El Zafiro Extraviado

Capítulo ocho

12 de marzo

Siwa, Egipto

En la vida hay personas que se cruzan en el camino hacia el futuro; estas pueden ayudar o pueden convertirse en piedras en el camino.

La mañana seguía fría, pero el calor empezaba a sentirse. El sol comenzaba a pintar el cielo; Siwa estaba despertando. No muy lejos de la piscina de Cleopatra se encontraba una casa pequeña.

La casa permanecía en silencio, pero en el dormitorio la entrada de los rayos del sol comenzó a despertar a quien dormía. La chica salió de su cama para ir al baño y prepararse, pues tenía una visita que llegaría en unas horas.

Después de unas horas, se encontraba sentada en la pequeña sala de la casa, esperando a sus invitados, pero la paz se rompió al oírse un ruido molesto: el teléfono.

Espero que no sea él― pensó la chica.

Se levantó del viejo sofá para tomar el teléfono. Al descolgarlo y escuchar la voz, supo quién era.

―Por fin logro contactar contigo. ¿Dónde demonios estuviste? ―dijo una voz masculina del otro lado.

―Lo lamento, pero no podía estar mucho tiempo en El Cairo; la situación no es muy buena que digamos ―respondió la chica mientras se sentaba en la silla que estaba al lado de la mesa del teléfono.

―Sé que la situación está de mal en peor; tengo el periódico explotando con esto ―mencionó el hombre.

―¿A qué se debe la llamada? ―inquirió la chica.

―¿Tienes la información que te pedí? ―preguntó el hombre.

―No, William ―respondió la chica de una manera cortante. De un momento a otro, su rostro iluminado por la felicidad pasó a uno serio.

―¡Demonios, Taneri! ―respondió William, molesto.

―Will, sabes cómo son los mercenarios: no les gusta soltar mucho ―explicó Taneri.

―Taneri, no te pedí explicaciones; te pedí que me dieras información ―respondió William con voz calmada, aunque aún molesto.

―Lo dices como si fuera tan fácil, William ―dijo Taneri.

―Una sola cosa tenías que hacer, una ―dijo William.

―Hice lo que pude, pero también debo agregar que la situación está más difícil ―dijo Taneri.

―Lo sé; sobre eso quería hablarte ―mencionó William.

―Suena a algo interesante ―dijo Taneri.

―Envié a una chica a Nigeria para recopilar más información sobre el proyecto ―explicó William.

Taneri apenas escuchó la palabra Nigeria y se sumió en sus pensamientos, recordando aquella llamada en la noche a ese hombre viejo.

―¿Taneri? ¿Hola? ―dijo William, haciendo que Taneri volviera en sí.

―Sí, estoy aquí ―dijo Taneri.

―Como decía, la chica se encontrará con un equipo para poder recopilar la información ―dijo William.

Genial, el trío fácilmente la puede matar si la descubren ―pensó Taneri, perturbada por la revelación de William.

―Entonces ella irá para las zonas norte e investigará junto con el equipo sobre el tráfico de zafiros ―terminó William.

―Suena a misión suicida ―respondió Taneri.

―Lo dice la señorita que se mueve en el mundo del crimen organizado ―respondió William, de manera irónica.

―William, conozco dónde me muevo; por algo sigo viva. Pero estás mandando a alguien que no conoce ese mundo ―advirtió Taneri.

―Estará con gente que conoce el lugar ―dijo William con total normalidad.

Más fácil la cuidarían el trío si no saben que es periodista ―pensó Taneri.

―Entonces, ¿qué opinas sobre lo que dije? ―terminó William, haciendo que Taneri volviera en sí.

―Opino que es una misión suicida ―dijo Taneri.

―Lo bueno es que no estás en Londres ―dijo William, del otro lado.

Cuando Taneri iba a hablar para defenderse, alguien tocó el timbre.

―Oye, Will, me tengo que ir. Tengo unas visitas que estuve esperando ―dijo Taneri para despedirse y colgar el teléfono.

Cuando Taneri se levantó para ir a la puerta, a medida que avanzaba sentía una extraña sensación, como si algo le advirtiera de un peligro inminente.

―¿Por qué tarda tanto en salir? ―dijo alguien detrás de la puerta.

¡Esa voz! ―pensó Taneri.

Rápidamente fue a la sala a sacar su rifle, que estaba escondido cerca de una sombrilla. Le quitó el seguro y volvió a la entrada. Cuando estaba por el pasillo que conducía a la puerta principal, sonó un disparo. En un reflejo rápido, Taneri se puso detrás de una pared y luego escuchó otro disparo.

Si el primero era una advertencia, lo siguiente fue el infierno en la Tierra: las balas caían como gotas de lluvia. Taneri se tiró rápido al suelo, a la espera de que terminara el terror… pero apenas iniciaba.




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