Elegidos

16. MÁS QUE UN MOMENTO

Todo a mi alrededor reluce en brillo y elegancia. Sus Majestades sin duda no escatimaron gastos en la celebración que festeja mis diecinueve años.
Sé la respuesta a ello o al menos eso es lo que creo, y es que los rumores son iguales a una plaga. Basta con que una persona la posea para infectar al resto, aunque aquí la infección es la idea de creerme embarazada.

«Que pasará cuando sepan la verdad, Emmelina» me digo «Tal vez ya no esté aquí cuando suceda» me respondo con una sonrisa mordaz.

—¿Bailamos?

Mi hermano Jerico tiende su mano en mi dirección y la tomo con los restos de la plática de hace días con la señora Fitzgerald desvaneciéndose.

—Debo volver a Ryunale. Padre quiere que vuelva.

Sopeso la información de mi hermano antes de contestar.

—¿Quiere que vuelvas ahora que el acuerdo entre familias se ha afianzado con un heredero?

—Quiere que vuelva para preparar la nación cuando tú y tu esposo nos visiten.

—¿Cómo?

Dirijo una mirada a Le Covanov quien lleva una conversación con políticos y funcionarios junto con su padre y primo.

—Lograste sacar a un miembro de la familia real de estas tierras. Debes sentirte orgullosa.

—Yo... dudo que sea por mí.

Pienso en todas las posibles razones por la que Dmitry visitaría mi país y ninguna me agrada, así como el hecho de que si estoy fuera de estas tierras mi espionaje fracasará.

—Además, más embarcaciones con sus soldados se dirigen a Ryunale para continuar con la ayuda. Tal vez solo quieren alentar a ambas ciudadanías a cooperar con su visita.

—¿Es que nuestro padre no considera peligroso dejar ingresar tanta milicia extranjera cuando apenas y el país se puede mantener a pie por la reciente guerra?

—Él sabe lo que hace.

Resoplo con una sonrisa tajante.

—Ya lo creo. Pienso que la oportunidad de ser el primer rey en lograr una amistad formidable como lo es con Feralia lo ciega.

—No deberías subestimar a nuestro padre, Emm.

—¿Por? ¿Sabes algo acaso que yo no?

La musica cesa como nuestro baile y los aplausos resuenan en el salón. Me gustaría saber porque Lucinda se encomendó a mí teniendo a alguien como mi hermano para ayudar a la causa, aunque pudiera que haya hecho contactado con él y ambos nos estemos ocultado secretos. Lo hemos hecho en el pasado. No veo porque ahora sea distinto.

—¿Puedo? —la voz de Davinne se cuela en mis oídos de tal forma que me es imposible no decirle a mis manos que dejen de sudar por su contacto una vez que extiende su mano para otorgarle la siguiente pieza.

Acepto. Mis dedos enguatados se unen en ese contacto que por fortuna no me hacen sentir la calidez de su blanca piel. Se ha removido su dorado cabello que antes se deslizaba por su frente y lo ha peinado completamente hacia atrás. Lo hace ver más estoico y apuesto.

"Concentrate, él te ha mentido. Tal vez lo siga haciendo"

—Me gusta tocar el piano cuando estoy ansioso y no puedo dormir.

—¿Disculpa?

Sus palabras me atraen a él, siendo que mi vista se encontraba en mi esposo en turno que tras el murmuro de su primo Sebastián en el oído, gira a la pista de baile para encontrarme.

—Bueno, dijiste que no nos conocíamos. Que apenas y éramos un buen momento, aunque tal vez si comienzo a hablarte de mí notes que podríamos ser más que eso —mi boca se abre para repelar, pero no me lo permite—. No, espera. Sé que te he mentido en algunas cosas, pero voy a esforzarme para hacer que me perdones y sepas que no fue planeado. Ese día no sabía quien eras, lo juro, pero me enamoré de ti ¿y tú?

—No lo sé.

Y de verdad no lo sé. Nuestro encuentro fue fugaz, sin embargo, me sentí la mujer más dichosa entre sus brazos, aunque...

—Estoy casada.

—No por mucho.

—¿Qué significa eso?

—Que sabes como debe terminar esto.

—No, no quiero —destino la mirada en la familia Le Covanov que hizo con entusiasmo esta fiesta para el nuevo miembro que creen que soy.

—Ellos harían lo mismo con la tuya, Diann. Lo harán.

—Lo sé. La señora Fitzgeral me contó la razón de que el rey le pidiera una hija a mi padre para casarla con su heredero. Van a convertirme en la única Scarasi viva para hacerme reina de Ryunale y por consecuente, rey a Dimitry. Las demás naciones lo reconocerán como legitimo, siendo tu país uno de ellos. Lo tengo claro, pero... la musica ya casi termina, así que concede una buena distracción para que pueda hacer la copia de la llave del despacho del rey, quieres —mi cambio de tema es brusco, pero necesario, pues puede que esta sea nuestras única interacción en la velada—. Sorpréndeme.

Los aplausos vuelven y con un sentamiento que regresa, me separo del príncipe de Søje en busca de un gran sorbo de vino blanco.

—Emmeli —el imponente cuerpo de mi esposo me aborda.

—Sí —apenas respondo.

—Se supone que puedes estar embarazada.

—Una suerte que no lo esté entonces.

Los broncíneos ojos de Dimitry me juzgan con dureza y me concede la oportunidad de dejar la copa en la bandeja más próxima.

—Tu hermano me la hubiera arrebatado de la mano.

—Pero yo no soy él.

—Por fortuna.

—Noto algo de hostilidad ¿Sucede algo?

—Nada.

—¿Vamos a comenzar a mentirnos?

—No sería la primera vez —gira su rostro a la fiesta con algo de molestia. Bien, mi actuación debe comenzar para crear la distracción que necesito—. Davinne no deja de insistir.

Soy testigo de como su mandíbula se tensa en direcccion a mi presunto acosador.

—Voy aventurarme a suponer que estás al tanto de... ya sabes.

—Lo estoy, pero si pudieras especificar lo que los une sería...

—Nos conocimos en una enmascarada —interrumpo—. Yo no sabía quien era él ni él quien era yo en ese momento, pero ahora que conoce mi paradero él... hice votos, Dimit y tú eres mi esposo o la mitad, pero voy a respetarlo. Sin embargo, no quiero que eso le niegue a Feralia la oportunidad de que sea reconocido por los otros países debido a ello.




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