El Viudo Joven

Capítulo 8

 «Si me extrañó»

Alex, se repetía esas palabras una y otra vez. Estaba acostado en la cama de la habitación de huéspedes de su madre, analizando a detalle lo ocurrido la noche anterior. La mujer de hielo, Lucia, había admitido que lo había echado de menos. A pesar de estar bastante tomado, recordaba cada una de las palabras que se expresaron en aquella conversación. Seguramente, la rubia debía estar odiándolo por haberse tomado el atrevimiento de llamarla a altas horas de la noche para confesarle lo que le estaba pasando con ella.

Se tapó la cara con una almohada y dejó salir un grito de frustración. Definitivamente pasaría algún tiempo para que volviese a ingerir alcohol. Después de todo se había comportado como un idiota, quizás Lucia tenía toda la razón al llamarlo así. Ahora, ese tonto impulso le pasaría factura. Todo lo avanzado con ella lo había perdido. Y todo por no saber controlarse. ¿Por qué demonios lo había hecho? No era de los que se comportaba de esa manera con una mujer. Ya no. Ahora solo buscaba placer, no confesiones absurdas sobre sentimientos.

Sin embargo, le era imposible no sentirse feliz por la respuesta que ella le había dado. En medio de todo había admitido que también lo echó de menos, pero, ¿Por qué lo hizo? ¿Fue con la intención de darle momentáneamente la razón y así poder quitárselo de encima? Esa era una táctica de uso común cuando se estaba en presencia de una persona pasada de tragos. En ocasiones, era mejor seguirles la corriente y así evitar una posible confrontación.

Cuando tuvo el valor, tomó su teléfono celular y le envió un mensaje.

No hay palabras para expresar la vergüenza que tengo. Te pido mil disculpas y te aseguro que no te molestare más. Espero que este pequeño error no interfiera en nuestra relación laboral. Que tengas un lindo día.

Luego de media hora, desistió de la idea de que le respondería, por lo que decidió salir de la cama y disfrutar lo que quedaba del fin de semana junto a su familia.

 

***

El lunes por la mañana, Alex sorteaba el tráfico de la ciudad, mientras contestaba llamadas a través del manos libres. La semana comenzó más agitada de lo normal. Aún no había llegado a la empresa y había tenido que girar instrucciones a varios de sus vendedores vía telefónica. Por culpa del estúpido tráfico, no pudo estar a tiempo para la reunión que mantenía todos los lunes a primera hora de la mañana, para dar a su equipo, los lineamientos a seguir durante la semana. En vista de que alguno de sus vendedores, tenían rutas foráneas, no podían esperarlo por más tiempo y se vio en la obligación de darles los lineamientos por esa vía.

Al entrar a la oficina observó sobre su escritorio un informe con los detalles de la reunión que había tenido Lucia el día viernes con la fuerza de ventas. Pensó en ir hasta su oficina para agradecerle por haberlo cubierto ese día, pero luego de la imprudencia que había cometido al llamarla y al no obtener ninguna respuesta por parte de ella, ante su disculpa, decidió que lo mejor era mantener la distancia durante los próximos días, después de todo había prometido no molestarla más.

Se sentó frente a su ordenador y le escribió desde su correo corporativo. Al menos debía darle las gracias por haberlo cubierto. Era lo menos que podía hacer. A pesar de todo, era un caballero.

Le costaría mantener su palabra, esa mujer lo tenía atontado. No podía pensar en otra cosa que no fuese ella. En sus ojos color miel, su melena rubia y su genio de los mil demonios. Que por muy loco que pareciera, era lo que más le atraía de ella. Lucia no era como las demás. Era una mujer inteligente y segura de sí. por eso, le dolía haber dañado todo, había perdido la oportunidad de conocerla mejor. Pero era un hombre de palabra y debía alejarse de ella.

 

***

Los días pasaron y Lucia aún se encontraba perturbada por aquella llamada. Se había encontrado en un par de oportunidades con Alex en los pasillos de la empresa, y ambos se habían limitado a saludarse de manera cordial, esquivándose las miradas y evitando pasar más de un minuto en el mismo espacio.

La verdad era que no sabía cómo reaccionar, por ello, había decidido no responderle aquel mensaje. Las palabras que él le dijo no le habían sido del todo indiferentes, e intentar descifrar sus sentimientos solo la confundían más.

No podía permitirse tener sentimientos hacia Alex, en primer lugar porque era un compañero de trabajo y en segundo lugar, no era el tipo de hombre con el que ella pudiera establecer una relación extra laboral. Lo poco que sabía de él, o mejor dicho, que había escuchado de él, es que era todo un casanova. En ese caso, era muy probable, que solo la quisiera seducir para agregarla a su larga lista de conquistas. Sin duda, lo mejor era dejar de lado las extrañas sensaciones que experimentaba cuando lo tenía cerca y mantener la distancia. Se tenía mucha estima, como para permitir ser el juguete de alguien. Lo bueno de todo, era que al parecer esta vez sí iba en serio su promesa de no molestarla. Finalmente, mostraba ser algo más que un incordio con cara bonita.

 

***

Pasadas un par de horas del horario de salida, Alex, aún se encontraba trabajando. Tenía muchos pendientes y si quería cumplir con las metas, tenía que dar más del cien por ciento. Debido a que la hora laboral se le extendió, se vio en la obligación de buscar a Mateo en la guardería y llevarlo con él a la oficina. Para el niño era algo nuevo, ya que en Madrid, era su abuela quien pasaba por él a la guardería y lo llevaba a su casa, donde esperaba a que su padre lo buscase.




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