Elizabeth

Capítulo X

Caminaba hacia la universidad con el ceño fruncido, todavía pensando en lo que había pasado con Carol. No podía quitarse de la cabeza esas palabras hirientes, esa forma en la que había intentado minimizar a Liz como si no valiera nada. Cada vez que lo recordaba, el enojo le volvía a la boca del estómago, un ardor que no terminaba de apagarse.

Al llegar al campus, la vi. Emma estaba esperándome cerca de la entrada, como siempre sonriente, pero junto a ella estaba Carol. Me detuve un segundo, apretando la mandíbula, y decidí en ese instante que no le daría ni un segundo de mi atención. Respiré profundo y caminé hacia ellas.

—¡Emma! —dije con una sonrisa amplia mientras la abrazaba fuerte, como si solo existiera ella en ese lugar. No dirigí ni un vistazo hacia Carol, aunque sabía que me observaba.

—Isabella, qué bueno verte —me respondió Emma, devolviéndome el abrazo.

Me aparté y, con toda la intención de que Carol escuchara cada palabra, añadí:
—Quería agradecerte por cómo trataste a Liz el otro día. De verdad, fuiste un sol con ella, y se sintió muy cómoda gracias a ti.

Noté de reojo un movimiento, la incomodidad de Carol, pero no la miré.

—Ah, y por cierto —agregué con naturalidad, como quien comparte algo casual—, Liz te manda saludos.

Era mentira. Aún no había hablado con Liz desde la última vez que nos vimos, pero sentí un extraño placer al ver cómo se tensaba el aire alrededor.

Emma sonrió, encantada con el gesto.
—¡Qué linda! Dile que yo también le mando saludos.

Yo asentí con suavidad, todavía sin girar hacia Carol. Me acomodé la mochila en el hombro y, sin más, di un paso atrás.
—Bueno, me tengo que ir. Nos vemos en clase, Emma.

Y entré a la universidad sin siquiera dirigir una mirada a Carol. Ni una palabra. Ni un gesto. Solo silencio y distancia, que a veces podían herir más que cualquier discusión.

El receso me llevó directo a la cafetería. Pedí un café y me senté en una de las mesas junto a la ventana, necesitaba un momento de calma antes de la siguiente clase. Me quedé mirando hacia afuera, intentando despejar mi cabeza, cuando sentí una sombra acercarse. No necesité girar del todo para saber quién era.

Carol.

Respiré hondo, ya preparada para lo que venía.

—Isabella, ¿podemos hablar? —su voz sonaba insegura, como si buscara una rendija por donde entrar.

Levanté la vista despacio y la miré apenas un instante, lo suficiente para dejar claro que no estaba de humor.
—No, Carol. No quiero hablar contigo.

Ella se sentó frente a mí de todos modos, ignorando mi negativa. Ese gesto me encendió aún más por dentro.
—Por favor, solo escúchame…

—Ya te escuché la otra vez —la interrumpí, calmada pero firme—. Escuché perfectamente lo que pensabas de Liz. No necesito más.

Carol se mordió la lengua, bajando la mirada, pero insistió:
—No quise decirlo de esa forma…

Dejé mi taza sobre la mesa, empujándola un poco hacia adelante como si así pudiera marcar más distancia.
—Carol, voy a ser muy clara: ahora mismo no te considero mi amiga. —Lo dije despacio, sin subir la voz, pero con la frialdad que ella necesitaba escuchar—. No quiero verte, no quiero escucharte, y lo que más necesito es que me dejes en paz.

Sus ojos se abrieron un poco, sorprendida, pero yo continué antes de que intentara replicar:
—No busco estar cerca de ti. Así que, por favor, respétalo.

Tomé mi café y me levanté sin darle tiempo a responder. Sentí su mirada clavada en mi espalda mientras me alejaba, pero no volteé. No iba a darle ese poder.

La clase avanzaba lenta, con la voz del profesor convirtiéndose en un murmullo lejano. Yo trataba de anotar algo, pero mi mente seguía cargando con el mal rato de la mañana. De repente, el sonido de mi celular vibrando sobre la carpeta me hizo mirar de inmediato.

Era un mensaje de Liz.

"Hola Isa, ¿te gustaría venir a cenar esta noche a mi casa? Mi mamá quiere conocerte… y también dije que podías traer a Emma si querías. Será algo tranquilo, en casa. ¿Te animas?"

No pude evitar que mis labios se curvaran en una sonrisa. El corazón me dio un vuelco, pero traté de contenerme, no quería parecer una niña emocionada en medio de clase. Solo me incliné un poco sobre el celular y respondí rápido:
"Claro, allí estaremos. Gracias por invitarme, Liz ♥."

Después de enviar el mensaje, la clase se volvió interminable. Miraba el reloj cada cinco minutos, con una impaciencia que me costaba disimular. Quería que sonara la campana de una vez para poder ir a buscar a Emma.

Cuando por fin terminó, recogí mis cosas casi de inmediato y fui hacia el patio. La encontré cerca de la salida… con Carol a su lado. Fruncí un poco los labios, pero decidí no darle importancia.

Me acerqué directo a Emma, como si Carol no existiera.
—Emma, ¿tienes planes esta noche? —pregunté con tono casual, aunque no pude evitar sonreír.
—No, ¿por qué? —respondió curiosa.

—Liz nos invitó a cenar a su casa. Su mamá quiere conocerme y también te incluye a ti. ¿Quieres venir?

Los ojos de Emma se iluminaron de inmediato.
—¡Obvio que sí! —respondió con entusiasmo—. Me parece algo muy dulce de parte de Liz… ella se ve reservada, y si te está abriendo esa parte de su vida, debe ser porque le importas mucho.

Esa frase me llenó de calor por dentro, más de lo que esperaba. Asentí, feliz, aunque sin exagerar.
—Lo sé… yo también lo sentí así.

A un lado, noté cómo la expresión de Carol se endurecía, contenida, molesta. Abrió la boca como para soltar algo, pero Emma se adelantó con naturalidad, posando su mano en el brazo de Carol y sonriendo.
—Será divertido, Isa. Gracias por invitarme.

Carol apretó los labios, guardando silencio. Yo, por mi parte, ni siquiera giré hacia ella; solo mantuve mi atención en Emma, con la certeza de que Carol no tenía ya ningún lugar en mis planes.




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