Elementales: el despertar

Capítulo 32 Kenji despierta

La habitación estaba en silencio. La luz de la tarde se colaba por la ventana, dibujando líneas sobre la cama donde Thiago descansaba. Sus vendas cubrían los ojos, recordándole que aún no podía ver, pero que todo lo que necesitaba sentir estaba frente a él.
Gabriel se sentó a su lado, la mirada firme pero cálida.
—Thiago… —empezó, pero se detuvo, buscando las palabras correctas—. No es solo tu momento de descansar. Es tu momento de entender.
Thiago no respondió. Solo respiraba lentamente, el dolor físico todavía presente en su cuerpo.
—Desde que acepté a tu madre… y a vos con ella… —dijo Gabriel, con voz suave pero intensa—. Te tomé como mi hijo. Como uno legítimo. Y eso te conectó a la herencia, Thiago… solo que vos tenías que aceptarlo.
Thiago cerró los puños bajo las sábanas. Algo se removió dentro suyo, un calor, una fuerza latente que había sentido solo una vez antes, fragmentaria, cuando había interpuesto su cuerpo por Briana.
—¿Y ahora qué…? —susurró, todavía inseguro.
Gabriel se inclinó un poco más.
—Ahora… vos elegís. Podés quedarte donde estás, dolido, frustrado, impotente… o podés levantarte y ser lo que siempre debiste ser.
Thiago lo miró, aunque no podía ver. Sus manos tocaron las sábanas, sintiendo el calor, el latido de su corazón, y de repente entendió algo profundo: no necesitaba sangre para ser parte de esta familia, ni para reclamar lo que era suyo por derecho.
—No… —dijo, con decisión—. No me llames más Thiago. Desde ahora… soy KENJI.
Gabriel frunció una ceja, sorprendido por la fuerza en su voz, pero sonrió con orgullo.
—Está bien… Kenji. Pero quedate acostado… tenés que guardar reposo.
Kenji negó con la cabeza.
—No puedo… —dijo—. Mi familia… me necesita.
Con un impulso brutal, se levantó de la cama. El aire alrededor de él tembló. La tierra bajo sus pies se estremeció levemente, como respondiendo a un llamado antiguo.
Gabriel puso una mano en su hombro, calmándolo sin detenerlo.
—Respirá… sentí el vínculo. Vos y yo… lo tomamos juntos desde que eras un niño. Ese es el poder que siempre estuvo esperando.
Kenji cerró los ojos, y en el lugar donde deberían estar, una banda azul luminosa cubrió sus ojos, flotando y girando levemente. Aunque no veía, sentía cada grieta de la tierra bajo sus pies, cada vibración en las calles, cada latido de vida alrededor de él.
La transformación comenzó. Su cuerpo se envolvió en una armadura natural de piedra y raíces que se entrelazaban con su propio aura, fuerte y flexible a la vez. La habitación tembló suavemente, y pequeños fragmentos de tierra se elevaron flotando como obedeciendo su voluntad.
Gabriel asintió.
—Ahora sí… ve.
—¿Qué…?
—Ve a ayudar a tu familia, hijo. —Dijo, firme—. Ellos te están esperando.
Kenji respiró profundo. Sintió la fuerza de la tierra a su alrededor, la energía fluyendo a través de él, recordándole que aunque no pudiera ver con sus ojos, podía ver todo lo que importaba.
Un escalofrío recorrió su espalda mientras salía de la habitación. Cada paso que daba dejaba vibraciones, resonancias que conectaban su corazón con la ciudad y con sus hermanos.
Por primera vez, la familia estaba completa.
Y mientras Kenji se dirigía hacia el caos de la ciudad, Akróvan sintió algo que no había previsto: el cuarto poder había despertado, y esta vez no había error posible.




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