eh.

Pelinegro, pero el pelo siempre desordenado, y como decía mi papá; Una cara tallada por un Dios.

Por dios me daba una vergüenza cuando decía eso enfrente de todos, lo peor era cuando presumía que había sacado los mimos ojos azules que el y mi abuelo, y no se que otros abuelos que nunca llegue a conocer.

Pero volviendo a Neil, la amistad que tenía con el era mas hermandad que otra cosa, crecimos juntos.

Por algo nos cambiamos los dos al mismo tiempo y al mismo colegio en 2022, separarnos no era una opción.

Llegamos al St. Ignatius College como si nada hubiera cambiado. El edificio seguía igual, la gente también. Las caras conocidas, los saludos automáticos, las conversaciones repetidas.

Todo en orden.

Entramos al aula de 7º A y me apoyé contra la pared, de brazos cruzados. Neil se puso a hablar con alguien más. Supongo que alguna compañera que haya tachado como objetivo, como todos los años.

No era mal chico, pero digamos que a veces se aprovechaba de su linda cara y no dejaba suelta a ninguna compañera del curso.

Yo barrí el lugar con la mirada sin buscar nada en particular.

Y entonces la vi.

Emily Morgan estaba sentada en su lugar de siempre. Ventana. Rose a su lado.

Cuatro años y seguía siendo igual de fácil reconocerla.

No porque no hubiera cambiado.

Sino porque algunas presencias no necesitan presentación.

Con su mirada penetrante por sus ojos verdes, su perfil con su nariz perfecta y esa mandíbula marcada. Cualquiera diría que tenía ese aura de seguridad de si misma.

Y si lo tenía, antes.

En los últimos años ya no quedaba casi nada de la Emily desafiante que conocí en tercer año.

Estaba distinta. Más cerrada. Más distante. Como si llevara algo encima que nadie más veía.

No me di cuenta que me había quedado analizándola hasta que levantó la vista.

Nuestros ojos se cruzaron apenas un segundo.

No sonreí.

Ella tampoco.

Nunca lo hacía.

La profesora entró y el ruido bajó de golpe. Último año. Última lista. Última vez sentados en esas mismas sillas.

Cuando habló del proyecto final y del cambio de lugares, sentí una incomodidad que no supe explicar.

No era nervios.

Era anticipación.

No estaba escuchando lo que decía la profesora porque ya sabía con quien me iba a tocar.

Como siempre; Olivia Morgan.

Así fue como en tercer año termine perdiendo mi virginidad con ella, y ella perdió la suya conmigo.

Cualquiera diría que teníamos algo tierno para que los dos nos entreguemos de esa forma, pero la verdad es que no.

Desde tercer año había sido así: encuentros confusos, silencios cómodos, nada que pudiera llamarse importante. Nunca fue amor. Nunca fue algo que valiera la pena defender.

Olivia no era una chica de apariencia fea.

Tenía su pelo corto, de color castaño con esos reflejos rubios, sus lentes de siempre, y aunque me odie por pensar esto, tenía las mismas fracciones faciales que Emily, solo que Olivia tenía su mirada penetrante pero no con esos ojos verdes, al contrario, eran marrones pero eso no le sacaba lo desafiantes que eran.

Y como mencioné , desde tercer año venia tonteando con ella.

Nunca supe bien que fuimos, pero desde quinto año que aflojamos un poco con las juntadas a escondidas porque desde el momento en que James Miller piso este curso, Olivia ya sabia a que otro objetivo conquistar.

Nunca sentí celos, al contrario, nunca sentí nada.

Solo placer cuando me acostaba con ella, pero no era nada importante por mas que sonara feo al decirlo así.

Siempre se me hizo raro ver tanta rivalidad entre Emily y Olivia, más que nada porque son primas, supongo que tendrían que tener relación, pero no, todo lo contrario.

Escuché mi nombre después del de Emily, y eso hizo que salga de mis pensamientos y me tense al instante.

—...con Tyler Cooper.

La miré levantarse desde mi lugar. Caminó rígida, como si cada paso le pesara más de lo normal. No me miró cuando se sentó.

No sabia cómo reaccionar, no sabia que hacer o decir.

Y cuando mas lo estaba pensando las palabras ya habían salido de mi boca.

—Hola —dije, bajo.

No respondió.

Se quedó mirando al frente, tensa, como si yo no estuviera ahí.

Me puse los auriculares. No por la música. Por costumbre.

Cuando escuche su voz, no súper razonar bien si me lo había imaginado o enserio ella me había hablado.



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En el texto hay: #romance, #amistad, #adolescencia

Editado: 06.01.2026

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