Lo primero que contemplo al despertar es a Dimitry mirándome. Lo ha estado haciendo no se desde hace cuánto tiempo, pero me concede una amplia sonrisa cuando me ve abrir los ojos.
—Duermes bastante, sabes. He traído incluso un aperitivo, y tú ni siquiera te moviste.
—¿Acaso duermes? —rasco mi ojo al tiempo que bostezo con cierta mesura. Reincorporo ligeramente mi cuerpo para descubrir que, en efecto, existe una jarra de jugo de naranja y verduras picadas al pie de la cama—. ¿Lo has hecho tú? —mi rostro gira para mirarlo. Eleva los hombros, satisfecho de sus acciones—. Vaya que estás lleno de sorpresas.
—Y no has visto las mejores.
No es hasta este momento que la lucidez me habita. Ayer tomé una decisión por muy insignificante que pareciera, pero que lució afectar el rumbo de esta historia. Una tormenta, una falla eléctrica, un hombre apuesto en mi cama diciendo que me haría compañía en la oscuridad, y por supuesto, yo permitiendo que se quedara.
Solo dormimos, tal como lo prometió. Hizo como si no existiera, no rebasó ese lado que me pertenecía, ni intentó nada cuando le di la espalda, aunque su presencia no pasó desapercibida. Escuché como sus respiraciones se alentaban ante el tiempo que transcurría e inevitablemente los míos por igual cedieron.
—¿Ha vuelto la luz? —le cuestiono.
—Sí.
El silencio nos envuelve y por un instante no sé cómo continuar. La idea de levantarme me atraviesa, sin embargo, Dimitry me rodea la muñeca cuando la mitad de mi cuerpo se reincorpora.
—Espera.
Su postura me iguala y su osadía lo lleva a rosar la piel de mi mejilla con sus nudillos.
—¿Lo has pensado?
—¿Pensar qué? —trago saliva por el contacto.
—¿La idea de nosotros?
—Sí —contesto con verdad y confusión, siendo que tenerlo tan cerca me hace perder la poca coherencia que poseo.
—¿Vas a estornudarme de nuevo? —exclama a no más de cinco centímetros de distancia y suelto una sonrisita por el vergonzoso acto de ayer.
—Depende, ¿eso te exasperaría?
—Tú siempre me exasperas, fiera.
Sin perder tiempo nos acercamos centímetro por segundo hasta que nuestros labios se tocan en una interacción apenas perceptible. Tentamos el terreno, probando algo nuevo, solo rozamos el momento con la piel. Nuestros ojos colisionan y mi mano va a su rostro. Recarga su rostro en mi palma estremecido por mi caricia. La idea de cruzar esa línea aparece en nuestras mentes.
La cruzamos.
Su boca se une a la mía de una manera extraordinariamente suave. No es arrebatadora ni urgente como en el pasado, no. Este es mesurado e inspeccionado. Un anhelo resguardado para un momento como este. Cierro los ojos por instinto hasta que ese mismo nos obliga a ambos a acelerar el ritmo. Su deseo férreo vuelve y nuestro beso nos consume.
Un tornado en plena tormenta es lo que somos. Anuncia arrasar con todo y comenzar de nuevo en la calma una vez terminado. Un rayo que ilumina y asusta en semejanza. Me uno a su regazo y él me contesta de inmediato aferrando sus manos a mi cadera. No hay manera de ocultar el deseo que sentimos. Poco importa si es real o no, si es necesidad o amor. Estamos hechos para este instante.
—Dimitry —susurro su nombre con sus labios probando la piel de mi cuello, clavícula y hombros. Desliza la bata de mi camisón y los tirantes de este con una delicadeza sublime.
Basta de un movimiento de su parte para que mi espalda descanse sobre la cama y lo que tanto temí que sucediera cuando lo vi la noche anterior en esta propiedad comience. Sus manos hacen maravillas en mi piel que arde con el deseo intacto una vez que se vuelve intermediario entre la tela de mi atuendo y yo. Aferro mis uñas a su espalda con la bruma de calor surgiendo en mis adentros. Se requiere de dos segundos para que pase su camisa por la cabeza y entonces recordarlo.
—Aguarda —planto mis manos en su espectacular torso desnudo, aunque él ya ha vuelto a tentarme, besa mi cuello para hacer olvidar todas las dudas que en mi mente pueden surgir—. Soy alérgica.
Eso lo hace detenerse. No comprende mis palabras y es por ello por lo que va directo a mirar mi sonrojado rostro.
—Los anticonceptivos. No puedo consumirlos. La pasé muy mal aquella vez que los ingerí cuando...
Cubre mi boca con su índice para que no traiga a colación el recuerdo de su hermano en estos instantes. Que he estado con él. Pienso que lo he arruinado, sin embargo, lleva un poco de mi cabello detrás de mi oreja y sonríe con comprensión.
—Entonces no te pondré en riesgo, pero... —se acerca mi oído—. Hay otras formas de pasarla bien mi preciosa Mel.
Seguido a su frase, la calidez de su mano recorre mi piel. Sus labios me devoran hasta que el aliento debe recuperarse en una bocanada de aire que ambos necesitamos. Mi cuerpo reacciona de inmediato a sus caricias. Desciende poco a poco por mi pecho que afianza por minutos hasta retomar el camino por mi vientre. Se toma el tiempo como buen explorador descubriendo tierras nuevas. Se aferra a mis curvas hasta dominar el sur de mi ser con el timón en dirección a un único rumbo. Permito que descubra las sensaciones que los habilidosos bordes de sus dedos me causan en la piel hasta que traspasa la tela de mi camisón y ropa interior.
#3392 en Novela romántica
#749 en Fantasía
princesa con gemelos, matrimonio forzado principe cuestionable, mentiras secretos celos alianzas guerra
Editado: 21.06.2026