Elizabeth Blackthorne, sangre de reina

Capítulo 10: Un Respiro

Me levanté con una fuerte migraña, no había podido dormir bien, y además sentía mis ojos pesados por las lágrimas que me generaron insomnio la noche anterior.

Estaba en la habitación de invitados de Freya, luego de la charla de anoche, cada uno decidimos descansar, sobre todo Nathaniel, quien durmió en un pequeño sofá, y yo. Debíamos ir dentro de poco a la ciudad, sería un nuevo comienzo para descubrir la verdad y seguir con el legado de mi madre, debía hacer justicia por ella y por todas las personas en el pueblo que sufrieron tanto, después de lo que me enteré no podía devolverme sin hacer nada.

Me levanté de la cama con poco ánimo y observé mi rostro en un espejo de madera pequeño, me notaba cansada, con leves ojeras y mis ojos estaban rojizos. Mi estado no era el mejor, me veía sucia, y la falda rosada que llevaba puesta estaba llena de barro por andar a caballo y correr. Tomé mi bolso, que tenía el collar que me regaló mi madre y un poco de dinero robado de Antonia, y me dirigí a la puerta.

Cuando me iba acercando a la salida de la habitación, escuché a Freya y Nathaniel conversando.

—¿Y crees que callando va a ser mejor? —decía Freya algo alterada.

—No tengo otra opción, todo lo hago también por ti, por una vez que me entiendas no estaría mal.

—¡¿Una vez que te entienda?!

—Baja la voz, Elizabeth está descansando.

—Yo siempre te entendí, eres tan obstinado que te cierras a no ver la realidad. Nathaniel, te lo digo como amiga, vas a tener problemas si no hablas.

—Tendré más problemas si lo hago, además, no estoy seguro.

—Bueno, es tu decisión. Yo tampoco creo que sea cierto, pero estaré pendiente.

Dicho esto último, decidí salir de mi habitación. Estaban ambos sentados, viéndose con una mirada que ocultaba algo. No puedo negar que la curiosidad de saber qué escondían era creciente, pero tenía preocupaciones mucho más grandes que ellos.

—Buenos días —dije con voz ronca.

—Al fin te levantaste, ya estaba por irte a tocar la puerta —respondió Freya, levantándose.

—Lamento interrumpir.

—Oh, no. No interrumpes absolutamente nada —dijo Freya dirigiéndole una mirada a Nathaniel— De hecho, estaba esperando que salieras para contarles el plan.

Freya dejó un pequeño plato repleto de tostadas para desayunar. Nathaniel tomó una rápidamente, como si no hubiese comido en días, yo, al contrario, no tenía apetito.

—Bueno —continuó ella —El tren pronto saldrá, el plan es el siguiente: cuando lleguen a la ciudad, cerca a la estación del tren, habrá una zapatería llamada Calzado Imperial, la reconocerán por su gran fachada roja. Necesito que se queden a esperar al frente de esa zapatería, allí estará esperándolos mi infiltrado, su nombre es Víctor. Es un hombre de tez negra, joven y con cabellos rizados, él les entregará una carta que será su entrada a la mansión Monclair.

—¿Es la carta que mencionaste ayer? ¿La que falsificarían? —pregunté.

—Exacto. Es una carta falsificada que dice que tienen programada una reunión dentro de tres días. Es muy importante que asistan, si no perderán la oportunidad.

—¿Por qué tres días? —cuestionó Nathaniel.

—Les dará tiempo para prepararse. No pueden presentarse así —Freya nos señaló algo despectiva—, se supone que son un lord y una duquesa, además, debes aprender modales si no quieres que te arresten por falsificación de identidad —le dijo a Nathaniel.

—De acuerdo, llegamos, nos preparamos, pero ¿qué voy a decir al llegar, cuál es el motivo de la reunión? —dije, me sentía aún confundida y aturdida con el plan, eran muchas cosas que hacer en poco tiempo.

—Buena pregunta, tú vas para conocer al lord Monclair, eres de otra ciudad y estás interesada en crear negocios con él, en la carta no especifica qué negocios. Pero sé lista, incluso puedes usar tus dotes femeninos, eso hacía Alice —Freya soltó una pequeña risa nostálgica.

—¿Dotes femeninos? Dudo mucho que sea capaz —dijo Nathaniel, dando un gran mordisco a su tostada.

—Si para hacer el plan me tengo que casar con el lord, lo haré, y soy muy capaz, inepto.

—Bueno, es mejor que salgan ya si no quieren perder el tren, deben tener mucho cuidado, no sabemos si el lord es de fiar. Y un último consejo, cómprense otra ropa.

—Eso ya nos lo diste a entender, sé que parecemos vagabundos —Nathaniel terminó de hablar y se levantó, sacudiendo las migajas de su ropa— Bien, vamos.

Repetí su acción, me levanté de la mesa, sin haber comido nada, y me acerqué a Freya para despedirme.

—Muchas gracias por todo, realmente fuiste de gran ayuda —le di un pequeño abrazo en forma de agradecimiento, sin ella no habría podido descubrir todo lo que se ocultaba tras las cortinas.

—No es nada, no tienes que agradecerme. Confío en ti —Freya me dio una pequeña sonrisa— Yo me quedaré acá a comentarles a todos sobre la muerte de Alice, y arreglaré otros asuntos, pero pueden enviarme razones con Víctor, yo estaré siempre que lo necesiten.

Antes de irme con Nathaniel, le brindé una última sonrisa de amabilidad. Caminamos hasta la salida de la cabaña, y antes de salir, Freya nos deseó buena suerte.

Cuando estuvimos afuera el sol adormeció mis ojos, miré a mis lados y no vi los caballos que habíamos dejado la otra noche. Supongo que se los robaron.

Comenzamos a caminar colina abajo, directo a la estación del tren que estaba bastante cerca.

—Espero que el tren no haya llegado —dije.

—Y si llega, podemos tomar el de mañana.

—No, tenemos que tomar el de hoy, en dos días no podré enseñarte nada de modales, ni podremos conseguir vestuarios.

—Por favor, los modales son sencillos.

—¿Ah, sí? Eso lo veremos cuando estés aprendiendo.

Fuimos caminando más rápido, ya cerca de la estación, subimos unas pequeñas escaleras metálicas y saludamos al anciano que era el encargado de dar los billetes de destino. La estación tenía pocas personas, y frente a nosotros había un tren grande que estaba saliendo de la estación a marcha lenta.




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