La señal llegó entrada la tarde.
No fue una explosión ni un ataque directo. Fue algo más sutil: una alteración elemental detectada por Gerardo en una zona industrial abandonada, a unas pocas cuadras del río.
—No es fuerte —dijo—, pero no es natural.
Esteban dudó.
—Puede ser una trampa.
—O una prueba —agregó Eloy—. Akróvan mide reacciones.
Tras una breve discusión, decidieron intervenir. No todos. Solo los chicos.
—Nosotros vamos a observar desde lejos —aclaró Gabriel—. Esto es para que aprendan, no para que se luzcan.
Thiago caminaba junto a ellos, en silencio. Su cabeza ya estaba trabajando.
El lugar era un galpón semi derruido, con enormes tanques oxidados y pasillos estrechos. El aire estaba cargado de humedad y electricidad estática.
—Esto no me gusta —murmuró Briana.
—A nadie —respondió Thiago—. Por eso vamos a entrar como si sí.
Benjamín lo miró.
—¿Plan?
Thiago respiró hondo.
—No es una emboscada común. Si Akróvan quiere observarnos, va a provocar pánico. Así que no se separen y no reaccionen al primer estímulo.
Apenas cruzaron la entrada, el ataque comenzó.
Un ser de hielo emergió del techo, lanzando estacas congeladas. Al mismo tiempo, el suelo vibró: magma intentando abrirse paso desde abajo.
—¡Ahora! —gritó Dalma, preparando agua.
—¡No! —Thiago alzó la voz—. Dalma, bloqueá, no enfríes. Benjamín, nada de fuego todavía.
Las estacas impactaron contra un muro de agua densa. El magma se detuvo apenas antes de emerger.
—Briana, viento por detrás —ordenó—. No frontal. Desarmá el ángulo.
El aire golpeó desde un costado, desestabilizando al enemigo de hielo, que cayó pesadamente.
—¡Benjamín, ahora! —gritó Thiago—. Preciso, corto.
Una llamarada concentrada selló la grieta de magma sin desbordarla.
Todo ocurrió en segundos.
El segundo enemigo intentó retirarse, pero Thiago ya lo había previsto.
—No lo sigan —ordenó—. Quiere sacarnos del punto seguro.
El galpón empezó a colapsar. Parte del techo cedió.
—¡Salida norte! —gritó Thiago—. Briana, despejá. Dalma, cobertura.
Salieron ilesos, segundos antes de que la estructura se viniera abajo.
Desde la distancia, Esteban exhaló aliviado.
—Los sacó con vida —dijo—. Y sin daño colateral.
Los chicos se detuvieron, respirando agitadamente.
—Eso… —dijo Benjamín—. Eso nos habría matado sin vos.
Thiago negó con la cabeza, pero sonrió.
—No. Nos habría separado. Y eso es lo que Akróvan quiere.
Briana lo miró con admiración.
—Nunca pensé que alguien sin poderes nos iba a salvar así.
Thiago bajó la mirada, incómodo pero orgulloso.
—Los poderes sirven —dijo—. Pero si no sabés cuándo usarlos… te matan.
Desde muy lejos, Akróvan observaba el colapso del galpón.
Su expresión se endureció.
—Interesante —dijo, sin rastro de humor—. Muy interesante.
Por primera vez en años, un plan suyo había fallado.
Y eso…
no lo iba a perdonar.