Elegidos

33. MIA

Me gustaría decir que en cuanto deduzco quien yace sobre mí, lo detengo, pero me lo pienso por más segundos que lo que puedo admitir. Podría decir en mi defensa que este hermano posee el mismo rostro que el hombre al que me debo y deseo, aunque por igual me estaría mintiendo, porque temo haber encajado las piezas un poco antes de escuchar la confirmación de su voz en aquel apodo.

—Dimitry —pronuncio su nombre con la afirmación en mis labios y su mirada se encuentra con la mía—. Tú no eres tu hermano.

Intercambio mis brazos que pasan de rodear su espalda a empujar su torso para poner distancia. Su pulso yace tan acelerado como el mío ante mi tacto e intento encontrar en él algún indicio que me diga porque me ha engañado.

—No eres él.

Parece percatarse de lo cometido porque se remueve de mi cuerpo para permitir alejarme de él, salir de la cama ajustando el atuendo que él desordeno sin ningún pudor y terminar por apoyarme en el dosel de ésta con mis dedos acariciando los labios que le permití besar.

—Lo siento, pero no lo lamento —espeta seguro de lo que cree. Se reincorpora y aunque intenta acercarse, pausa su avance tras ver como otorgo un paso atrás hasta reposar la espalda en la pared.

—¿Por qué lo hiciste? —subo los tirantes de mi camisón con las huellas de sus dedos en mi piel recientes.

—Por las mismas razones que tú me correspondiste.

—Porque creí que eras... ¡Me mentiste!

—Jamás dije que fuera él.

—Me llamaste de la forma en la que él lo hace. No finjas que no era tu intención engañarme con ello.

—Pues me dejaste continuar unos segundos después de saber quién era, así que temo que por igual tú te engañas —me mira deseando encontrar la respuesta que yo misma que hago por ello—. Tú también lo sentiste ¿no es verdad? Esa ansia y necesidad de estar aquí. No por la promesa que nos hiciste, sino porque por igual no puedes separarte de nosotros. No puedes separarte de mí—se acerca en tres zancadas hasta donde me encuentro y me aprisiona entre la pared y su cuerpo—. Esa paz interior que emergió en ti cuando tus labios tocaron los míos no puedes negarlo, lo sé.

—Basta —le suplico a nada de aceptar que me bese de nuevo. Lo resisto y empujo de nuevo para crear distancia—. ¿Te das cuenta de lo que dices? ¡Soy la mujer de tu hermano!

—No lo he olvidado.

—¿Entonces por qué venir hasta aquí?

—Porque no puedo dejar de pensar en ti y no hablo solo porque estuviste lejos de estas tierras, sino desde antes. He estado negándome por mi hermano, por ti, pero principalmente por mí. Como ves, he fallado como en todo lo que hago. Tal vez pude resistirme aquella primera vez que te alejaste de aquí, aunque ya no tengo voluntad para hacerlo de nuevo.

Intento recordar la desesperación de aquella vez que me fui por unas horas de estas tierras y me pidió que me fuera una vez que me sintió cerca, sin embargo, no lo hice. Me quedé un tiempo más a su lado y creo que desde ese instante lo supe. Supe que su "tolerancia" a mí había cambiado por la forma en la que me miró.

«¿La mía también habría cambiado?»

—No me hagas esto, Dimitry —le suplico para que no me haga dudar—. Por favor...

—Te quiero —dice sin más.

—No, no lo haces. Es este vínculo de ser tu esposa lo que te hace sentir y decir eso o sino como explicarías que hace dos meses habrías intercambiado mi vida por la Trinity y ahora de pronto no puedes callar más lo que sientes por mí.

Intento ir a ese día. Al momento que sus ojos me mostraron verdadera preocupación por mi vida, sin embargo, su amor se inclinaba por ella.

—¿Y si todo lo que sucedió fuera para llegar a ti? —protesta. Desea encontrar por igual una justificación válida a sus sentimientos—. No lo negaré, ame a Trinity. Fue mi primer amor, la salida a la maldita media vida a la que fui sometido. Era mi secreto, mía, pero tú... me odié un poco porque pesé que ella nunca abandonó mi corazón, mi mente la olvidaba cuando pensaba en ti.

No he de olvidar el día que ella me agredió por creerme la razón de que Dimitry se alejara de ella. En ese entonces supuse que era porque veía a Dimit como me miraba, pero ¿y si no era por él que su temor de perder a su amado surgió? ¿Y si lo notó en Dimitry por igual?

—¿Y cómo saber que lo que sientes por mí es real? —pregunto—. ¿Que cuando terminé esto y la maldición se rompa lo que sientes por igual no se removerá?

—¿Entonces lo que te aterra no es que te quiera, sino que este se vaya?

—Yo no... no dije eso.

Me asusta pensarlo de esa manera, incluso si mi boca me ha traicionado, aunque él encuentra esperanza. La misma que lo hace llevar las palmas de sus manos a mis mejillas y encontrar su mirada en la mía.

—Dime que no te has preguntado cómo sería tu vida a mi lado, Emmelina —el aliento de su boca parece unirse al mío. Un roce casi imperceptible que calienta mis huesos cual refugio en una nevada—. Pídeme que me quede y lo haré.

Une su frente a la mía y cierra los ojos, esperando escuchar que lo elijo. Sostengo sus brazos en mis manos y la calidez que emana su cuerpo me atrae, sin embargo, al abrir mis ojos regreso a la realidad.

—Vete —le susurro—. Vete, Dimitry.

Parece derrotado cuando su tacto se aleja y retrocede. Es tan difícil verlo sin recordar a su gemelo. Toma su camisa y no es hasta que la puerta suena en el cierre que caigo de rodillas sobre la alfombra con el ahogo de un llanto que no emerge del todo por la mano que cubre mis sollozos.

«Eres una mala persona, Emmelina» consigo decirme porque es cierto.

No detuve a Dimitry en el instante que supe que era él, ni frené la idea de un futuro juntos por querer a su hermano. No, no lo hice porque creo en la misma proporción que estamos atados de alguna u otra manera que no entiendo. Siempre pensé que el amor y deseo provenían de distintos frascos, pero y si uno depende del otro ¿Cómo saber en qué parte de esa delgada línea entre ambos me encuentro por cada quien?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.