Elegidos

34. UN ALIADO

—Espero no interrumpir.

La voz de Dimitry, así como su presencia me descoloca por completo. Supuse que no se atrevería a pisar el mismo sitio donde traicionó a su hermano ni mucho menos fuera capaz de mirarlo a los ojos, pero temo que me equivoque.

«Bueno, tú haces exactamente lo mismo —pienso—. No veo porque él no lo haría»

—¿Sí sabes que la prima de Emmelina yace aquí no? —advierte Dimit para su gemelo.

—Lo sé, pero no creo que pueda confundirme contigo o ¿sí?

Su mirada se conserva en mi figura por la indirecta más que clara de que yo sí lo hice. Realiza un gesto con la boina que le cubre el cabello y parte de su rostro, así como enfatiza la ordinaria ropa que viste. La rabia me hace sentir acido en el estómago y me recuerdo de aquel sentimiento que siempre florece cuando lo tengo cerca, incluso si no me atrevo a mirarlo a los ojos tras su implícita acusación.

—Buenos días, Emmelina ¿Cómo pasaste la noche?

Emito un pequeño carraspeo cubierto de incomodidad y giro en dirección a Dimit.

—Los dejo solos —exclamo con presteza—. Deben de tener cosas que hablar. Iré a distraer a Katrina, mientras alguno de ustedes desaparece, disculpa.

Salgo corriendo antes de que alguno de los dos pueda cuestionar mi partida. Tenerlos juntos es lo último que quiero por ahora. Me dirijo a la alcoba donde se aloja mi prima y por suerte ella se mantiene ahí, en la mesita con el desayuno que pudo haber tomado en el comedor. Suelta el cubierto al verme ingresar con algo de seriedad. Me siento en la silla vacía y suspiro en espera que un hermano no le cuente al otro cierto evento.

—¿Qué sucede? —pregunta—. Creí que estarías ahora celebrando con tu esposo el feliz reencuentro —me lanza un gesto pícaro y elevo los hombros en suficiencia.

—Tiene asuntos que resolver con todo esto del enfrentamiento con mi padre y bueno, con Davinne por igual como prisionero que no quiere liberar. Le aseguré que él puede encontrarse de nuestro lado si me permitiera hablar con él, pero...

—¿Por qué piensas que podrías convencer al príncipe de apoyarlos?

—Porque él y yo nos conocemos de tiempo atrás. Tuvimos... algo.

—¡Prima! —Katrina me mira con sorpresa—. Pero que escondido lo tenías. Cuéntamelo todo.

Coloca sus codos sobre la mesita y ha de recargar la barbilla sobre las palmas de sus manos, ansiosa de conocer la historia.

—No es mucho, de hecho. Fue algo fugaz de una noche. Tal vez nos besamos y pudiera que un poquito más que eso.

—Te refieres a que...

—No, no llegamos a tanto.

—¿Y qué tal besa?

Sonrío con levedad por tener algo de normalidad en mis pláticas. Olvido los pesares que abruman mis sueños, así como el confesar ciertas cosas que alivian mi alma. Me gustaría poder explicarle mucho más, sin embargo, temo que mi prima peca de indiscreción involuntaria, por lo que no puedo ofrecerle tanta información.

—Nada mal, siendo sincera.

Ella me sonríe, seguido de preocuparse.

—Pero tu esposo no lo sabe o ¿sí?

—Lo sabe, Kat.

—Santo cielo, Emm. Es que no sabes que los hombres son posesivos y celosos. A ellos no les gusta que uno sea... coqueta.

—Supongo que no. Pero él tuvo sus aventuras previo a mí y yo las mías, así que técnicamente no nos hemos faltado.

«Por supuesto que lo hiciste, Emm. Te encerraste en una habitación con Davinne para besarlo y habrías escapado con él de habertelo pedido estando casada y no te olvides de Dimitry»

—Y yo sintiéndome como una inmoral por mi embarazo fuera del matrimonio.

—Hablando de eso, tenemos que hacer algo al respecto. Si tienes dos meses como crees existe un corto margen de error que podamos cubrir.

—Ya sé, Emmi. Escribí una nota de despedida a mis padres antes de huir. Decía que iba en busca de amor como tú. Que no soportaría que no aprobaran mi unión con un feralio por lo obvio de la situación ¿somos traidoras ahora?

—Me parece que sí, prima. Queramos o no este ya es nuestro hogar, pues dudo que mi padre nos indulte.

—Me habría gustado ver a mi hermano por una última vez.

—Y yo a los míos.

La puerta de la alcoba suena. Lo hacemos pasar y revela a Dimit, sé que es él por la ropa que lleva, del mismo modo que su mirada es suave por haber interrumpido.

Lamento que te hayamos hecho tomar desayuno en tu alcoba, señorita Katrina —habla en mi idioma natal por ella—. Son bienvenidas a continuar en el comedor y siéntete como en casa. Feralia y personalmente yo, me encuentro en deuda contigo por traer de vuelta a Emmelina sin importar las consecuencias.

Fue todo un placer, príncipe —Kat apremia mi mano y le regreso el gesto.

Ambas nos hemos de levantar para ir abajo a terminar nuestro desayuno, sin embargo, cuando llegamos a las escaleras tanto Dimit como yo permitimos que Katrina descienda sola, pues ambos tenemos cosas por conversar.

—Hay algo de lo que debo hablarte —comienza él.

—Yo igual.

—Tú primero.

—Bien, mi prima... Katrina yace embarazada. Es de tu primo Sebastian y no tengo dudas de lo que me dice. Le hizo promesas que espero cumpla por el bien de la criatura que viene en camino.

La noticia parece golpearlo, aunque radica algo de compasión en su mirada. Presiento que no es la primera vez que sucede algo semejante.

—Mi tío y padre lo sabrán, lo prometo.

—Gracias, tu turno.

—Te llevaré con el príncipe menor de Søje.

Omite el nombre porque contemplo que le revienta todo de él debido a lo que llegó a significar para mí. Todavía lo es. Supongo que por ello toma todo de sí mismo por aquella elección y lo valoro como tal.

—No está muy lejos. Ya preparé un carruaje para que dispongas cuando lo requieras y puedas hablar con él.

—Gracias de nuevo.

—Lo hago por ti, créeme.

He de sentirme culpable, por lo que él ofrece y lo que yo devuelvo. Mi instinto me hace querer llevar la mano a su mejilla para acariciarlo, sin embargo, me contengo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.