Elián: La Sombra Del Guardian

Tejedor de rupturas

••••••••••• Capítulo 22 •••••••••••

La grieta no se abrió como una herida.
Se abrió como un recuerdo mal colocado en el tiempo.

Lumi dio el paso hacia el portal creyendo que regresaría al hogar, al calor de Elián, al pulso tranquilo de Auric, al aliento tibio de Aurelian. Pero en cuanto su pie tocó la luz, algo crujió. No fue un sonido fuerte. Fue un desacomodo. Como cuando un reloj atrasa un segundo… y con eso cambia todo.

El mundo se plegó.

El aire se volvió más denso, la luz se estiró en filamentos delgados, y por un instante Lumi sintió que estaba cayendo hacia atrás dentro de sí mismo. Su cuerpo no dolía, pero su memoria sí. Como si alguien la tomara por los bordes y la girara.

Y entonces… lo oyó.

El arpa.

Una nota larga, melancólica, tan pura que parecía estar hecha de agua y vidrio al mismo tiempo.
La melodía que una vez había escuchado antes de que todo comenzara.
Antes del dolor.
Antes de la huida.
Antes del miedo.

Lumi abrió los ojos.

Estaba de pie en el mismo sendero de aquel día.
El cielo tenía el mismo tono suave, el viento movía las hojas igual que entonces. Incluso su respiración era la misma, insegura, curiosa, frágil.

—No… —susurró—. Esto no…

La grieta apareció detrás de él.

No era visible para los ojos comunes. Era como una vibración torcida en el aire, un espacio donde la luz se comportaba de manera incorrecta, donde las sombras parecían tener profundidad propia. El mundo seguía normal… pero algo estaba mal.

Y desde ese punto, algo comenzó a observarlo.

No tenía forma definida aún.
Primero fue solo una presencia.
Luego, un contorno.
Después, una figura que se construía con pedazos de realidades que no le pertenecían.

El antagonista mayor había llegado.

No caminaba. Deslizaba su existencia sobre el tiempo.
Cada paso suyo dejaba una pequeña distorsión, como si la historia dudara de sí misma.

Su voz surgió en la mente de Lumi antes de que pudiera verlo:

—Así que este es el origen de tu luz.

Lumi se giró de golpe. Su corazón latía desbocado.

La figura se volvió más clara: alta, esbelta, cubierta por capas de energía oscura y luminosa al mismo tiempo. No era sombra ni brillo; era la mezcla equivocada de ambos. Su rostro parecía humano… pero estaba compuesto de fractales, como si fuera una máscara sostenida por realidades rotas.

—¿Quién eres? —preguntó Lumi con un hilo de voz.

La figura sonrió, y ese gesto fue más aterrador que cualquier amenaza.

—Soy quien cuida que las líneas no se mezclen.
Soy quien borra lo que no debería existir.
Soy quien decidió que Aurelian… jamás debió nacer.

El aire se volvió helado.

Lumi retrocedió un paso.

—No… tú no sabes nada de él.

—Lo sé todo. Porque su existencia creó al Divergente.
Y el Divergente abrió el camino para mí.

Lumi sintió que las piernas le fallaban.

—¿Tú lo creaste?

—No. Yo solo aprovecho las grietas.
Las grietas siempre nacen de los corazones que aman demasiado.

La melodía del arpa continuaba a lo lejos, ajena a todo.
El chico que la tocaba aún no aparecía.
El recuerdo seguía su curso, ignorando la catástrofe que se estaba gestando.

—Has vuelto aquí —continuó el antagonista— porque este es el punto donde tu alma eligió sentir. Donde dejaste de huir. Donde te convertiste en luz.

Lumi apretó los puños.

—No puedes cambiarlo.

—No necesito cambiarlo.
Solo necesito corromper lo que nació después.

La grieta se abrió un poco más.

Dentro de ella, Lumi vio destellos:
Elián gritando su nombre.
Auric extendiendo la mano sin alcanzarlo.
Aurelian brillando, llorando, llamándolo sin voz.

—¡Déjalos fuera de esto! —gritó Lumi.

La figura inclinó la cabeza.

—No. Porque tú existes por ellos.
Y ellos existen por ti.
Y eso… es una debilidad maravillosa.

La grieta comenzó a absorber energía del recuerdo.
El cielo del pasado se tornó más pálido.
El viento perdió su temperatura.

El mundo estaba siendo drenado.

Lumi comprendió entonces algo terrible:

El antagonista no quería destruir.
Quería reemplazar.
Reescribir las líneas donde el amor había roto el destino.

—¿Cómo te llamas? —preguntó Lumi, temblando.

La figura lo miró con algo parecido a respeto.

—Me llaman de muchas formas.
Pero en Ithil, mi nombre verdadero es…

La grieta vibró con fuerza.

Noxarael, el Tejedor de Rupturas.

El nombre se grabó en el aire como una sentencia.

Y en ese instante, desde la distancia, la melodía del arpa cambió.
Se volvió más intensa.
Más viva.

Como si el pasado comenzara a reaccionar.

Lumi cerró los ojos y respiró profundo.

Tenía tres cosas consigo:
Los ojos cristal de Aurelian.
La valentía de Elián.
El corazón de Auric.

Y eso era suficiente para enfrentar incluso a un dios roto.

La grieta se expandió una última vez…

Con el destino sosteniéndose apenas por un hilo de luz.

Noxarael no nació.
Se formó.

Eso es lo primero que debe entenderse de él.

Antes de que existieran los nombres, antes de que Ithil se organizara como telar, antes incluso de que los destinos fueran líneas y no mareas caóticas… hubo rupturas. Errores naturales. Choques de voluntades. Decisiones imposibles que ningún hilo podía sostener.

Noxarael fue la conciencia que despertó dentro de esas rupturas.

No es oscuridad.
No es maldad.
Es corrección llevada al extremo.

Su esencia es simple y aterradora:
todo lo que no encaja debe ser eliminado o reescrito.

Para él, el amor no es sagrado.
Es una anomalía poderosa.
Un error hermoso que quiebra las estructuras perfectas.

Por eso Aurelian es una amenaza.
No porque sea peligroso…
sino porque demuestra que un error puede convertirse en creación.




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