Elián: La Sombra Del Guardian

Mis hijos han regresado

*********** Capítulo 32 ***********

La paz había regresado a Luna de Cristal.

Por primera vez en mucho tiempo no había amenazas.

No había maldiciones.

No había guerras.

Solo el sonido del viento recorriendo los jardines iluminados por miles de luciérnagas cristalinas.

Y Lumi había tomado una decisión.

—¿Una cena?

Preguntó Auric.

—¿Una cita?

Preguntó Elián.

Lumi sonrió.

—Después de todo lo que hemos vivido creo que nos la merecemos.

Nox observó la escena desde el sofá.

Aurelian estaba dormido sobre sus piernas.

Las pequeñas alas del niño se movían de vez en cuando mientras soñaba.

—Yo puedo quedarme con él.

Dijo Nox.

Lumi se acercó.

Por un instante dudó.

Aurelian era lo más valioso que tenía.

Pero entonces observó la forma en que Nox lo protegía incluso mientras dormía.

Como si el pequeño fuera un tesoro.

—Gracias.

Susurró Lumi.

Nox sonrió.

Una sonrisa pequeña.

Sincera.

—Diviértanse.

Auric levantó una ceja.

—Eso sonó sospechoso.

Todos rieron.

Aquella noche, Lumi condujo a Auric y a Elián hasta una pequeña terraza suspendida sobre uno de los lagos de cristal.

El lugar parecía salido de un sueño.

Miles de flores luminosas flotaban sobre el agua.

Las estrellas azul-plateadas brillaban sobre sus cabezas.

Y las luciérnagas de cristal iluminaban el sendero.

Durante un rato simplemente hablaron.

Recordaron aventuras.

Errores.

Momentos absurdos.

Momentos dolorosos.

Momentos hermosos.

Y poco a poco...

Las palabras comenzaron a escasear.

Porque algunas veces el amor no necesita conversación.

Solo presencia.

Auric observó a Lumi.

Lumi observó a Elián.

Y Elián observó a ambos.

Aquella familia había nacido de formas imposibles.

Habían sobrevivido a tormentas capaces de destruir universos.

Y aun así...

Seguían allí.

Juntos.

—Los amo.

Dijo Lumi de repente.

Sin adornos.

Sin discursos.

Solo la verdad.

El silencio que siguió fue profundo.

Auric tomó una de sus manos.

Elián tomó la otra.

—Nosotros también te amamos.

Respondió Auric.

Los ojos de Elián se humedecieron ligeramente.

—Más de lo que las palabras pueden explicar.

Lumi sintió que el corazón se llenaba.

Porque durante mucho tiempo había tenido miedo de perderlo todo.

Y ahora estaba allí.

Entre las dos personas que más amaba en el universo.

La brisa nocturna acarició sus rostros.

Las luciérnagas giraban lentamente alrededor de ellos.

Y entonces Auric se inclinó para apoyar su frente contra la de Lumi.

Elián hizo lo mismo.

Los tres permanecieron así.

En silencio.

Escuchando sus respiraciones.

Sintiendo el calor de los otros.

Sintiendo que después de tantas batallas todavía podían encontrarse.

Todavía podían elegirse.

Todavía podían amarse.

A lo lejos, una estrella fugaz cruzó el cielo.

Y Lumi sonrió.

Porque comprendió algo.

Las grandes historias no se construyen únicamente con guerras y milagros.

También se construyen con momentos como aquel.

Con manos entrelazadas.

Con miradas sinceras.

Con corazones que deciden quedarse.

Una y otra vez.

Sin importar cuántas veces el universo intente separarlos.

La noche continuaba extendiéndose sobre Luna de Cristal.

El lago reflejaba las estrellas como un espejo infinito.

Las luciérnagas danzaban lentamente alrededor de la terraza suspendida.

Y por primera vez en mucho tiempo...

No existía ninguna urgencia.

Ningún enemigo.

Ninguna batalla.

Solo ellos.

Lumi apoyó los brazos sobre la barandilla de cristal.

El viento movía suavemente su cabello.

Durante unos instantes observó el reflejo de las estrellas en el agua.

Luego sonrió.

—¿Saben algo?

Auric y Elián lo miraron.

—Cuando era más joven imaginaba cómo sería mi vida.

Una pequeña risa escapó de sus labios.

—Y jamás imaginé algo como esto.

Auric se acercó.

—¿Algo como qué?

Lumi lo observó.

Después miró a Elián.

Y finalmente al cielo.

—Tener un hogar.

Aquellas palabras hicieron que el silencio se volviera más profundo.

Porque los tres sabían lo que significaban.

Los tres habían conocido la soledad.

Los tres habían tenido miedo de quedarse atrás.

Los tres habían perdido algo importante en algún momento de sus vidas.

—Yo tampoco lo imaginé.

Reconoció Auric.

—Hubo un tiempo donde creí que siempre tendría miedo.

Lumi tomó una de sus manos.

Auric bajó la mirada.

Y sonrió.

Porque ya no era aquel muchacho roto por las tormentas.

Ahora tenía algo que jamás había tenido.

Personas por quienes volver.

Elián observó la escena en silencio.

Una sensación cálida se instaló en su pecho.

Pero también algo más.

Nostalgia.

—¿Y tú?

Preguntó Lumi.

—¿Qué imaginabas cuando eras pequeño?

Elián soltó una suave carcajada.

—Sobrevivir al día siguiente.

La respuesta fue sencilla.

Demasiado sencilla.

Y precisamente por eso dolió.

Lumi se acercó lentamente.

Hasta quedar frente a él.

Sus ojos brillaban con ternura.

—Ya no tienes que hacerlo solo.

Susurró.

Aquellas palabras hicieron que algo dentro de Elián se estremeciera.

Porque después de Umbrael...

Después de todo lo ocurrido...

Aquella frase significaba más que nunca.

Auric colocó una mano sobre su hombro.

—Nunca más.

Añadió.

Y por un momento Elián no pudo hablar.

Solo observó a ambos.

Intentando memorizar aquel instante.




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