Elementales: el despertar

Capítulo 28 La grieta

Nadie habló durante varios minutos después de salir del complejo.
El aire de la superficie no trajo alivio. Trajo cansancio. Un peso invisible que se instaló en el pecho de cada uno.
Dalma tenía las manos temblorosas. El agua no respondía con la misma rapidez. Benjamín sentía el fuego irregular, como si algo dentro suyo dudara. Briana respiraba corto, el viento a su alrededor apenas era un susurro.
Y Thiago…
Thiago caminaba en silencio, la mirada fija, repasando una y otra vez cada decisión tomada bajo tierra.
—Nos midió —dijo finalmente—. Y nos dejó salir a propósito.
Eloy asintió, grave.
—Eso es lo que más preocupa.
No llegaron a avanzar dos cuadras cuando el calor volvió a sentirse.
Primero como una vibración. Luego como un rugido.
—No… —susurró Esteban—. Ahora no.
El asfalto se partió y la lava emergió con violencia. Frente a ellos aparecieron las dos figuras que ya conocían: el hombre y la mujer de magma, sus cuerpos brillando con fuego interno.
—Separarlos funcionó —dijo ella, con una sonrisa cruel—. Ahora veamos qué hacen rotos.
El ataque fue inmediato.
El caos se desató en segundos. Dalma intentó contener el magma, pero sus movimientos eran más lentos. Benjamín respondió con fuego, pero el cansancio lo traicionó. Briana elevó una ráfaga de aire para desviar el ataque… y fue entonces cuando ocurrió.
Un chorro de lava cambió de dirección.
No iba hacia los mayores.
Iba directo a Briana.
—¡BRIANA! —gritó Dalma.
El tiempo se rompió.
Thiago no pensó. No calculó. No ordenó.
Se movió.
Se interpuso entre la lava y su hermana menor, cubriéndola con su cuerpo.
El impacto fue brutal.
El calor lo envolvió. Un dolor imposible atravesó su cabeza. Cayó de rodillas, gritando, mientras la lava lo alcanzaba, quemando, invadiendo su visión.
—¡THIAGO! —gritó Benjamín.
Todos quedaron petrificados.
Thiago se retorcía en el suelo, las manos en el rostro, el cuerpo temblando de dolor. No veía. No respiraba bien. Solo sentía fuego.
Los meta humanos se detuvieron.
Lo observaron.
—Interesante… —dijo el hombre de lava—. Incluso sin poder… eligió.
La mujer sonrió.
—El grupo está roto.
Ambos comenzaron a retirarse, fundiéndose con el calor del entorno.
—Díganle a los demás —agregó ella—. Ahora vamos por la ciudad.
Hizo una pausa.
—Después… por el mundo entero.
—Todo será para nuestro amo —concluyó él—. Para Akróvan.
El silencio volvió a caer.
Dalma corrió hacia Thiago, llorando.
—No… no… —repetía—. Esto no…
Gabriel cayó de rodillas junto a él, intentando ayudar, pero sus manos temblaban.
Benjamín se quedó de pie, paralizado, con los puños apretados hasta sangrar.
Briana no decía nada. Solo miraba a Thiago, entendiendo con horror que él había hecho por ella lo que ninguno pudo hacer a tiempo.
Esteban cerró los ojos.
Akróvan lo había logrado.
No solo los había separado.
Había demostrado que el mayor golpe no era contra el poder…
sino contra el que sostenía al grupo.
Y mientras Thiago agonizaba en el suelo, el mundo, sin saberlo, acababa de entrar en la fase más oscura del plan de Akróvan.




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