Capítulo 12:
Comienzo a toser como si no hubiera un mañana, sí, la lluvia de hace dos noches me había pasado factura. No fue la mejor idea haber tenido aquella conversación con Ethan y menos aquel beso, aún menos caminar bajo esas condiciones. ¡Diablos! Sus palabras y declaración se repetían en mi cabeza como una grabadora. Una y otra y otra vez. ¿Qué debía hacer?
¿Abandonar la idea de la boda, tal vez?
Ya.
Mala idea no era y no podía fingir que la propuesta de dejar todo, no fuese tentadora. Porque sí, lo era. Pero -y he aquí uno de los malos- Eloise no dejaría que eso pasase. Ella quería a toda costa que mi boda con Ian se logrará, así yo caminará hacia una infelicidad asegurada. ¿Había otro motivo para tanta insistencia por este matrimonio? Sí, estoy mas que segura que lo había. ¿Cuál? No lo sabía con exactitud, pero lo averiguaría o haría el intento.
Volví a toser con fuerza, mi garganta dolió en el proceso. ¡Menudo resfriado he pillado! ¡Estupendo! Vamos mejorando, en serio. Nótese el sarcasmo.
Me tiré de espaldas al colchón, observando el techo de mi habitación. Mi Nana no me ha permitido salir, ya que quiere que me recupere. Aunque dudo mucho que estando encerrada, ayude en algo. Como deseaba ir a clases y así distraer mi mente de todo lo relacionado a Ethan. ¿Mi madre? Puedo asegurar que le ha dado absolutamente igual mi estado de salud, ya saben como es. Siempre tan dulce y atenta. ¡Agh!
Por otro lado, Nick ha querido saber o chismosear que me sucedió hace dos noches. Porque llegué en aquel estado y porque me fui en contra suya. Lo sé, que él no es culpable de nada de lo que venía sucediendo en mi vida. Ni en los sentimientos que Ethan dice tener hacia mí y menos aún que Ian este enamorado de otra chica. Que va, era mi culpa, por no tener los ovarios necesarios para negarme a la boda. Por no ser capaz de hacerle frente a mi madre y de dejarle mandar en mi vida. Y sí, tienen razón, soy una jodida imbécil. Debería sentarme y contarle a Nick mi situación. Contarle las amenazas de nuestra dulce madre y como quiere enviarme a un matrimonio infeliz.
Aún así, no sabría como decirle. Temo su reacción, sé perfectamente que se opone a mi boda con Ian. Que odia que nuestros padres me obliguen a ella, solo para asegurarse la dichosa fusión de empresas y continuar con sus negocios. Maldición. Un suspiro cargado de frustración me invade y cierro un momento mis ojos, intentando que así el dolor de cabeza cese un poco, pero fallando totalmente en ello. Joder.
El sonido de la puerta siendo abierta capta mi atención, tras ella aparece mi Nana, con una bandeja en mano con mi desayuno. Una sonrisa se adueña de mi rostro y por este gesto, olvido por un momento todo aquello que me atormenta y aqueja.
—Moría de hambre, gracias —digo y me siento, así permitiendo que mi Nana me coloque la bandeja en las piernas.
—El joven Blaire ha vuelto a llamar —avisa sin más y me observa atenta a mi reacción, mientras me deja mi desayuno—. Sé que no debería meter mis narices y que no es asunto mío, pero se oía decaído y preocupado. Mi consejo es que le llamé, le diga que está bien y que cuando se recupere podrán hablar en persona —me dice, como quien no quiere la cosa.
—Es cierto, tienes razón, no es asunto tuyo Nana —aviso, en un tono calmado. Odio ser grosera con ella, porque sé que realmente se preocupa por mí y siempre vela por mi felicidad, no es como Eloise, pero no me apetecia hablar de Ethan y tampoco mejorar la situacion.
—Cielo, hazme caso, solo responde una de sus llamadas. Es triste querer hablar con alguien porque nos importa y la otra persona nos ignore. Así que si gustas, puedes tomar mi humilde consejo y llamar a ese joven que se nota a leguas que babea por tí —pide con una sonrisa y me muerdo la lengua, porque ganas no me faltan de mandar al demonio a Ethan.
¡Agh! Por eso odio que mi Nana me conozca tan bien, porque con solo verme sabe todo aquello que me aqueja y da los mejores putos consejos de todos. ¿Tiene razón? Sí, por supuesto. ¿Me estoy comportando como una niñata y cobarde? También es correcto.
Pero tengo miedo, de estos sentimientos que Ethan me hace sentir. De sus palabras, de sus besos, de sus promesas de que todo estará bien. Que esta dispuesto a enfrentar a mis padres por mí, que tengo la posibilidad de no casarme. ¡Diablos! ¿Es que será tan fácil como lo hace ver? No sé si estoy dispuesta a averiguarlo, ya que mi cobardía intenta que me quedé como estoy; a merced de Eloise.
—Si vuelve a llamar, solo dile que estoy bien y que se aleje —le ordenó a mi Nana, quien niega con su cabeza decepcionada por mis palabras—. Es mejor así, vale —aseguro, pero creo que más bien intento convencerme a mi misma. ¡Carajo!
¡Eres una tonta! Me decepcionas.
Ya, me da igual. Lo he decidido y es lo mejor que puedo hacer. Así le evitare un daño mayor, ya que la boda continuará y no quiero que se haga ilusiones de algo que nunca será posible.
Mi Nana suelta un sonoro suspiro.
—A veces eres una cabezota sin remedio —me regaña—. Ya eres lo bastante mayorcita, para empezar a pensar por ti y tu felicidad.
Esas son sus últimas palabras, antes de salir de la habitación y dejarme con un sabor amargo en la boca. Joder. Tiene razón, no puedo negarlo.
Unas inmensas ganas de gritar a todo pulmón me asaltan, comenzaba a sentirme abrumada. Todos decían lo mismo, de que debía pensar en mi felicidad. De que dejará de hacer todo lo que mi madre quiere y vea por lo que yo si deseo para mí. ¡Oh vamos! Lo hacen ver tan fácil, cuando realmente no lo es.
Y sí, sigo siendo una cobarde de mierda, que se excusa con que tal vez no es fácil. Lo admito, lo estoy siendo. ¿Pero puedo ser de otro modo? ¿Elizabeth Collins puede ser valiente una vez en la vida? No, por supuesto que no. Todo aquello que amenace su zona de confort, la asusta.