Un recuerdo lejano. Eso parece ahora mi querido país. Un sitio al que le guardo uno de mis mejores cariños y ver como esta comienza a formarse a la vista me causa una amplia sonrisa interna.
—¿Segura que ya no lo vas a usar?
—Segura —le confirmo a Dimitry ante su cuestión de retirar el cabestrillo. Ha transcurrido mes y medio y el dolor se ha disipado considerablemente con los medicamentos, así como que deseó verme entera a la hora de encontrarme con mi familia.
—¿Crees que tus padres estén en el puerto?
—Supongo, no se perderían recibir al heredero de Feralia —lo miro de soslayo—. Por cierto, debes saber que en Ryunale somos muy... efusivos. Te querrán abrazar y no dejarán de alabar lo que sea de ti que encuentren fascinante. Por favor... no seas tan tú y sé cortes, puedes.
—Creí que estabas molesto con ellos.
—¿Qué te hace pensarlo?
—Pues te entregaron a nosotros sin preguntar mucho lo que haríamos contigo, yo lo estaría.
«¿Qué te hace pensar que no lo estoy?» me he de guardar el pensamiento, aunque el hecho de que tenga empatía por mi vida hizo desvanecer la tensión entre ambos durante estos días.
—Tal vez debas tratarme mal. Quizá y ello hace que no protesten cuando vuelva a su lado.
—¿Te irás?
—Tu hermano me lo prometió. Si les ayudaba con esto yo podía volver a Ryunale.
No luce muy feliz por la noticia.
—Si es lo que pactaron, no veo porque oponerme, pero no te trataré mal. Te trataré como siempre.
—Ósea me ignorarás.
—Exacto.
Ambos sonreímos y me alegra vislumbrar algo de felicidad en su rostro incluso si es superficial. Ha pasado poco menos de dos meses desde que perdió a Trinity y este será su primer evento desde su partida. Tal vez y pueda que esto lo distraiga.
—Estamos tan cerca de que abandone su balde, príncipe de Feralia ¿no le entusiasma? —se destina a mirarme tras la mofa—. ¿Preparado para ser usted ahora el extranjero?
—Dime que no tendré que hablar tu idioma. Es horrible.
—¡Por supuesto que no! El tuyo lo es, casi no hay pausa entre palabras. Algunas se parecen por la suavidad en su pronunciación y de su gramática ya ni hablamos.
—El tuyo es muy gutural, siento que debo escupir cada vez que hablo. Puede que se lo haga a tu padre.
—No te atrevas, Le Covanov —le golpeo el brazo con el puño.
—Sus Altezas —interrumpe una voz—. Anclamos en cinco minutos.
Ambos asentimos y echamos una mirada al puerto que comienza a tomar forma dentro de la tarde que nos abriga. Escucho a Dimitry resoplar.
—Ryunale. Así que esto es Ryunale.
—Bienvenido —palmeo su hombro y pese que avanzo para separarme de la proa, Dimitry no lo hace. Si pudiera ser capaz de escuchar su corazón sabría que va a mil por hora. Conozco la razón—. Ya pasamos las fronteras del mar que le pertenece a Feralia sin consecuencias alguna. Lo mismo sucederá cuando pisemos tierra, lo prometo.
—No deberías hacer promesas de las que no depende de ti el que se cumplan o no.
—¿Qué te sucedería si sus deducciones acerca de nuestro matrimonio y acuerdo de tierras erran?
—Mi sangre hervira —giro a verlo con la misma palabra que Lu mencionó que le sucedía cuando se acercaba a un Le Covanov—. Una vez intenté escapar y como verás no lo conseguí, pero ya pasamos el límite de aquella vez, quiero pensar que ha funcionado.
He de suponer que el intento de fuga fue con y por Trinity debido a la añoranza que impregna en su voz.
—¿Algo más que deba saber antes de descender? —le pregunto.
—Esta reunión es por negociaciones para que tu padre pueda introducir a Feralia en los tratados de comercio con sus semejantes. Un embajador de Søje nos acompañará como testigo por igual ¿Y tú?
El nombre de aquella nación atrae a mi mente a Davinne y mi hermana ¿Habrán venido tras saber que este será mi destino por las siguientes semanas?
—No, nada.
«Mentirosa» ni siquiera me atrevo a mirarlo cuando le miento.
Me ofrece su brazo para enlazarlo a él y todos en este sitio y los que esperan, observen que somos la siguiente generación de reinantes de una nación próspera.
Lo primero que vislumbro es a mis padres, pues tal como imaginaba yacen al frente del desfile de guardias que los escoltan. Me sorprende que no hayan protestado ante la elección de este puerto casi sin uso para arribar. Adivino que no han de imaginan que la razón es que el esposo de su hija no puede pisar tierras extranjeras, así como no objetarían ante las ordenes del rey qué les ayuda a reconstruir esta nación afligida por la guerra. Mentiría si dijera que no los extrañé, son mis padres al fin y al cabo. Jerico también los acompaña. Arabella como la primogénita y heredera al trono debe ser protegida y no la veo por ningún lado, lo mismo para Iria.
Me aferro a su brazo para descender por la pasarela. Los últimos pasos se vuelven cortos y lentos por ese temor que ambos guardamos por lo que podría y no suceder. El semblante de Dimitry no es afectado por sus temores cuando el primer pie se planta en Ryunale y un suspiro de alivio me invade seguido a ello, pues no me habría gustado verlo sufrir.
—Emmelina —es mi madre quien primero muestra su entusiasmo al verme. Abre sus brazos y Dimitry me suelta para que pueda ir a ella. De verdad que extrañaba escuchar mi nombre en mi idioma nativo y que mejor que proviniera de mi madre—. Que alivio encontrarte bien.
Veo como mi padre asiente en un saludo al hombre con el que me casé. Me deslindo del gesto con mi madre y apenas él me sonríe junto con un asentamiento que imito. Nuestra distancia y recelo no ha desaparecido, aunque si disipado.
—¡Hermanita!
—¡Jeri!
Voy a él con una sonrisa.
—Cuidado —le advierto para que no sea tan efusivo en su afecto, pues aunque ya he dejado el cabestrillo, la herida sanando continúa doliendo cuando cierta presión ejercida surge.
—Estás entera y... ¡ahí está mi cuñado favorito!
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Editado: 28.03.2026