El entrenamiento comenzó al amanecer.
No por casualidad. Esteban insistió en que el cuerpo y la mente reaccionaban distinto cuando todavía no estaban contaminados por el ruido del día. El patio había sido despejado lo mejor posible, marcando zonas con piedras, sogas y restos de madera.
—Hoy no vamos a forzar poder —anunció Gabriel—. Hoy vamos a aprender a movernos como grupo.
Benjamín, Dalma y Briana se colocaron en sus posiciones, esperando instrucciones. Thiago observaba desde afuera, con los brazos cruzados, atento a cada detalle.
—Thiago —dijo Esteban—. Vos no entrenás con ellos.
El silencio fue inmediato.
—Entrenás sobre ellos.
Thiago levantó la vista, sorprendido.
—Quiero que mires —continuó Esteban—. Distancias, tiempos, errores. Si Akróvan vuelve a atacar, necesitamos a alguien que no esté consumido por el uso del poder. Alguien que piense.
Eloy sonrió de costado.
—En otras palabras: sos nuestros ojos.
El entrenamiento comenzó.
Benjamín lanzó una ráfaga de fuego controlado. Dalma respondió envolviéndola con agua para disiparla. Briana usó el aire para redirigir la energía hacia un objetivo marcado.
—¡Demasiado lento! —gritó Thiago de pronto—. Dalma, estás reaccionando después, no anticipando. Mirá los hombros de Benjamín, no las manos.
Dalma ajustó su postura. El siguiente intento fue más fluido.
—Briana —continuó Thiago—. El viento está bien, pero estás gastando energía de más. Usá ráfagas cortas, no empujes todo.
Briana asintió y corrigió.
Benjamín lo miró sorprendido.
—¿Desde cuándo sabés todo eso?
Thiago se encogió de hombros.
—Desde que leo cómics y miro peleas con lupa —respondió—. La mayoría pierde no por falta de poder, sino por mala coordinación.
Eloy observaba con atención.
—Interesante… —murmuró—. Nosotros nunca hicimos esto.
—Por eso fallamos —dijo Esteban, sin apartar la vista.
El ejercicio avanzó. Thiago marcaba pausas, ordenaba posiciones, pedía cambios.
—Si Briana cae primero, Benjamín queda expuesto. Dalma tiene que cubrirlo, no atacar.
—¡Otra vez! —gritó—. No piensen como individuos. Piensen como sistema.
El cansancio empezó a notarse, pero también algo nuevo: fluidez.
En un momento, Gabriel lanzó un ataque sorpresa, simulando una emboscada. Los chicos reaccionaron mejor que nunca.
—¡Ahora! —gritó Thiago—. Briana, elevación. Dalma, bloqueo frontal. Benjamín, solo cuando estén cubiertos.
La maniobra funcionó.
Cuando todo terminó, el silencio volvió, esta vez acompañado de respiraciones agitadas y sonrisas cansadas.
—Funcionó —dijo Briana, con los ojos brillantes.
—Funcionó porque alguien no estaba peleando —dijo Gabriel, mirando a Thiago—. Estaba pensando.
Thiago se quedó quieto unos segundos.
—Nunca imaginé que este iba a ser mi lugar —admitió—. Pero… creo que puedo ayudar así.
Esteban se acercó y le apoyó una mano en el hombro.
—Los equipos fuertes no se construyen solo con poder. Se construyen con equilibrio. Y vos sos eso.
Thiago miró al grupo. Por primera vez, no sintió que le faltara algo.
Sintió que encajaba.
A lo lejos, sin que ninguno lo supiera, una sombra observaba el entrenamiento.
Y sonreía.