Elegidos

23. QUIERO CREERTE

Volver a Orézhkovsk es como volver a una cárcel llena de mentiras y deslealtades. Todos y cada uno de ellos incluyéndome hemos sido egoístas y profanadores de la verdad.

Pienso en las múltiples justificaciones que podrían tener los actos de los que me rodean, pero temo que ninguna me ha de satisfacer. Sí mi hermana miente o mi esposo lo hace, si Feralia y Otaria viven para apoderarse de Ryunale es algo que carece de importancia, así como el hecho de lo que haré con la información que poseo actualmente.

Miro el horizonte con la ciudad central acercándose a la vista con cada riel que este tren avanza presuroso en cada bocanada de humo que lanza por la chimenea de la locomotora.

—Aquí tienes —el Dimitry con el que he convivido todo este tiempo me ofrece un jugo de frutos rojos mientras en su mano reposa un vaso de simple agua.

—Gracias.

Sonrió apenas con un nudo en el estómago formándose con cada una de nuestras interacciones. Ahora, he de agradecer tener el cabestrillo en mi cuerpo para poder justificar dormir sola o volver al vagón y descansar o simplemente alejarme el mayor tiempo posible de él. Es extraño como en segundos todo cambia al mismo tiempo que de manera inexplicable, aun sabiendo lo que sé, todavía las mariposas me invaden con cada mirada y sonrisa que me otorga.

—Llegamos en quince minutos. Habrá una pequeña bienvenida por la gente de la zona y un par de mis hermanos estarán en representación de mis padres.

Asiento acorde con el sorbo a mi bebida.

—¿Deseas ir a algún sitio después de la bienvenida?

—No, el viaje ha sido arduo, me gustaría descansar.

—Por supuesto —no fuerza más y lo agradezco.

Lo veo sentarse a un costado del asiento donde reposo con el rostro envuelto en algo similar a la preocupación.

—Te voy a ser sincero —sus palabras me tensan ¿Será que me dirá la verdad?—. Mis padres quieren enviarnos a Ryunale lo más pronto posible. Después de los hechos sucedidos lo han exigido. Pedí que esperaran a que te recuperaras, y créeme, lo postergué el mayor tiempo posible, pero es inevitable.

—Lo comprendo, ¿Es por la maldición? ¿Ya saben como combatirla?

—Sí o al menos eso esperamos.

«Eso aplicará para Lu también»

—¿Qué es lo que pretendemos encontrar? —lo miro al rostro finalmente—. Dime, ¿Qué es lo que robaron los otaros en el castillo y cómo eso nos han afectado? Quiero saberlo todo.

Traga saliva ante de contarme.

—Ellos robaron una piedra.

—¿Una piedra?

—Sí, pero no cualquiera. Es natal de tu pueblo. Creemos que de las minas.

—¿Las mismas que ahora te pertenecen por el dote tras casarte conmigo?

Asiente.

—¿Y que tiene de especial esas tierras?

—Es lo que hemos tratado de averiguar todo este tiempo. Tú país fue conquistados hace más de tres siglos por Alevania. Duraron cerca de 120 años en el poder antes de que los ryunos se revelaran y sea lo que es ahora, pero previo a ello, tu pueblo ya había sido invadida en consecutivas veces por grupos internos y externos de la región. Solo eran etnias establecidas en la geografía de la nación. Fue una tierra de nadie por un largo tiempo. La República Comunal de Otara es la civilización más antigua de nuestro continente y colinda con Ryunale por esa cordillera montañosa que los divide. De igual manera, contienen decenas de minas y parecen todas extraídas como las de tu nación, pero los múltiples derrumbes que la han acompañado puede que dificultaran las excavaciones que continuaron hasta dejarlas en el olvido por ser tierras suaves al cual introducirse. La roca o mineral de pórtico como fue llamado, se extrajo de ese sitio o por lo menos eso nos comentó el historiador de Katica que la hurtó del museo de donde provino.

—¿La robaron de aquel país?

—No puedo decir que estamos orgullosos, pero sí.

—Katica yace incluso más lejos que Feralia ¿Cómo es que tienen algo de mi país?

—Temo que eso lo desconozco.

—¿Y que hay de mí? Digo, cuando estemos allá que va a pasarme?

—No comprendo.

—Requieres de mí para cruzar el mar y pisar las minas ¿debo de hacer más? un sacrificio para ingresar a ellas ¿Mi sangre, quizá?

Pienso en Lucinda y el hecho que dijo como es que su sangre yace envenenada por su culpa.

—¿De dónde has sacado esas ideas, Emmeli? No, no te va pasar nada. Nunca lo permitiría.

—¿Cómo puedes estar tan seguro? Nunca has ido allá. Si mezclara mi sangre con la tuya justo ahora ¿no pasaría nada?

Su rostro palidece ante tal cuestión.

—Contesta esto ¿Cómo es que supieron que Ryunale y que un ryuno era la clave para la maldición que les persigue? ¿Cómo?

—¿Por qué me lo...?

—Solo contesta, por favor. Hazlo.

—Un libro —exclama con prontitud y sorpresa por mi tempestivo interrogatorio—. Mis antepasados escribían notas y un "adivino" como lo llamaron ellos describieron que hizo la concesión que les daba a nuestra familia y reino prosperidad. No existía Ryunale en ese tiempo, pero la tribu y descripción geográfica indican que fue en aquellas tierras. Se necesitó algo de ese adivino, desconozco que fue, pero necesitamos alguien con ese parentesco y ya que la línea sucesora de tu padre proviene de nativos una vez que buscaron su independencia, dedujimos que los Scarasi eran los elegidos.

Por segundos el silencio gobierna en la cabina.

—¿Otra cosa más que deseas revelarme? Porque si bien recuerdo tu padre comenzó ayudar al mío contra la guerra de Otara desde hace tres años.

«El mismo tiempo que mi hermana dijo que le interrogaron y sacaron la información de que ella era ryuna —pienso internamente—. La probable razón por la que hayan interferido»

—¿Qué es lo que realmente quieres saber? —me pregunta con algo de irritación en su voz—. Creí que ya habíamos cruzado la línea de las dudas y desconfianzas.

Sonrío con suficiencia.

—¿De verdad alguna vez crees que pueda confiar en ti? —me es tan difícil mirar su rostro y pensar en él como el gran mentiroso que las pruebas hasta ahora me obligan a creer que es—. Quiero creerte, Dimit. Juro que me gustaría hacerlo, pero entonces algo sucede entre ambos y mi fe en ti se desvanece cual luz al anochecer y de pronto, de nuevo las dudas vuelven y confiar en ti y en tu cariño me es imposible.




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