Simón se encontraba corriendo entre los pasillos buscando el trofeo cuando ve una salida de los pasillos y, al cruzarla, logra ver un espacio abierto estando lleno de pilares rectangulares. No tuvo mucho tiempo para pensar debido a que múltiples escamas azules salen del suelo propulsadas por una pequeña corriente de fuego, las cuales explotan dejando un humo azul.
Sarmita: —Parece que alguien ha caído; sabía que esas trampas funcionarían.
Este se dirige al lugar de la explosión; cuando el humo se disipa, se ve la figura del caballero con su armadura algo dañada y algunos signos de quemadura, pero aún en pie firme ante él.
Sarmita: —Vaya, eres más resistente de lo que pareces—
Simón: —Bestia incrédula, un caballero de Kebel jamás caería ante un ataque como ese—
Sarmita: —¿Los caballeros de Kebel de verdad siguen a ese hijo de perra?
Al terminar de decir eso, rápidamente Simón se lanza hacia él atacando con una estocada directo a uno de sus ojos, pero Sarmita responde dándole un golpe a la punta de la lanza usando una de sus manoplas.
Simón: —Una basura como tú no tiene derecho ni siquiera a decir su nombre—
Sarmita, después de desviar su ataque con una sonrisa, corresponde impulsándose con su fuego azul desde la espalda, lanzando un fuerte golpe, el cual sería bloqueado por el escudo de Simón, el cual contraataca usando su lanza en un corte horizontal, pero Sarmita con habilidad se agacha. Esquivando el ataque.
Sarmita: —Lento, caballero—
El semidragón le lanza un puñetazo, el cual sería bloqueado por el escudo de Simon, pero la fuerza del golpe lo hace retroceder unos pasos, los necesarios para que Simon apunte su lanza hacia él, lanzando esta misma directamente, pero Sarmita solo se hace a un lado, esquivando el ataque, pateando el mango de la lanza, desviándola, cayendo detrás de Sarmita.
Sarmita: —Bien, ¿ahora qué vas a hacer sin tu arma?—
Simón: —Bueno, te daré una pista—
Diría lanzándose hacia él para intentar golpearlo con su escudo; en cambio, Sarmita corresponde con su manopla, chocando ataques. Seguidamente, sus escamas se abren desde su espalda, disparando fuego azul, embistiendo a Simón, estrellándolo contra la pared, agarrando su cuello.
Sarmita: —Pensé que los perros de Kebel serían más fuertes—
Simón, furioso, golpea el brazo de Sarmita con su escudo; estos, al no estar protegidos por escamas, hacen que Sarmita lo suelte, recibiendo un golpe en la cara por parte del caballero seguido de una patada en el abdomen, pero su torso sí se encontraba protegido por escamas, así que simplemente empujó a Sarmita con esa patada.
Simón: —Te arrancaré esa lengua para que no vuelvas a mencionar su nombre, bestia—
Sarmita: —A ver, entonces, inténtalo, perro de Kebel—
Simón saca su gancho, lanzándose hacia él, atacando con su gancho directo en el rostro de Sarmita, el cual desvía el ataque con un puñetazo, pero en un movimiento Simón envuelve su brazo usando el gancho con cadena, sorprendiendo a Sarmita.
Sarmita: —Hay carajo—
El caballero jala de la cadena, jalando a Sarmita para golpearlo con el escudo cuando estaba en su rango, dándole directamente en el rostro, haciendo que Sarmita caiga en el suelo. Y cuando Simón iba a rematarlo con un golpe usando la punta de su escudo, el semidragón infla un poco su pecho, disparando una llamarada de fuego que lanza al caballero por los aires, haciendo que libere su brazo.
Sarmita: —Hijo de perra—
Este se levanta mirando la herida de su brazo y sufriendo un poco por el golpe que le dio Simón. Cuando logra ver a lo lejos que Scott y Rosette llegaban a la misma sala, lo cual preocuparía a Sarmita, este intenta esconderse para hacer un ataque sorpresa, pero se resbala en el suelo; no se había percatado de que este estaba congelado.
Sarmita: —No me jo…—
No terminaría de decir la palabra cuando Elizabeth, en un rápido movimiento, cubre su pierna de hielo, dándole una patada tan fuerte a Sarmita que rompe el hielo, mandándolo a volar atravesando varios pilares. Mientras Elizabeth tendría una sonrisa.
Elizabeth: —Maldito dragón, qué asco me da y, bueno, ¿quién es el siguiente?—
Scott: —Maldición. Rosette, debes irte; busca el trofeo; yo la venceré para que puedas ganar—
Rosette: —¿Estás loco? Jamás podría dejarte; tú tienes que ganar, no yo—
Ambos discutiendo cuando de repente Elizabeth genera espinas de hielo con sus palmas para dispararlas directamente hacia ellos. Tanto Scott como Rosette rápidamente esquivan, usando los pilares de los costados para protegerse del ataque cuando escuchan impactos en los diferentes pilares alrededor.
Rosette: —Está moviéndose por los pilares—
Al decir eso, Elizabeth, que había saltado entre varios pilares, llega donde estaba Rosette y en el aire forma una lanza de hielo, lanzándola directamente hacia ella, la cual, rodando, esquiva el ataque. Rápidamente, Scott se le adelanta, haciendo brillar el cristal de su espada, lanzando un corte, el cual deja una estela celeste.
Elizabeth: —¿Acaso el hechicero está aliado con la Elder? Eso parece el inicio de un gran chiste—
Diría para formar dos hachas de hielo para bloquear el ataque de Scott. Incluso en el aire, el corte empieza a empujar poco a poco a Elizabeth, pero esta, en un movimiento, parte a la mitad del ataque, cayendo al suelo de pie enfrente de ambos.
Scott: —Demonios, ¿pudo ser capaz de repeler mi ataque?—
El hechicero estaba sorprendido de la fuerza que tenía esa kitsune, la cual lanza sus hachas hacia ambos. Scott logra desviar el hacha con su espada, corriendo directamente hacia ella, pero Elizabeth levanta un muro de hielo, petando este mismo, lanzándolo. Scott salta el muro, esquivándolo.
Rosette: —Espera, Scott, te sigo—
Esta le dispara con su energía elderica al hacha que Elizabeth había lanzado, desviándola; seguidamente, corre queriendo ayudar a Scott, pero esta mira cómo el muro se dirige hacia ella, girando rápidamente para esquivar el ataque, moviendo su ropera, disparando cuatro veces hacia la kitsune.