Elementales: el despertar

Capítulo 25 Akróvan contraataca

La noche cayó con un silencio que parecía demasiado pesado.
A kilómetros de distancia, Akróvan observaba el galpón derruido en las transmisiones de sus propios ojos creados: lava y hielo dispersos, sin daños graves. Y lo que más le llamó la atención: Thiago había ordenado todo con precisión, salvando al grupo.
—Interesante… demasiado interesante —susurró, sus dedos rozando un extraño medallón que colgaba de su cuello—. Este chico… no tiene poder elemental. Pero ha logrado algo que mis creaciones no pudieron.
Se levantó, y la habitación que lo rodeaba cambió. Sombras de fuego, hielo, tierra y aire danzaban a su alrededor, reflejos de antiguos enemigos derrotados. Cada uno de ellos era una advertencia de lo que podía hacer.
—Muy bien —dijo, con voz grave—. Si quiere jugar al estratega… entonces va a tener que aprender que todo tiene un precio.
Al instante, un aura oscura comenzó a expandirse sobre la ciudad. Las calles vacías se llenaron de un aire pesado, y las luces de las farolas parpadearon. No era un ataque directo… todavía. Era una advertencia, y la ciudad lo sintió.
—Ellos creen que pueden ganar solo con coordinación —continuó Akróvan—. Que un humano sin poderes pueda hacer la diferencia… ja. Muy pronto lo descubrirán.
De la nada, las sombras comenzaron a tomar forma: cuatro nuevas creaciones surgieron de su laboratorio oculto, diferentes a las de lava y hielo que enviara antes. Esta vez, cada una estaba diseñada para atacar no solo físicamente, sino también psicológicamente, anticipando los movimientos del grupo, evaluando quién podía tomar decisiones y quién no.
—Thiago… te vi —dijo Akróvan en un murmullo—. Y eso significa que vas a ser mi objetivo principal.
Sus ojos brillaron. Algo dentro de él se agitaba, ansioso. No era la ira usual por enfrentamientos físicos. Era fascinación. Un enemigo que podía anticipar sus planes.
—Esta vez no habrá ensayo —susurró—. Esta vez, no podrán retirarse.
Mientras tanto, en la ciudad, el grupo todavía estaba recuperándose del entrenamiento y del rescate en el galpón. Nadie notó de inmediato el cambio sutil en la energía que los rodeaba. Pero algo se había quebrado en la atmósfera: la amenaza ya no era solo física, ni casual. Era personal.
Thiago sintió un escalofrío recorrer su espalda, recordando lo que Akróvan había dicho en la sombra: “te vi”. Por primera vez, comprendió que ser el estratega del grupo también lo convertía en objetivo.
Benjamín notó su mirada.
—¿Qué pasa?
—Nada —respondió Thiago, intentando ocultar la tensión—. Solo… nos están mirando.
Gabriel y Esteban intercambiaron una mirada. Sabían que algo grande venía. Algo más allá de simples ataques. Akróvan no estaba probando esta vez.
—Prepárense —dijo Gabriel—. Esto recién comienza.
Y lejos, Akróvan sonrió, consciente de que el juego había cambiado.
—Ahora sí —murmuró—. Que empiece la verdadera caza.




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