***********Capítulo 24 ***********
La luz no salió de golpe.
Fue lenta… como una despedida.
Lumi sintió un frío extraño nacerle en el pecho, no físico, sino emocional, como si algo que siempre había estado ahí empezara a desprenderse suavemente. No dolía todavía, pero pesaba. Pesaba como cuando uno deja una parte de su infancia atrás sin darse cuenta.
Noxarael extendió su mano. No era una mano oscura ni monstruosa. Era serena, casi hermosa, hecha de sombras líquidas y destellos apagados.
—No tengas miedo —dijo—. La luz no se pierde. Solo cambia de dueño por un instante.
Lumi cerró los ojos.
Y entonces ocurrió.
Desde su pecho brotó un hilo luminoso, como un latido visible. Era la misma luz que lo había sostenido en la soledad, la que había amado sin condiciones, la que había recordado a Aurelian incluso cuando el universo lo separó de él. Esa luz tembló antes de desprenderse, como si supiera que estaba siendo ofrecida por amor.
Noxarael la recibió.
Por primera vez, su forma se volvió más definida. Más sólida. Más real.
Como si la existencia misma le hubiera sido prestada.
—Hermosa… —susurró—. Tu luz no es común. No nace del poder, sino del apego. De la esperanza. De la elección.
Lumi abrió los ojos. Sentía el pecho liviano… demasiado.
—¿Esto me cambiará? —preguntó.
Noxarael lo miró con una mezcla de admiración y algo que casi parecía respeto.
—Sí. Pero no te destruirá. Solo te hará más humano.
Esa palabra resonó extraño en el aire.
Humano.
—Ellos… —dijo Lumi con la voz frágil—. ¿De verdad no me recuerdan?
—No como tú los recuerdas —respondió Noxarael—. Para ellos eres una sensación que no saben nombrar. Una ausencia que duele sin rostro. Un sueño recurrente sin memoria.
Lumi apretó los puños.
—Entonces no importa. No necesito que me recuerden… solo necesito volver a verlos. Aunque sea desde cero. Aunque tenga que volver a ganarme su amor.
Noxarael sonrió, y por primera vez su sonrisa no fue cruel, sino profundamente triste.
—Eso es lo que te hace peligroso, Lumi. No tu luz… sino tu voluntad de amar incluso sin garantía.
El espacio comenzó a cambiar. Las memorias suspendidas se fragmentaron como cristal. El vacío se plegó sobre sí mismo. El tiempo se volvió lento, denso, como si el universo respirara antes de un salto.
—Están en una cabaña —dijo Noxarael—. Fuera del flujo normal del mundo. Congelados entre segundos que no avanzan. Protegidos y condenados a la vez.
—¿Quién los puso ahí?
Noxarael lo miró fijo.
—Yo no. Pero sé quién puede mantenerlos así… esperando.
Lumi tragó saliva.
—Entonces llévame.
Noxarael levantó la mano y tocó suavemente el centro de su frente.
—Cuando llegues, ellos no sabrán quién eres.
Pero tu corazón sí.
El entorno colapsó en luz blanca.
Antes de desaparecer, Noxarael dijo:
—Has hecho la elección más peligrosa de todas, Lumi.
Preferir el amor a la perfección.
Preferir el dolor a la ausencia.
Preferir la familia… a la eternidad.
Y eso…
eso te convierte en algo que ni siquiera yo puedo controlar.
Lumi sintió que caía.
No hacia abajo.
Hacia el recuerdo.
Hacia la promesa.
Hacia su hijo.
Hacia Auric.
Hacia Elián.
Con menos luz en el pecho…
pero con más verdad en el alma.
Desde el centro del pecho de Lumi brotó un hilo luminoso, delgado al inicio, tembloroso, como una respiración visible. Era cálido. Era vivo. Era la suma de todo lo que había amado sin saber cómo explicarlo. Esa luz no era poder: era memoria, elección, vínculo.
Noxarael extendió su mano.
No parecía un gesto de conquista, sino de recepción. Como quien acepta algo sagrado sin merecerlo del todo.
Cuando la luz tocó su palma, el espacio vibró.
El cuerpo de Noxarael cambió. Sus fracturas se estabilizaron, sus bordes se definieron. La mezcla caótica de sombra y brillo se volvió más armoniosa, más real. Por un instante, parecía casi humano.
—Hermosa… —susurró—. Tu luz no nace de la creación. Nace del apego. De la insistencia. De la incapacidad de rendirte.
Lumi sintió el vacío en su pecho.
No era dolor aún… era ausencia.
Como cuando despiertas y alguien que amas ya no está en la habitación.
—¿Esto me hará más débil? —preguntó.
Noxarael negó lentamente.
—Te hará más verdadero.
Humano.
Esa palabra cayó como un veredicto.
Lumi bajó la mirada hacia sus manos. Seguían brillando, pero ya no con la misma intensidad. Algo dentro de él se había entregado para siempre.
—Ellos… —dijo—. ¿De verdad no me recuerdan?
Noxarael guardó silencio unos segundos antes de responder.
—Te recuerdan como se recuerda un sueño que provoca nostalgia, pero no tiene rostro. Como una canción que hace llorar sin saber por qué. Tú eres una emoción sin nombre en sus corazones.
Lumi apretó los puños.
—Entonces no importa. No necesito ser reconocido. Solo… necesito estar cerca.
Noxarael lo observó con una expresión nueva. Algo que no era burla, ni superioridad. Algo parecido a la pena.
—Eso es lo que te vuelve imposible de corregir, Lumi. No tu luz… sino tu capacidad de amar sin exigir retorno.
El espacio comenzó a deformarse. Las memorias suspendidas en el aire se agrietaron como espejos antiguos. El tiempo dejó de sentirse lineal. Todo parecía respirar con dificultad.
—Están congelados —dijo Noxarael—. En una cabaña fuera del pulso normal del universo. No envejecen. No avanzan. No mueren. Pero tampoco viven.
—¿Por qué?
—Porque alguien quiso protegerlos de mí… encerrándolos en algo peor que el peligro: la pausa eterna.
El corazón de Lumi se estremeció.
—Llévame.
Noxarael lo miró largo, como si esa palabra confirmara algo que ya sabía.
—Cuando llegues… no sabrán quién eres. No te esperarán. No correrán a tus brazos.
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Editado: 20.01.2026