Elián: La Sombra Del Guardian

Jardín de cristal

*********** Capítulo 30 ***********

Durante los siguientes días, Luna de Cristal volvió a encontrar su equilibrio.

Nox comenzaba lentamente a acostumbrarse a la vida que nunca imaginó tener.

Ya no caminaba como alguien esperando un ataque.

Ya no miraba cada puerta como una posible salida de emergencia.

Ya no se preguntaba cuándo llegaría el momento en que todos descubrirían que era diferente.

Aunque todavía tenía miedo.

Aunque todavía había heridas que dolían.

Ahora tenía algo que antes parecía imposible.

Tiempo para sanar.

Pero mientras todos observaban el cambio de Nox...

Alguien más permanecía en silencio.

Elián.

Lumi fue el primero en notarlo.

No fue algo evidente.

Elián seguía sonriendo.

Seguía ayudando.

Seguía acompañando a todos.

Pero había momentos...

Pequeños momentos...

En los que su mirada se perdía.

Como si una parte de él estuviera muy lejos.

Una mañana, mientras Aurelian entrenaba con Nox en el jardín de cristal, Lumi encontró a Elián sentado junto al lago.

Observando el reflejo del cielo.

—Sabía que te encontraría aquí.

Elián sonrió ligeramente.

—¿Tan predecible soy?

Lumi se sentó a su lado.

—No.

Hizo una pausa.

—Pero sé cuándo alguien está cargando algo solo.

Elián bajó la mirada.

Aquella frase era demasiado parecida a las que él mismo había dicho tantas veces.

Y ahora alguien se la decía a él.

—Estoy bien.

Lumi sonrió.

—Esa frase siempre significa que no lo estás.

Elián soltó una pequeña risa.

—Supongo que aprendiste demasiado de mí.

—O quizá aprendí de todos ustedes.

El silencio llegó.

Pero esta vez no era incómodo.

Era un espacio para hablar.

—Todos están cambiando.

Dijo Elián después de un momento.

Lumi lo miró.

—¿Eso es malo?

—No.

Negó lentamente.

—Es hermoso.

Observó hacia donde estaban los demás.

Aurelian riendo.

Nox intentando entender un juego que claramente no comprendía.

Auric fingiendo que no estaba emocionado por verlo cambiar.

—Solo me pregunto dónde quedo yo.

La confesión tomó a Lumi por sorpresa.

—¿Qué quieres decir?

Elián respiró profundamente.

—Lumi encontró su propósito cuando nació Aurelian.

Miró hacia él.

—Auric encontró el suyo protegiéndolos.

Después observó a Nox.

—Incluso Nox está descubriendo quién es.

Sus ojos bajaron.

—Pero yo...

Lumi guardó silencio.

Porque sabía que aquella frase tenía mucho detrás.

—¿Tú qué?

Elián tardó en responder.

—Yo siempre he sido el que acompaña.

El que ayuda.

El que sostiene.

Una sonrisa triste apareció en su rostro.

—Pero a veces me pregunto quién me sostiene a mí.

Lumi sintió un dolor profundo.

Porque Elián había sido eso desde el principio.

Una fuerza tranquila.

Una persona que estaba cuando alguien más lo necesitaba.

Pero pocas veces alguien se detenía a preguntarle si él estaba bien.

—Elián.

El muchacho levantó la mirada.

—Tú también eres parte de esta familia.

—Lo sé.

—No.

Lumi negó.

—Creo que todavía no lo entiendes.

Elián quedó en silencio.

—No eres importante porque ayudas a los demás.

Una pausa.

—Eres importante porque eres tú.

Aquellas palabras hicieron que Elián desviara la mirada.

Como si fueran demasiado difíciles de aceptar.

Esa noche, Elián caminó solo por los bosques de cristal.

Necesitaba recordar.

No porque quisiera sufrir.

Sino porque había partes de su historia que nunca había contado completamente.

Partes que mantenía guardadas.

Llegó hasta un antiguo árbol de cristal.

Uno que había sobrevivido desde antes de que muchos mundos existieran.

Colocó una mano sobre el tronco.

Y cerró los ojos.

—Hace mucho que no venía aquí.

Una voz respondió detrás de él.

—Entonces era un buen momento para regresar.

Elián se giró sorprendido.

Era Nox.

—¿Me seguiste?

Nox negó.

—No.

Miró alrededor.

—Creo que entendí dónde ir cuando alguien necesita estar solo.

Elián sonrió.

—Eso suena como algo que Lumi diría.

—Estoy aprendiendo.

Ambos guardaron silencio.

Dos personas que habían pasado demasiado tiempo observando a otros sufrir.

Pero que ahora comenzaban a verse entre ellos.

—Tú también tienes recuerdos difíciles.

Dijo Nox.

Elián bajó la mirada.

—Todos los tenemos.

—Pero tú los escondes mejor.

Aquella frase lo sorprendió.

Porque era exactamente cierto.

—¿Cómo lo sabes?

Nox miró sus propias manos.

—Porque yo hice lo mismo.

Elián observó al Bosón Oscuro.

Y por primera vez no vio a alguien que necesitaba ser salvado.

Vio a alguien que entendía.

—¿Sabes qué es extraño?

Preguntó Elián.

—¿Qué?

—Pasé mucho tiempo intentando que otros no se sintieran solos.

Sonrió débilmente.

—Y nunca pensé que yo también podía estarlo.

Nox permaneció en silencio.

Después dijo algo sencillo.

Algo que había aprendido recientemente.

—Entonces ya no estás solo.

Elián lo miró.

Y esa frase, dicha por alguien que había sufrido tanto como él, tuvo un significado diferente.

Porque no era una promesa vacía.

Era comprensión.

Muy lejos de ellos, Lumi observaba desde la distancia.

Y sonrió.

Porque entendió algo importante.

Nox necesitaba aprender que era bueno.

Pero Elián necesitaba aprender algo igual de importante.

Que no tenía que ganarse un lugar.

Ya lo tenía.

Porque en aquella familia...

Nadie era amado por lo que hacía.

Eran amados por existir.




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