El virus

Fases

Despertamos a la mañana siguiente. Encontré a Elian aún acostado y solo sonreí al recordar lo que había pasado la noche anterior. Me levanté en silencio, preparé un café y fui directo a mi lugar de trabajo.
Mientras trabajaba, algo encajó de repente. Revisé una vez más los datos, los componentes… y entonces lo supe. La cura estaba lista.
Cuando todos estaban desayunando, me acerqué sin poder contener la emoción y grité:
—¡Ya tengo la cura!
Todos me miraron sorprendidos y enseguida se acercaron a abrazarme.
—Yo sabía que podías —dijo Raúl con orgullo.
—Pero hay un pequeño problema —añadí, bajando un poco la voz.
—¿Qué pasó? —preguntó Beatriz, preocupada.
—Esta cura tenemos que introducirla en una máquina para que se disperse por el aire. Así podríamos curar a las personas… o también podría matarlas. Es demasiado inestable, por eso debemos usar mascarillas, como ahora.
—Pero ¿cómo? No entiendo —dijeron Esteban y Catalina.
Elian dio un paso al frente y explicó:
—La única máquina capaz de hacer eso está en el laboratorio del gobierno. Allí se dispersaría por el aire y afectaría a los infectados. Algunos podrían recuperarse y otros no… depende de cómo reaccione su cuerpo. Además, para completar la fase final tenemos que ir a ese laboratorio, pero ese es el verdadero problema.
—Tiene seguridad de alto nivel —continuó—. Cámaras, guardias… no va a ser fácil entrar.
—Eso es cierto —agregó Raúl—. Hay vigilancia por todos lados. Entrar ahí va a ser muy difícil.
El silencio cayó sobre el refugio. La cura existía… pero alcanzarla sería el mayor riesgo de todos.
A la mañana siguiente, mientras tomaba un café, Elian se acercó a mí.
—Ya sé cómo podemos entrar —le dije.
Él me miró con atención.
—¿Cómo? —preguntó.
—Tengo un plan. Hablé con Esteban y él sabe hackear el sistema. Tiene muchas habilidades en computación —dije, sonriendo con esperanza, pensando que todo esto por fin podría terminar.
Elian me miró sorprendido y me abrazó con fuerza.
—¿En serio, Ariana? —dijo sonriendo.
—Sí, Elian —respondí mientras lo abrazaba.
Él me dio un beso y nos quedamos así un momento, en silencio, compartiendo la emoción.
Después de eso llamé a todo el grupo y les dije que tenía un plan.
—El plan es este —comencé—. Necesito entrar al laboratorio, ubicar dónde está la máquina, ingresar los códigos para introducir la cura y comprobar que la máquina la acepte. Todo eso me tomaría entre cinco y seis minutos.
—Entiendo —dijo Catalina—. ¿Y qué podemos hacer nosotros?
—Yo entraré al laboratorio con Elian. Beatriz y Raúl se quedarán aquí cuidando al bebé y a la niña. Esteban me ayudará con las cámaras y la seguridad del lugar. Catalina, tú harás la distracción. Conseguiremos una bomba y la lanzarás en un sector del laboratorio para ganar tiempo mientras entramos —expliqué, dibujando el plan en un papel.
—Entendido —dijeron los chicos.
—El plan es así —continué—:
Primero, la distracción. Catalina lanzará la bomba en una zona del laboratorio para que toda la seguridad vaya hacia allí.
Después viene la fase apagón: Esteban cortará la energía por siete minutos. Cámaras fuera. Puertas automáticas abiertas.
Luego, la fase de entrada: Elian y yo ingresaremos por los conductos de ventilación. Es un espacio estrecho, así que debemos ir con cuidado.
Finalmente, la fase del laboratorio central: yo conectaré la cura a la máquina y esperaremos que todo salga bien.
Caminaba de un lado a otro mientras hablaba, nerviosa pero decidida.
—¿Les parece la idea? —pregunté, sonriendo.
Todos asintieron, con miradas firmes y llenas de esperanza.
Sabíamos que era peligroso… pero también que podía ser nuestra única oportunidad




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