Elementales: el despertar

Capítulo 29 El precio y la promesa

El mundo se había detenido alrededor de Thiago.
Yacía en el suelo, de rodillas primero, luego vencido hacia un costado. Sus manos temblaban, su respiración era irregular. No veía. No podía ver. El dolor le quemaba la cabeza como si el fuego siguiera vivo dentro de él.
—No… no… —susurraba Dalma, presionando contra él, intentando enfriar lo imposible—. Esto es mi culpa… llegué tarde…
Gabriel intentaba mantenerlo consciente, pero su voz se quebraba.
—Aguantá, hijo… por favor…
Benjamín estaba de pie, inmóvil. El fuego en sus manos se había apagado por completo. Sus puños cerrados sangraban de tanto apretarlos.
—Si yo hubiera atacado antes… —murmuró—. Si no hubiera dudado…
Briana no lloraba.
Eso era lo peor.
Estaba arrodillada frente a Thiago, paralizada, con los ojos abiertos de terror. El viento a su alrededor no se movía. No respiraba con él. Era como si el aire también se hubiera detenido.
—Es por mí… —susurró—. Él… él se puso delante por mí…
Thiago escuchaba.
No todo. No claro. Pero escuchaba lo suficiente.
Con un esfuerzo imposible, movió la cabeza apenas.
—No… —dijo, con la voz rota—. No hagan eso…
Todos se quedaron en silencio.
—No se rompan… —continuó—. Eso es lo que él quiere…
Briana lo miró, con los ojos llenos de lágrimas.
—Te estás muriendo… —dijo—. Y hablás de nosotros…
Thiago sonrió apenas, aunque le dolió todo el cuerpo al hacerlo.
—No… —susurró—. Yo… voy a estar bien…
Nadie le creyó.
—Escúchenme —dijo, reuniendo fuerzas que no tenía—. Usen sus poderes. No para lamentarse… para pelear. Para salvar a la gente. Para detener a Akróvan.
Tosió. Un espasmo de dolor lo recorrió.
—Si yo caigo… —agregó—. Que sea sabiendo que ustedes… hicieron algo que valga la pena.
El silencio que siguió fue distinto.
No era vacío.
Era profundo.
Algo comenzó a moverse.
Primero fue el aire.
Una brisa suave rodeó a Briana, levantándole el cabello, acariciándole el rostro. Ella cerró los ojos, llorando en silencio. El viento respondió, envolviéndola como si la reconociera.
Luego, el agua.
Dalma sintió que el frío ya no era suficiente. Algo más despertó en su interior. El agua a su alrededor dejó de ser solo líquido: brilló, se elevó, giró con una armonía antigua, casi viva.
Y entonces… el fuego.
Benjamín levantó la cabeza.
El calor regresó. No salvaje. No caótico. Ardía con propósito. Llamas limpias rodearon su brazo, formando símbolos antiguos que parecían grabarse en el aire.
—¿Qué… qué es esto? —susurró.
Esteban dio un paso atrás, con los ojos abiertos de par en par.
—No… —murmuró—. Esto no lo vimos ni nosotros…
Las energías comenzaron a transformarlos.
Briana se elevó apenas del suelo. El viento tomó forma a su alrededor, delineando una silueta etérea. Sus ojos brillaron con un tono celeste profundo, y marcas luminosas aparecieron sobre su piel, como runas en movimiento.
Dalma sintió cómo el agua la cubría sin mojarla, formando una armadura fluida, elegante, poderosa. Su mirada se volvió serena, firme. Ya no dudaba.
Benjamín dio un paso al frente.
El fuego no lo consumía. Lo obedecía. Su postura cambió, su presencia se volvió imponente, como si algo antiguo hubiera despertado dentro de él.
No eran solo usuarios de elementos.
Eran herederos completos.
Thiago, aún en el suelo, sintió el cambio.
Una paz extraña lo envolvió.
—Eso… —susurró—. Eso es…
Briana bajó la mirada hacia él, con lágrimas cayendo libremente ahora.
—No te vayas —dijo—. Por favor…
Thiago respiró hondo.
—No me voy… —respondió—. Solo… confíen en esto.
El viento, el agua y el fuego rugieron al unísono.
Akróvan había roto al grupo.
Pero en ese quiebre…
había nacido algo que ni siquiera él había previsto.
Y mientras la ciudad comenzaba a arder en caos a la distancia, tres figuras se alzaban, transformadas, listas para enfrentar no solo a un enemigo…
Sino al destino mismo.




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