Elegidos

40. PRÍNCIPE CAÍDO

No debería permitirle a mi corazón latir tan fuerte considerando las insuficiencias de este, sin embargo, cuando los brazos de Dimit me toman para llevarme a la zona médica no puedo evitarlo. Adivinar en que punto nos encontramos en esta relación inusual que compartimos es tan confuso como pasar de una mañana lluviosa a una tarde soleada.

—¿Cómo es que te has hecho eso?

Dimit contempla con desasosiego el largo corte en la palma de mi mano que desinfecta el hombre que me atiende. Emito un pequeño chillido por el ardor que provoca aquello.

—¿Recuerdas cuando dijimos si se requeriría un sacrificio para acceder a las minas? Bueno, pues realicé uno pequeño.

Parece lamentar lo que debí hacer para conseguir la piedra.

—Va a requerir sutura, princesa Le Covanov.

Miro con terror la aguja, aunque me tranquiliza diciendo que va a colocar anestesia.

—Sea cuidadoso con la dosis.

—Ya me han colocado anestesia antes y no he reaccionado ante ella. Estaré bien.

Dimit asiente con algo de premura ante la preocupación de que sea alérgica y me dañe más de lo que ya puede estarlo. Un silencio nos alberga ante la incomodad que surge entre ambos más que justificada. La sutura avanza sin espetar una palabra por parte de alguno. Temo que se vaya y es por ello qué me aventuro a encontrar algo por lo que conversar.

—¿Estarás en el intercambio? ¿Sabes de los planes?

—Sí, me han puesto al tanto. Estaré ahí y otros más en espera de cualquier cambio.

El énfasis en sus palabras me hace saber que se refiere a su gemelo. Que él yacerá en los alredores de la zona. Pocos saben de la existencia de dos Le Covanov y en definitiva la unidad médica no es una de ellas.

—Iré a revisarla por la mañana —el ferelense se reincorpora y es lo bastante generoso para saber que deseo estar en privado con su príncipe.

Reviso el vendaje que cubre toda mi mano. No existe mucho dolor, quizá se deba a la medicación.

—Bueno, me parece que tienes que descansar.

—¿Tan mal me miro?

Sonríe con gracia, tras recordar una conversación similar cuando nos volvimos a ver.

—Para nada, pero es necesario. Traeré a alguien para que te apoye con el traslado a tu tienda.

Eso rompe toda esperanza.

—¡Espera! —mi desesperado grito hace detener su redoble con objetivo a la salida de la tienda—. Lo siento. Creo que no lo había dicho y de verdad yo... perdóname, Dimit.

—No tienes que...

—Sí, sí tengo. Me habría gustado ser más fuerte y evitar haberte roto el corazón. El mío por igual lo está, créeme. Juro que luché con toda la voluntad que el creador me concedió, pero fui débil en el último momento y te fallé. Jamás volveremos a ser los de antes. No podemos tener todo ahora lo sé, tal como lo dijiste, pero obtener tu perdón podría ser un buen comienzo. Y no lo hagas solo porque sabes que moriré.

—No vas a morir, Emmelina.

—Todo mundo lo hace, Dimit. Es natural, excepto que yo poseo una fecha estimada que la mayoría.

—Pues me niego, así como a decir que te perdono si con eso te esfuerzas a quedarte hasta que lo consigas.

Mi turno de sonreír con pesadumbre.

—Sé que fue incorrecto ocultarte lo que te oculté acerca de tu salud, Emm.

—Querías protegerme, aunque no negaré que me enfadó, pero que hay de mis actos. Lo que tu hermano y yo cometimos no fue por ningún bien más allá de lo egoísta. Ahora...

—Están juntos, lo sé.

—No —me sorprende mi negativa tan presurosa—. Él y yo bueno... es complicado.

—Como una necesidad inexplicable, un llamado qué crees controlar hasta que te das cuenta qué no ¿cierto? —lo contemplo ante sus palabras que bien podrían ser las mías—. Lo entiendo. Y lo hago bien porque he sentido lo mismo y en más de una ocasión.

Mi sentido más próximo me susurra que habla de mí, sin embargo, el "Más de una ocasión" de su boca sugiere a alguien más.

—Lucinda —pronuncio y asiente levemente.

—Desconozco si fue su herencia ryuna u otro tipo de vínculo, pero como agua en su cauce o un navío con las velas izadas en espera de tierra a salvo no pude evitarlo. Este tiempo y lugar parece haber maximizado nuestros sentidos y entre ellos el de la memoria. Existió algo inexplicable ese día. Algo fuera de todo sentido común que nos hizo hacer lo que hicimos ahora que el recuento de hechos se reproduce en mi mente. Ninguno supo quién fue el otro. Al menos no al inicio. Evidentemente lo de tu hermana fue algo intenso como fugaz, pues en el instante que nuestra sangre se unió algo se perdió o transformó, no lo sé. Es en este momento que me permito pensar en que sentí esa misma sensación cuando te conocí. La atracción fue instantánea, aunque terminé por enamorarme de ti al descubrir tu persona.

—Ella aún lo siente —hablo—. Lu puede aferrarse a que te odia por la maldición que le concediste, pero temo que esa no sea la razón de sus sentimientos, sino el que la hayas abandonado después de lo que compartieron—mi explicación le provoca compasión con respecto a mi hermana, porque incluso si para él significó algo aun si fue diminuto, para Lucinda he de pensar que fue por mucho tiempo un todo—. Su mecanismo de defensa no me permite confirmarlo, sin embargo, no es difícil adivinarlo y cuando te mira a ti en la versión que sea o a mí no puedo evitar sentir que la lastimo. Amo a cada uno de mis hermanos, pero ella es... parte de la persona que soy ahora. Debe ser curioso que tendemos a dañar con mayor frecuencia a aquellos a quienes más les profesamos amor ¿no?




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.