Elementales: el despertar

Capítulo 20 Las creaciones de Akróvan

El cielo se oscureció sin aviso.
No fue una tormenta común: el aire se volvió pesado, denso, como si algo antiguo estuviera descendiendo sobre el barrio. Esteban fue el primero en sentirlo. Se detuvo en seco, el pulso acelerado.
—No… —murmuró—. No puede ser…
El suelo tembló.
Una grieta se abrió a pocos metros del grupo y de ella brotó lava incandescente, viva, moviéndose como si respirara. A su lado, el aire se congeló de golpe, formando escarcha sobre el asfalto.
Cuatro figuras emergieron.
Dos de ellas estaban envueltas en calor ardiente: un hombre y una mujer con la piel resquebrajada como roca volcánica, la lava corriendo bajo sus brazos como sangre viva. Frente a ellos, otra pareja avanzó con pasos firmes, cubiertos de hielo cristalino, ojos fríos, sin expresión humana.
—No… —repitió Esteban, ahora en voz alta—. Son ellos…
Gabriel, Gerardo y Eloy reaccionaron de inmediato. Se adelantaron instintivamente, como si el cuerpo recordara lo que la mente había intentado olvidar durante años.
—Chicos, atrás —ordenó Gabriel—. Esto no es para ustedes.
El hombre de lava sonrió.
—Siempre dicen lo mismo.
El ataque fue inmediato.
Una lengua de magma salió disparada contra ellos. Gerardo levantó un muro de tierra para frenarla, pero el suelo cedió; la barrera se resquebrajó y parte del fuego la atravesó. Eloy intentó contener el avance con su poder, pero el control no era el mismo. No después de tantos años sin entrenar.
Del otro lado, el hielo avanzó como una marea silenciosa. Esteban intentó contrarrestarlo, pero su energía apenas alcanzó para frenar el avance unos segundos.
—Nuestros poderes… —dijo entre dientes—. Están débiles.
—Nos están superando —gruñó Gabriel, retrocediendo un paso.
Benjamín lo vio todo.
Vio a su padre resistiendo, pero no dominando. Vio a Gerardo y Eloy esforzándose, pero fallando. Y entendió algo con una claridad brutal: si dependían solo de ellos, iban a perder.
—Dalma —dijo, con la voz firme—. Briana.
Dalma asintió sin dudar. El agua comenzó a elevarse desde el suelo, vibrando con su respiración. Briana cerró los ojos; el viento giró a su alrededor, creciendo, respondiendo a su voluntad.
—¡No! —gritó Esteban—. ¡Todavía no!
Pero ya era tarde.
Benjamín dio un paso al frente y el fuego brotó de sus manos, más intenso que nunca. No descontrolado. Decidido.
El ataque combinado sorprendió incluso a las creaciones de Akróvan. El agua de Dalma enfrió la lava, solidificándola al instante. El viento de Briana desvió el hielo, quebrándolo en mil fragmentos que cayeron como vidrio roto.
Por primera vez, los cuatro enemigos retrocedieron.
Thiago observaba desde atrás.
Vio a Benjamín liderar. A Dalma moverse con naturalidad. A Briana dominar el aire como si siempre hubiera sido parte de ella.
Y algo dentro de él se quebró… y se acomodó al mismo tiempo.
No voy a ser como ellos, pensó.
No con poderes.
No con elementos.
Pero recordó la voz de su madre.
Aunque no seas lo que soñaste, sos familia. Y la familia no compite, acompaña.
Apretó los dientes. El dolor seguía ahí, pero ya no era rabia. Era aceptación.
Las cuatro figuras se reagruparon. El hombre de hielo miró a los chicos con una sonrisa torcida.
—Interesante… —dijo—. La nueva generación es más fuerte de lo que esperaba.
La mujer de lava dio un paso atrás.
—Nuestro trabajo no es eliminarlos hoy.
—¿Entonces? —preguntó Briana, con el viento aún girando a su alrededor.
Los cuatro se desvanecieron lentamente, como si el entorno los absorbiera.
Antes de desaparecer del todo, una voz resonó en el aire, grave, antigua, cargada de amenaza:
—Saludos de Akróvan.
El silencio cayó de golpe.
Nadie habló durante varios segundos.
Esteban miró a sus hijos, a Briana, a Thiago… y comprendió lo inevitable.
—Esto… —dijo finalmente—. Esto recién empieza.
Y a lo lejos, invisible pero atento, Akróvan sonreía.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.