Elementales: el despertar

Capítulo 13 Lo que ocurre cuando el cuerpo no alcanza

Eloy no se sentó.
Caminaba de un lado al otro del patio como si el suelo no fuera suficiente para contenerlo. El viento lo acompañaba, apenas perceptible, pero constante.
—Antes de que alguno pregunte —dijo—, no. No son disfraces. No son trajes. Y no son una evolución linda.
Briana levantó la vista, intrigada.
—Entonces… ¿qué son?
Eloy se detuvo frente a ella.
—Son cuando el cuerpo humano deja de ser suficiente.
El silencio fue inmediato.
Esteban y Gerardo intercambiaron una mirada. Ambos sabían lo que venía.
—Los elementos —continuó Eloy— no nacieron para ser usados por personas. Son fuerzas primarias. Antiguas. Cuando se heredan, el cuerpo intenta adaptarse… pero llega un punto en el que no puede más.
Benjamín tragó saliva.
—¿Y ahí…?
—Ahí ocurre la transformación —dijo Eloy—. El elemento toma forma. No para verse mejor. Para sobrevivir.
Dalma sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
—¿Por eso dijiste lo de los elfos? —preguntó Briana.
Eloy sonrió apenas.
—Es la forma más simple de explicarlo —respondió—. Orejas, rasgos más marcados, ojos distintos… no porque sea mágico, sino porque el cuerpo se reestructura para canalizar mejor el poder.
—Pero… —Benjamín dudó— ¿duele?
Eloy no respondió de inmediato.
—Sí.
Una sola palabra.
—Duele porque el cuerpo resiste —continuó—. Y asusta porque una vez que cruzás ese límite… no volvés a ser el mismo del todo.
Thiago, que había permanecido callado, habló por primera vez.
—¿Y ustedes… lo hicieron?
Eloy lo miró fijamente.
—Sí.
—¿Todos?
—Sí.
Thiago bajó la mirada.
—¿Y por qué no nos lo dijeron antes?
Esteban se acercó.
—Porque esperábamos que ustedes no tuvieran que llegar a eso.
—Nos equivocamos —agregó Gerardo.
Eloy apoyó una mano sobre la reja.
—El problema —dijo— no es la transformación. El problema es quién aparece cuando se pierde el control.
Briana frunció el ceño.
—¿Akróvan?
Eloy asintió lentamente.
—Él espera ese momento —explicó—. Cuando el cuerpo se rompe y el miedo manda. Ahí ataca. Ahí se mete.
Dalma apretó los puños.
—¿Y cómo se evita?
Eloy la miró con seriedad.
—No se evita —dijo—. Se atraviesa acompañado.
Miró a los cuatro.
—Nosotros fallamos en eso. Cada uno quiso cargar con lo suyo. Por eso nos rompimos como grupo.
El viento se levantó con más fuerza, moviendo las hojas secas del patio.
—Si ustedes llegan a transformarse —continuó—, no lo hagan solos. Porque lo que despierta… no siempre es solo el elemento.
Thiago levantó la cabeza.
—¿Y si uno de nosotros no puede transformarse?
Eloy sostuvo su mirada.
—Entonces va a ser el ancla —respondió—. El que recuerde quiénes son cuando el resto se pierde.
El silencio se volvió denso.
Benjamín sintió el fuego latirle en el pecho. Dalma, el agua moverse inquieta. Briana, el aire vibrar alrededor. Thiago… nada.
Y aun así, por primera vez, no se sintió afuera.
Eloy dio un paso atrás.
—Mañana seguimos —dijo—. Y créanme… van a desear no haber preguntado.
El sol terminó de caer.
La noche, como las transformaciones, no parecía tener vuelta atrás.




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