Elementales: el despertar

Capítulo 26 El tablero completo

La reunión no fue en el patio.
Esteban insistió en cambiar de lugar, aunque no explicó por qué. Bajaron a un viejo sótano que había pertenecido a la casa desde antes de que él naciera. Polvo, cajas, marcas antiguas en las paredes. Allí, por primera vez, nadie encendió fuego ni movió agua.
Solo pensaron.
—Akróvan ya no está probando fuerzas —dijo Esteban, rompiendo el silencio—. Está desplegando un plan.
Gerardo colocó sobre una mesa varios mapas impresos: la ciudad, la zona industrial, el río, barrios periféricos.
—Desde el ataque —explicó— empecé a notar patrones. Alteraciones elementales menores. Nada grave por separado.
Eloy señaló distintos puntos.
—Pero juntos forman esto.
Un dibujo emergía con claridad inquietante: los ataques no eran aleatorios. Rodeaban la ciudad. La contenían.
—¿Está… cercándonos? —preguntó Briana, con un hilo de voz.
—Está aislando el terreno —respondió Gabriel—. Quiere que cuando ataque de verdad, nadie pueda escapar. Ni nosotros… ni la ciudad.
Thiago se inclinó sobre los mapas, los ojos moviéndose rápido.
—No solo eso —dijo—. Miren los tiempos. Siempre ataca cuando hay poca gente, de madrugada o al amanecer.
—Para evitar testigos —dijo Benjamín.
—No —corrigió Thiago—. Para que nos acostumbremos a que nadie vea nada. Cuando lo haga de día, va a ser demasiado tarde para reaccionar.
El silencio fue pesado.
—¿Cuántos como los de lava e hielo puede crear? —preguntó Dalma.
Eloy apretó los labios.
—No lo sabemos. Pero no son soldados. Son piezas. Cada uno diseñado para una función.
Gabriel agregó:
—Y lo más peligroso… es que no busca destruirlos directamente. Busca obligarlos a elegir.
—¿Elegir qué? —preguntó Briana.
Thiago levantó la vista.
—A quién salvar.
Todos lo miraron.
—Si dispersa ataques por la ciudad —continuó—, nos fuerza a separarnos. Si nos separamos, perdemos ventaja. Si no lo hacemos… mueren inocentes.
Esteban cerró los ojos.
—Exactamente el tipo de error que cometimos nosotros.
Benjamín apretó los puños.
—Entonces no podemos jugar a la defensiva.
—No —dijo Gerardo—. Pero tampoco podemos ir de frente. Ese es su terreno.
Thiago respiró hondo.
—Tenemos que romper su lógica. No reaccionar a cada ataque, sino anticipar el siguiente paso.
—¿Y cuál sería? —preguntó Gabriel.
Thiago señaló el centro del mapa.
—Acá. El punto que nunca tocó.
—El viejo complejo subterráneo —murmuró Eloy—. Nadie vive ahí.
—Por eso —dijo Thiago—. Akróvan no actúa donde no obtiene respuesta. Eso significa que ahí… esconde algo.
Briana tragó saliva.
—¿Su base?
—O algo peor —respondió Thiago—. El mecanismo que mantiene activas a sus creaciones.
El grupo entendió entonces la magnitud del problema.
No estaban enfrentando ataques aislados.
Estaban dentro de una guerra silenciosa.
Esteban apoyó ambas manos sobre la mesa.
—Entonces queda decidido. No vamos a esperar a que Akróvan mueva todas sus piezas.
Miró a los chicos.
—Pero tampoco vamos a lanzarlos a una batalla sin preparación. Si esto escala… lo hará rápido.
Thiago levantó la vista.
—Y cuando llegue ese momento, no va a ser una pelea por poder.
Hizo una pausa.
—Va a ser una pelea por inteligencia.
En algún punto lejano, Akróvan observaba la ciudad, convencido de que llevaba ventaja.
No sabía aún que, por primera vez, alguien estaba viendo el tablero completo.




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