Elizabeth Blackthorne, sangre de reina

Capítulo 9: Freya

—¿Quién eres y qué quieres? —dijo mientras mantenía su brazo sobre mi cuello, cortándome el movimiento.

—¡Freya, ey! Está bien, está bien... Viene conmigo, suéltala —dijo Nathaniel detrás de nosotras.

Así fue, Freya, quien era la persona que me tenía del cuello, me soltó.

Cuando pude recobrar el movimiento la observé; era una mujer joven, se veía más madura que yo. Su piel era de tez canela, pero el resto de sus facciones no se percibían bien por la oscuridad y por un velo que llevaba, el cual cubría su cabello y parte de su rostro.

—Nathaniel —parecía impactada, quizá estaba sorprendida porque llevaba mucho tiempo sin ver a su compañero— Pasen, rápido.

Abrió la puerta ampliamente detrás de ella y nos hizo un gesto para que pasáramos a su cabaña. Al entrar, todo estaba lleno de velas que iluminaban el lugar. Lo primero que se veía era una mesa grande, con varias sillas a su alrededor. También había puertas, que supongo que daban a las habitaciones del lugar. Se veía bastante acogedor.

Freya se quitó el velo, y por fin pude ver el rostro de la mujer que llevaba buscando por tantos días. Su rostro era delicado, pero a la vez firme. Su cabello era negro ceniza y caía en ondas delicadas por su rostro, sus labios eran carnosos y sus ojos demostraban valor. Era realmente hermosa, y me sorprendía su juventud; al ser amiga de mamá, creí que tendría más edad.

—¿Qué es lo que quieren?

—Hablar contigo —dije, mi voz sonó casi como una gota de lluvia al lado de un trueno.

—Es lógico, pero deben necesitar algo más. Para que Nathaniel Crow se atreva a visitarme debe ser que el mundo se está acabando —Freya dio la espalda para dirigirse a una de las habitaciones; unos segundos después salió con un recipiente y comenzó a servir lo que parecía ser té.

—De hecho, te estoy visitando obligado, no te creas importante —giré a darle una mirada juzgona a Nathaniel. Si se comportaba como un inepto, Freya no nos ayudaría en nada.

—¿Por qué se quedan parados? Siéntense.

—Qué amable de tu parte...

—Necesito que hablen rápido, por favor. No suelo tener visitas y cuando las tengo no es positivo, menos de gente del reino —antes de poder preguntar, mi estúpido compañero interrumpió.

—Nosotros no somos cualquier gente del reino, no te pondremos en peligro.

—Uno nunca sabe. Es bastante extraño que vengas a visitarme después de casi cuatro meses; ni siquiera fuiste capaz de mandarme una mísera carta, pero apareces frente a mí con una niña bonita pidiendo ayuda, típico de Nathaniel —a medida que hablaba nos dejaba el té servido a cada uno, mientras se notaba el enojo en sus palabras. Y una gran curiosidad se sembró en mí.

—Primero, no aparecí porque quisiera, estoy...

—Contratado —terminé la frase dando un sorbo a mi té— ¿Podemos hablar, Freya? Realmente necesito tu...

—¿Contratado? —dijo Freya soltando carcajadas— Eso quiere decir que ahora trabajas para la gente rica.

—¿Gente rica? —pregunté. No me conocía, así que no tenía sentido que dedujera eso tan rápido de mí.

—Por favor, no le puedes mentir a nadie. La forma en la que agarras la taza, te sientas tan recta que podría usarte de tabla, no inclinas la cabeza, no haces ruido al tomar...

—Son modales básicos —interrumpí.

—Sí, modales básicos, cómo no... Ahora mira a Nathaniel: está sentado como si fuera su casa, hizo ruido más de tres veces; es más, ya se terminó la taza y estoy segura de que ni siquiera sabe que es taza y lo llama vaso —al girar mi cabeza, todo lo que decía Freya era cierto. Nathaniel, quizá apenado, se sentó correctamente y puso una mano sobre la mesa antes de hablar.

—Si te dejaras hablar entenderías todo, pero como siempre eres tan imprudente.

—¿Yo soy la imprudente?

—Sí, lo eres, siempre lo has sido y nunca has cambiado eso de ti.

—Quizá tú deberías pensar en cambiar antes de decirme qué hacer —Freya elevó su tono de voz.

—Freya, en serio necesito hablar contigo, después discuten sobre sus dramas amorosos o lo que sea —dije, casi exhausta de escucharlos pelear. Era obvio que habían tenido algún tipo de romance; se veían de una forma peculiar y, en vez de discutir con ira, discutían echándose en cara cosas del pasado.

Era de esperarse.

—¿Drama amoroso? ¿Están jugando algún juego de deducción rápida o qué? —dijo Nathaniel.

—Si fuese un juego, la niña bonita habría perdido, porque no tenemos nada amoroso —a esto último, dicho por Freya, Nathaniel soltó una risa sarcástica y ella pasó a sentarse frente a nosotros— Bien, habla, niña bonita.

—Gracias —dije, poniendo mis manos sobre la mesa— Freya, mi nombre es Elizabeth Blackthorne —observé su reacción; su expresión cambió en segundos. Su rostro juguetón, y a la vez enfadado, pasó a ser sorprendido y confundido.

—No me digas que...

—Soy la hija de Alice Nogeam de Blackthorne.

—No puede ser —seguía bastante impactada ante lo que había dicho; su mirada se tornó a la mesa, pensativa, y luego volvió a hablar— Alice me habló mucho de ti, solo que nunca pensé que...

—¿Que te buscaría? —ella solo asintió con la cabeza, volviendo su vista hacia mí— Tampoco yo, jamás pensé verme envuelta en esto, pero... Necesito respuestas, necesito saber qué le pasó a mi madre, Freya; vengo para que me cuentes todo lo que sabes.

—¿Todo lo que sé respecto a qué?

—Su vida, su amistad, su plan, su muerte...

—¡¿Muerte?! —Freya se levantó rápidamente de su silla y se vio confundida; se recostó en la pared, viéndome, esperando una explicación—Alice... ¿murió? —dijo alterada.

—¿No lo sabías? —no sé si estaba más confundida yo o ella. Creí que lo sabía; si era una amiga íntima de mi madre, lo más lógico era que lo supiera.

—No tenía... yo no sabía, yo... ¿Cómo murió? ¿De qué estás hablando?

—Encontraron su cuerpo en un río —dijo Nathaniel. Su frialdad y serenidad al decirlo me provocaron escalofríos. A otras personas les daba exactamente lo mismo— Freya, siéntate, no podemos hacer nada —giré a verlo, sorprendida por su indiferencia, y Freya obedeció.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.