Elementales: el despertar

Capítulo 31 Nombres y fuego en la ciudad

La ciudad estaba en caos. Cada calle era un escenario de destrucción parcial, columnas de energía oscura, criaturas deformes y edificios humeantes. Pero la furia de Akróvan no había quebrado a los chicos. Los había transformado.
Mientras avanzaban hacia el primer punto de ataque, Esteban los detuvo.
—Antes de lanzarnos… tenemos que decidir algo —dijo, serio—. Sus identidades ya no existen para Akróvan. Para la gente, para los medios, para ellos… y para ustedes mismos, no deben ser los mismos nombres.
Briana frunció el ceño.
—¿Como… nombres de héroes?
—Exacto —confirmó Dalma—. Debemos proteger lo que somos fuera de estos poderes, pero también marcar quiénes somos ahora.
Se miraron entre sí. Thiago, aunque no había despertado, se unió al debate.
—Si van a enfrentar esto… hagan que cada nombre cuente. Que diga quién son realmente.
Benjamín fue el primero en hablar:
—Fuego… fuego que no quema sin control. —Suspiró y dijo con decisión—. Soy… PAYRO.
Dalma cerró los ojos, sintiendo el agua que la rodeaba. Una sensación de calma y fuerza la atravesó:
—Yo… AKUA.
Briana elevó la mirada, y el viento a su alrededor se elevó en remolinos juguetones. La energía fluía con fuerza.
—Yo… AURA —dijo, segura—.
Thiago los observó. Aún sin poderes, sentía orgullo y miedo a la vez.
—Está bien —dijo—. Yo… seguiré siendo Thiago, pero estaré con ustedes.
Esteban asintió.
—Entonces… que empiece la prueba.

PAYRO avanzó por una avenida colapsada. Las columnas de lava surgían de los escombros, controladas por los meta humanos enviados por Akróvan. Cada golpe de fuego debía ser calculado: no había margen de error.
El calor lo rodeaba, pero esta vez el fuego no lo consumía, respondía a su voluntad, formando escudos, proyectiles y barreras defensivas. Cada movimiento era elegante, preciso.
—Veamos si puedes improvisar —dijo uno de los meta humanos de lava, moviendo su magma en espirales ofensivas.
PAYRO lanzó un torrente que rodeó al enemigo, derritiendo parte del magma, obligándolo a retroceder. Un salto, un giro y un golpe concentrado lo derribó.
—Uno menos —susurró, mirando a la distancia hacia Dalma y Briana.
Primer combate: AKUA
Dalma avanzó por un barrio inundado parcialmente por el agua que había subido de las cloacas. Sus movimientos eran fluidos, elegantes, casi danzando sobre charcos y corrientes.
Un par de criaturas de hielo se abalanzaron sobre ella. Intentó bloquear con agua, pero eran rápidas, adaptándose a sus movimientos. Entonces cerró los ojos, respiró profundo y concentró todo el flujo de agua en su palma.
El ataque surgió como un remolino: no solo golpeó a las criaturas, sino que las atrapó en una esfera líquida que se elevó flotando sobre el suelo, controlada por su voluntad. Cada enemigo era inmovilizado, sin destruir el entorno.
—La precisión es tu aliada —escuchó a Eloy en su mente, recordando entrenamientos pasados—. Nunca pierdas control.
AKUA sonrió mientras las criaturas quedaban suspendidas, incapaces de continuar.
Briana voló sobre las calles, el viento arremolinándose a su alrededor, creando un campo que impedía que los ataques de los meta humanos la alcanzaran con facilidad. Su energía aérea se transformaba en escudos, ráfagas y propulsión que le permitía moverse por la ciudad como un torbellino vivo.
Los enemigos intentaron rodearla, lanzando proyectiles de lava y hielo, pero ella giró, combinando corrientes de viento que los desviaron, los inmovilizaron o los empujaron a barrancos y vehículos volcados.
—No subestimen el aire —murmuró AURA mientras su cuerpo brillaba con marcas que brillaban azul celeste—. Controlar el espacio también es atacar.
Akróvan observa y ajusta
En su laboratorio subterráneo, Akróvan lo veía todo: mapas, transmisiones, análisis de energía.
—Están… evolucionando demasiado rápido —susurró, golpeando la mesa—. El fuego… el agua… el aire… no son lo que esperaba.
Cada movimiento de PAYRO, AKUA y AURA le mostraba nuevas combinaciones, nuevas estrategias. Su red de criaturas, calculada para enfrentarlos de manera secuencial, se volvió ineficaz ante el despertar sincronizado de los tres.
—Si se unen… —gruñó—. Si Thiago logra algo… —se detuvo, apretando los dientes—. Entonces tendré que mostrarles lo que significa que un maestro juegue en serio.
Desde arriba, Akróvan comenzó a manipular la ciudad en tiempo real, enviando nuevas amenazas, probando puntos débiles, buscando cómo dividirlos otra vez.
Pero esta vez, algo había cambiado.
No estaban solos.
No estaban indefensos.
Y sus nombres, PAYRO, AKUA y AURA, resonaban con fuerza a través de la ciudad, como un grito de desafío que Akróvan nunca había escuchado antes.




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