Elizabeth

Capítulo VIII

Habían pasado unas pocas horas desde que Isabella había regresado a su casa. Yo me quedé pensando en todo lo sucedido, pero cada vez que recordaba que comencé a desvestirme sin darme cuenta, la cara me ardía de vergüenza. Seguí con mi día sin problemas; las cosas que me molestaban habían dejado de sonar tan fuerte gracias a Isabella. Will también se preocupó por mí, y al recordarlo decidí ir hoy al trabajo. No podía seguir dejando pasar los días. Pensé que, por tanta ausencia, ya no debería volver, pero no iba a saberlo hasta estar ahí.

Lo que pasó hasta las tres de la tarde no fue nada nuevo. Salí de casa con tranquilidad y, como tenía tiempo, decidí ir caminando. Llegué con unos minutos de sobra. Miré hacia la entrada, nerviosa, y sin dar muchas vueltas entré. Caminé con normalidad y escuché la voz de Will.

—Liz, viniste —dijo, algo sorprendido, pero con una sonrisa en la cara.
—Sí… creo que ya era hora de volver, no quiero perder mi trabajo.
—Ven, acompáñame para hablar con el jefe.

Lo seguí sin problemas, ya no estaba tan nerviosa. Creí que iban a despedirme o algo así, pero no: mi jefe se mostró muy amable y me dijo que era capaz de esperarme unos días más si lo necesitaba. Hacerlo me habría parecido un abuso por mi parte, así que aclaramos todo y me dijo que dos días iba a tener que hacer doble turno. No me molestó, no podía salir tan limpia de esto después de todo.

El trabajo fluyó con normalidad, como de costumbre, aunque a veces miraba demasiado a la gente que entraba al bar, pensando que tal vez esa persona regresaría. Pero esa preocupación se disipaba en pocos segundos.

El bar estaba más tranquilo de lo normal. Faltaba poco para que terminara mi turno cuando Will se acercó a la barra, apoyándose con ese aire relajado que siempre tenía.

—¿Sabes? —empezó, con una media sonrisa—. Hay algo que creo que debería contarte.

Lo miré con curiosidad, mientras terminaba de secar un vaso.
—¿Qué cosa?

—Hace unos días, Isabella vino a buscarte. —Sus palabras me hicieron detenerme un segundo—. Se notaba que estaba preocupada, Liz… mucho. Me pidió tu dirección, y… bueno, se la di.

No sentí molestia, ni siquiera sorpresa. En cambio, una sensación cálida me recorrió el pecho.

—¿De verdad vino hasta acá? —pregunté, bajando un poco la voz.
—Sí. No parecía una visita casual, ¿sabes? Tenía esa mirada de “no me iré hasta que me digan dónde está”. Y cuando alguien se preocupa así por ti… no podía quedarme callado.

Sonreí, dejando el vaso a un lado.
—No me molesta, Will. Al contrario, te lo agradezco. Si no fuera porque le diste mi dirección, no habría… bueno, no habría vuelto aquí tampoco.

Will me miró un segundo, como evaluando mis palabras, y luego soltó una pequeña carcajada.
—Sabía que estaba haciendo lo correcto. Además, te hacía falta que alguien te sacudiera un poco.

—Supongo que sí… —admití, sonriendo de lado.

Se apoyó más cerca de mí, bajando el tono de voz.
—Liz, a veces necesitamos que alguien cruce esa línea por nosotros. Y parece que Isabella está dispuesta a hacerlo.

Sus palabras me dejaron pensando. No había enojo, ni incomodidad. Solo gratitud. Me di cuenta de que, de alguna forma, Will había sido una pieza clave para que yo no me encerrara más en mi mundo.

—Gracias, Will. —Lo dije con sinceridad, mirándolo a los ojos.
—Para eso estoy —respondió con una sonrisa tranquila, antes de volver a su trabajo.

Will volvió a apoyarse en la barra, como si supiera que yo tenía algo más que contar. Su mirada curiosa me hizo soltar un suspiro.

—Hay… otra cosa que pasó. —Lo dije bajito, con los brazos cruzados como si así pudiera protegerme de la vergüenza.

—Ajá… —dijo él, arqueando una ceja y apoyando el codo en la barra—. Suena interesante.

—Cuando Isabella vino a buscarme… le pedí que se quedara en mi casa esa noche. —Sentí mis mejillas arder.
Will abrió los ojos un poco, sorprendido, pero su sonrisa no se borró.

—Vaya… eso es nuevo. ¿Y qué pasó?

—Nada malo —me apresuré a aclarar—. Charlamos mucho, me sentí… tranquila, y por primera vez en mucho tiempo dormí bien. Fue bonito.
—Bonito, ¿eh? —repitió él, divertido.

Me llevé las manos a la cara y solté un suspiro resignado.
—Y esta mañana… cuando me estaba cambiando… —lo miré apenas por encima de mis dedos, sintiéndome ridícula—, casi me desnudo frente a ella sin darme cuenta.

Will soltó una carcajada sincera, apoyándose en la barra mientras negaba con la cabeza.
—¡No puede ser, Liz! —dijo entre risas—. Me encantaría haber visto tu cara en ese momento.

—Estaba roja como un tomate —admití, ocultando otra vez el rostro.

Él bajó un poco la voz y me miró con picardía.
—Entonces… —se inclinó un poco hacia mí, guiñándome un ojo—, dime la verdad… ¿pasó algo entre ustedes dos anoche?

Le lancé una mirada entre indignada y avergonzada.
—¡No! —respondí rápido, sintiendo que el calor en mi cara se duplicaba.

Will rio aún más fuerte, levantando las manos como si se rindiera.
—Está bien, está bien. Pero, Liz… no me lo cuentes si no quieres. Igual se te nota cuando alguien te importa.

Sus palabras me dejaron en silencio por un momento. Me mordí el labio, mirando hacia un lado.
—No sé qué siento exactamente —confesé—, pero… ella me hace bien. Mucho.

Will me miró con una sonrisa suave, como quien entiende más de lo que dice.
—Entonces ya tienes tu respuesta.

El resto del turno pasó rápido, aunque mis pies dolían por tantas horas de pie. Cuando el reloj marcó las once en punto, suspiré aliviada: por fin podía volver a casa. Me despedí de Will, que solo me sonrió como si supiera que tenía la cabeza en otro lado, y salí del bar.

La caminata de regreso fue tranquila. El barrio estaba silencioso, apenas iluminado por los faroles que esparcían círculos de luz amarillenta sobre la vereda. Algún perro ladraba a lo lejos, y el viento fresco de la noche me hizo apurar el paso. Había algo reconfortante en esa calma, aunque mi mente seguía ocupada por las palabras de Will y por la sonrisa de Isabella.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.