El barrio tardó en recuperar el silencio.
Las marcas del ataque seguían ahí: el asfalto endurecido por la lava, restos de hielo derritiéndose lentamente, paredes agrietadas. Nadie hablaba demasiado. Cada uno estaba ocupado acomodando algo que no se veía.
En el patio, Esteban se pasó una mano por el rostro. Estaba agotado, no solo físicamente.
—No pensé que volvería a verlos —dijo en voz baja—. No así.
Eloy se sentó en un escalón, respirando profundo.
—Akróvan no envía advertencias vacías. Si mandó a sus creaciones… es porque sabe que ustedes despertaron.
Gerardo observaba a los chicos a unos metros. Benjamín estaba sentado con Dalma, ambos en silencio. Briana jugaba nerviosamente con una ráfaga de aire suave entre los dedos, como si necesitara sentir que aún tenía control.
Y Thiago… estaba aparte.
Apoyado contra una pared, miraba el suelo. No había lágrimas ni enojo visible, pero su expresión estaba lejos de la calma. Gabriel se acercó con cuidado.
—¿Estás bien? —preguntó.
Thiago tardó en responder.
—Sí… —dijo finalmente—. Creo que sí.
Gabriel asintió, sin presionar. Sabía que algunas batallas no se luchaban con poderes.
Un rato después, Esteban llamó a todos.
—Vengan —dijo—. Tenemos que hablar.
Se reunieron en círculo. Nadie quería ser el primero en decir algo. Hasta que Thiago dio un paso al frente.
—Antes de que empiecen —dijo, con la voz firme aunque contenida—. Quiero decir algo.
Todos lo miraron.
Thiago respiró hondo.
—Hoy entendí algo. No voy a despertar un elemento. No voy a ser como ustedes.
Dalma frunció el ceño.
—Thiago…
—No, dejame terminar —pidió—. No lo digo con bronca. Me duele, sí… pero ya no me enoja.
Miró a Benjamín.
—Cuando te vi pelear, cuando los vi a los tres… entendí que esto no se trata de ser igual. Se trata de estar.
Briana dio un pequeño paso hacia él.
—Siempre estuviste —dijo.
Thiago sonrió apenas.
—Por eso quería decirles que no se preocupen por mí. Con o sin poderes, cuentan conmigo. Para entrenar, para cubrirlos, para lo que necesiten. No voy a ser el que ataque… pero sí el que no se vaya.
El silencio fue distinto esta vez. No incómodo. Profundo.
Benjamín se levantó y le dio una palmada en el hombro.
—Eso también es fuerza —dijo.
Gabriel asintió, serio.
—Akróvan va a buscar romperlos desde adentro. Miedo, culpa, comparación. Lo que acabás de hacer, Thiago, es cerrar una grieta antes de que se abra.
Esteban respiró hondo.
—Entonces queda claro —dijo—. Esto no es solo sobre poderes heredados. Es sobre familia. Y sobre no repetir nuestros errores.
Eloy miró a los chicos con una mezcla de orgullo y preocupación.
—Porque ahora sí… —agregó—. Akróvan sabe que están juntos.
Thiago levantó la vista.
—Y que no va a ser tan fácil separarnos.
El viento se movió suavemente, el fuego se apagó del todo, el agua se asentó.
Por primera vez desde el ataque, el grupo no se sentía roto.
Se sentía completo.