La casa estaba en silencio cuando Thiago llegó.
Su mamá estaba sentada en la cocina, con una taza de té entre las manos. No se sorprendió al verlo entrar tan tarde; solo levantó la mirada y lo observó como si supiera que algo estaba roto.
—¿Querés contarme? —preguntó.
Thiago dejó la mochila en el piso y se sentó frente a ella. Durante unos segundos no dijo nada. Las palabras se le acumulaban en la garganta como piedras.
—Ellos… —empezó— despertaron.
Su mamá asintió despacio.
—Lo sé.
Thiago levantó la vista, sorprendido.
—¿Cómo?
—Porque cuando algo así pasa —dijo—, se siente. Y porque te conozco.
Thiago apretó los puños.
—Yo no —dijo—. No desperté nada.
El silencio se estiró.
—Intenté —continuó—. De verdad. Pero no hay nada en mí. Soy el único que se quedó atrás.
Su mamá apoyó la taza.
—Eso no te hace menos.
Thiago soltó una risa amarga.
—Sí, lo hace. Para ellos, para todos. Siempre fui “el primo”. Ahora soy el que estorba.
—No estorbás —respondió ella con firmeza—. Sos parte de esta familia, tengas o no tengas lo que ellos tienen.
Thiago la miró.
—¿Y para qué? —preguntó—. ¿Para mirar desde afuera cómo se transforman en algo increíble?
Ella dudó un segundo.
—Para ayudar —dijo—. A veces, ayudar no es brillar.
Las palabras le cayeron como un golpe.
—Ayudar —repitió—. O sea, quedarme al costado.
—No quise decir eso…
—Eso dijiste —interrumpió Thiago, poniéndose de pie—. Que aunque no sea lo que quiero, tengo que aceptar mi lugar.
Ella también se levantó.
—Thiago, escuchame. No todo el mundo está destinado a—
—¿A qué? —la cortó—. ¿A ser normal?
No esperó respuesta.
Caminó hacia su habitación, agarró una campera y volvió a la cocina.
—¿A dónde vas? —preguntó ella, preocupada.
Thiago dudó apenas.
—A buscar respuestas —dijo.
—No hagas esto —pidió ella—. Tu papá…
Thiago se detuvo en la puerta.
—Justamente.
Salió sin mirar atrás.
La noche lo envolvió de inmediato.
Mientras caminaba, el nombre le golpeaba la cabeza una y otra vez. El hombre del que apenas sabía nada. El que no había estado. El único al que todavía no le había preguntado nada.
—Si alguien tiene que decirme quién soy —murmuró—, va a ser él.
Apretó el paso.
Muy lejos de ahí, algo antiguo se agitó, atento.
Thiago no lo sabía, pero acababa de dar el primer paso fuera del círculo.
Y algunos caminos… no tienen regreso.