No he de olvidar las palabras de Cataleno acerca de que por el bien de todos lo mejor era olvidar los temas personales y unirnos por una causa común: remover la maldición.
Bueno, no sé si podremos hacer eso. No con Lucinda, Dimit y Davinne en la misma habitación. Cada uno con rencores y deudas no saldadas. Quizá y puedo chantajearlos con el hecho de que todos me han mentido y usado en algún punto para que se aplaquen por mí.
«Bien pensado» me lanzo una estrella por el acierto.
—¿Esa es Katrina? —habla Lucinda, removiendo la cortina para mirar afuera.
—Sí, me ayudó a volver. La mejor aliada hasta el momento.
—Pero es la prima que peor te cae.
—Sin duda y descubrí que el timbre chillón de voz no es razón para despreciarla.
Davinne reprime una risita.
—Ahí está.
El tono sin duda anuncia el desprecio que mi hermana siente por Dimit.
—No puede acercarse —Davinne advierte.
—Lo sabe y no lo hará.
Voy directo a la puerta. La abro y Katrina me recibe con la efusividad que acostumbra. No la había visto en dos días, por lo que supongo que extrañaba ver un rostro familiar o dejar de yacer encerrada en una alcoba sin contacto alguno.
—Iba a venir de todos modos.
Mis ojos se concentran en el rostro del hombre frente a mí. Luce sin duda mejor que la última vez que nos miramos. Sigue tan apuesto que reprimo las ganas de pedirle que olvidemos aquel absurdo trato que no ha separado.
—Tú esposo se ofreció amablemente a traerme hasta aquí. Estaba un poco preocupa y aburrida siendo sincera, pensé que un poco de compañía te vendría bien y... ¿esa es Lucinda?
Giro la cabeza para ver al borde del marco de la entrada a mi hermana.
—¿No estaba desaparecida?
—Pues ya no.
Un grito me hace cerrar un poco los ojos por la perturbación a mis tímpanos.
—¡Luci! ¡Lucinda!
Mi prima corre para abrazar a mi hermana. Ella apenas y responde el gesto. No es exactamente tampoco su familiar favorito.
—Sabes que no puedes acercarte a ella —le recuerdo a Dimit.
—No lo he olvidado, Emmelina.
La forma en la que pronuncia mi nombre me lástima de una manera que no imaginé, pues su "Emmeli" era una de las cosas que más disfrutaba oírle.
—Solo quería cerciorarme que todo estuviera bien y que el acuerdo siguiera adelante ahora que estamos todos reunidos para visitar las minas.
—Por supuesto, ya es de su conocimiento y participará —retuerso mis dedos entre la tela de mi vestido con ansiedad.
No nos hemos visto en una semana y pese que me dije que quizá el tiempo reduciría la necesidad de estar con los gemelos este no se difuminó. Claro que ahora mis impulsos se controlan mejor, pero mi deseo se mantenía intacto.
Mi boca se abre para hablar, excepto que no emergen palabras, siendo que observo como sus ojos se clavan más allá de mi presencia. Descubro que mi hermana y él se miran. Me gustaría saber lo que cada uno piensa, aunque dentro de la propiedad me es posible visualizar la silueta de Davinne. He estado en esta casa con él y Dimit lo sabe. Quizá y sus emociones yacen en ello también.
—Los navíos de Feralia han llegado al puerto —espeta en un parpadeo como si no le afectara la presencia de los dos en la lejanía—. Y mi padre escribió acerca de que Sebastian y la familia están dispuestos a reconocer al hijo que lleva en el vientre tu prima. Si ella acepta, puede viajar para contraer matrimonio con él.
—Oh vaya —la noticia me sorprende, pues no estoy segura querer a ese hombre como esposo de Kat—. Se lo haré saber, gracias.
—Yo... Tal vez solo sean palabras al aire, pero dile que nunca deseé hacerle daño.
No me permite responder, siendo que se marcha tan pronto como sube al carruaje y pide que avance sin poder permitirme detenerlo.
—¡Emme! —grita mi prima y me giro con una sonrisa de cortesía para evitar llorar frente a ella o el resto.
Estoy harta de sentirme melancólica la mayoría del tiempo, así que lo remuevo y me concentro en lo que requiere toda mi atención.
—¿A dónde fue?
—Alguien debe proteger estas tierras. Fue a ver los navíos que han anclado al puerto.
—Te has ganado un valeroso hombre, prima.
—Ya lo creo, kati —emite Lu y la reprendo con la mirada.
—Tienes mucho que contarme, pero primero ¿Dónde esta el baño más próximo?
—Arriba, hasta el fondo. Todas las habitaciones poseen uno, adelante.
Corre a él y los tres que restamos nos conservamos en silencio por la energía de Katrina y la presencia de Dimit nos drenaron.
—¿Todavía no te sientes mal? —cuestiona Davinne a mi hermana con preocupación.
—Extrañamente todavía no.
—Tal vez solo afecta en tierras ferelenses.
—Es mejor hablar en Danglesh ahora que nuestra prima yace aquí. Ella no lo entiende.
—De acuerdo —Davinne y Lu contestan en unísono.
—Estás tierras me pertenecen, puede que se deba a eso, aunque...
—Aunque qué, Emm.
—Firmare un poder para que Dimitry mande por igual.
Oculto la razón de porque haré eso incluso si me miran como si hubiera perdido toda razón. Pese a todo, no puedo revelar el secreto que los Le Covanov ocultan.
—Tal vez pueda retrasarlo si con eso te sientes mejor —complazco a Lu.
—Que linda propiedad, incluso si es algo pequeña.
—Supongo que te quedarás, porque no eliges una habitación de las vacías. Hay algo que debo decirte.
Alcanzo a Katrina a medias escaleras mientras Davinne y Lucinda descansan de ella.
—¿Por qué hay tanta seguridad aquí? ¿Es por el príncipe de Søje? Y ¿por qué tu esposo deja que estés en una propiedad con él sabiendo que entre ustedes hubo algo?
—La curiosidad es un pecado.
—No, no lo es.
—Bien, no lo es, pero es mala.
—Solo me preocupo por ti. Eso puede afectar tu relación con el príncipe.
—¿Cuál de los dos?
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Editado: 30.05.2026