*********** Capítulo 28 ***********
La mañana llegó lentamente sobre Luna de Cristal.
Los lagos reflejaban tonos azules y plateados.
Las montañas brillaban bajo la luz de las lunas gemelas.
Y, por primera vez en mucho tiempo, Lumi no había podido dormir.
Porque seguía pensando en Nox.
En sus ojos.
En aquella tristeza que parecía haberse acumulado durante toda una eternidad.
En aquella pregunta que jamás pronunció en voz alta:
¿Por qué nadie me eligió a mí?
Y cuanto más pensaba en ello, más comprendía algo.
Nox no necesitaba un enemigo.
No necesitaba una batalla.
No necesitaba una lección.
Necesitaba algo mucho más difícil de encontrar.
Necesitaba amor.
Esa misma noche, Lumi regresó solo al Lago de los Espejos.
Auric no estaba de acuerdo.
Elián tampoco.
Pero ambos conocían esa mirada.
La mirada que aparecía cuando Lumi había tomado una decisión con el corazón.
Y cuando eso ocurría, era casi imposible detenerlo.
La superficie del lago permanecía inmóvil.
Silenciosa.
Lumi se sentó junto a la orilla.
Y esperó.
No sabía cuánto tiempo.
No sabía si funcionaría.
Pero esperó.
Finalmente habló.
—Sé que estás ahí.
Silencio.
—No vine a pelear.
Nada.
—Y tampoco vine a convencerte de nada.
El agua comenzó a oscurecerse lentamente.
Lumi sonrió.
—Hola, Nox.
La superficie del lago se agitó.
Y poco a poco una figura emergió entre los reflejos.
Nox.
Esta vez Lumi pudo verlo mejor.
Mucho mejor.
Parecía tener unos diecisiete o dieciocho años.
Era más alto que Aurelian.
Delgado.
Elegante.
Su cabello negro descendía hasta los hombros en mechones suaves que reflejaban destellos plateados cuando la luz los tocaba.
Su piel era pálida, casi luminosa.
Como si hubiera pasado una eternidad sin conocer el sol.
Sus ojos eran probablemente lo más hermoso y triste de él.
Plateados.
Brillantes.
Profundos.
Parecían contener galaxias apagadas.
Y detrás de ellos existía una soledad tan inmensa que resultaba difícil sostenerle la mirada.
Las alas oscuras descansaban a su espalda.
No eran exactamente negras.
Estaban formadas por fragmentos de sombra, estrellas rotas y pequeñas luces moribundas.
Como una noche que intentaba recordar cómo era brillar.
Nox observó a Lumi.
—Volviste.
—Sí.
—No deberías.
—Probablemente.
La respuesta sorprendió al muchacho.
—¿Entonces por qué estás aquí?
Lumi tardó unos segundos en responder.
Porque quería ser completamente sincero.
—Porque creo que nadie debería estar solo.
El silencio cayó sobre el lago.
Nox bajó la mirada.
Y durante un instante pareció más joven.
Más vulnerable.
Más humano.
—No sabes quién soy.
—Quizá no.
—No sabes lo que he hecho.
—Quizá tampoco.
Nox apretó los puños.
—Entonces deja de mirarme así.
—¿Así cómo?
La voz del muchacho se quebró.
—Como si valiera algo.
Aquellas palabras golpearon a Lumi directamente en el corazón.
Porque nadie decía algo así sin haber sufrido demasiado.
Lentamente se puso de pie.
Y caminó hacia él.
Nox retrocedió inmediatamente.
Instintivamente.
Como un animal herido.
Como alguien acostumbrado a que todo contacto terminara en dolor.
—No.
—Nox...
—No.
Su voz tembló.
—No hagas eso.
—¿Qué?
—No seas amable conmigo.
Lumi sintió lágrimas acumulándose en sus ojos.
Porque finalmente entendía.
Nox no desconfiaba de él.
Desconfiaba del cariño.
Desconfiaba de la bondad.
Desconfiaba de cualquier gesto que pudiera romper la única defensa que había construido durante eras.
—¿Por qué?
La pregunta salió apenas como un susurro.
Nox cerró los ojos.
Y entonces habló.
Por primera vez.
De verdad.
—Porque cuando fui creado no hubo celebración.
No hubo abrazos.
No hubo sonrisas.
La noche pareció oscurecerse.
—Me llamaron error antes de darme un nombre.
Las lágrimas comenzaron a descender por sus mejillas.
Silenciosas.
Antiguas.
—Me encerraron porque tenían miedo.
Me evitaron porque era diferente.
Me señalaron porque representaba algo que nadie quería mirar.
Su voz se rompió.
—Y después de un tiempo dejaron de verme como una persona.
Lumi ya estaba llorando.
Nox continuó.
—Era más fácil llamarme monstruo.
La última palabra salió cargada de siglos de dolor.
De siglos de abandono.
De siglos de soledad.
Y por primera vez en toda su existencia...
Nox se derrumbó.
No físicamente.
Emocionalmente.
Las lágrimas comenzaron a caer sin control.
Sus hombros temblaron.
Su respiración se quebró.
Y el muchacho que había sobrevivido a la oscuridad de los universos simplemente dejó de intentar ser fuerte.
Lumi no pensó.
No analizó.
No dudó.
Simplemente caminó hasta él.
Y lo abrazó.
Nox se congeló.
Completamente.
Como si el universo hubiera dejado de girar.
Porque nadie.
Absolutamente nadie.
Lo había abrazado jamás.
—Lumi... —susurró.
La voz apenas existía.
—Está bien.
—No...
—Está bien.
—No entiendes...
Las lágrimas caían cada vez más rápido.
—Nunca...
Nox intentó hablar.
Pero no pudo.
Lumi lo abrazó con más fuerza.
Como habría abrazado a Aurelian.
Como habría abrazado a Auric.
Como habría abrazado a Elián.
Sin miedo.
Sin condiciones.
Sin esperar nada a cambio.
Solo amor.
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Editado: 02.08.2026