Ella era fea 2

El amor de una mujer inocente

Gera estaba despertándose, escuchó el sonido del agua en el baño, caminó hasta allí y entró.

—¿Ya te tienes que ir a trabajar? —le preguntó a Tomás.

—Sí, yo no tengo el privilegio de llegar a la hora que quiera al trabajo como tú —terminó de quitarse el jabón en todo su cuerpo.

En ese momento Gera entró y lo abrazó por la espalda.

—Me gustaría quedarme más tiempo contigo, así, los dos arrunchados dejando que pasen las horas, solo tú y yo —Gera dejó salir una pequeña risa traviesa.

—Pero no se puede, tengo cosas que hacer —Tomás hizo que Gera lo dejara de abrazar.

—Hoy voy a preparar una cena, te espero a las ocho, no vayas a faltar —informó. Tomás volteó a verla—. Estoy hablando en serio, prepararé una cena.

—No he dicho nada. Ahora deja que me termine de bañar —Tomás hizo que saliera de la ducha.

—Está bien… Ay, eres un seco de primera, tienes corazón de hielo —se burló la joven mientras salía del baño.

—Sí, de hielo sólido —escuchó que dijo Tomás mientras ella cerraba la puerta.

La joven caminó con una sonrisa desplegada hasta la cocina y preparó un café sin azúcar que empezó a beber, después de quince minutos Tomás bajó y tomó un poco de café mientras se preparaba un pan con jalea de mora. Gera reparó la camisa blanca remangada que tenía puesta Tomás, sus brazos fuertes se veían demasiado bien con esa camisa y aquel pantalón jeans.

—Cada vez me parece que te ves más guapo ¿qué es lo que haces? —dijo Gera, después mordió su labio inferior.

—Lo que tú ya no haces —respondió el joven.

—Sabes que no tengo tiempo, además, no creo necesitarlo, por más que coma no subo de peso —Gera arrebató el pan de las manos de Tomás y lo mordió, él dejó salir un resoplido.

—Se me hace tarde, tengo que irme —limpió sus manos con un pañuelo que estaba en el mesón de la cocina y se dirigió a la entrada del departamento.

Gera hizo un puchero y después caminó hasta el cuarto para empezar a alistarse. Se acercó a una ventana donde corrió un poco la cortina para poder mirar hacia la calle, allí estaba el carro de Tomás saliendo del edificio.

 

 

—Y no sé qué hacer, cada vez me veo más gorda cuando me miro en el espejo y Gabriel está muy extraño conmigo, ahora se va a ir de viaje con una amiga; imagínate, una amiga. Yo encontré una foto en su computador, tiene que ser ella ¿tú crees que me está siendo infiel? —Alejandra mordió su labio inferior mientras sus manos jugaban entre sí.

—¿Por qué me cuentas todo esto a mí y no a Keidys? —cuestionó Tomás.

—Ella está estresada con su problema del embarazo y la situación con Josef, además… No suelo hablar estas cosas con Keidys, como todos creen que yo no le pongo atención a mi peso… Tú me entiendes, prefiero hablarlo contigo, no preguntes por qué —Alejandra hizo un puchero mientras inclinaba su rostro.

—Entiendo, pero oye… No creo que Gabriel te esté siendo infiel, desde un principio sabías que él se rodeaba con modelos y que a ti te gusta comer despreocupadamente, esa es una muy mala combinación ¿no crees? —Tomás recostó su espalda al espaldar del sillón y carraspeó su garganta para que Alejandra alzara la mirada. Ella con algo de miedo miró a su amigo—, era muy raro que ustedes tuvieran una relación estable, por naturaleza propia eres una mujer demasiado complicada de entender; aunque, lo de tu peso puedes resolverlo, empieza a hacer ejercicio y lo de Gabriel… Tienes que hablar con él, las cosas siempre se solucionan cuando hay comunicación.

—¿Tú me ayudarías con los entrenamientos? —inquirió Alejandra.

—¿Por eso viniste a mi trabajo? —Tomás respingó una ceja.

—Sabes que yo te amo, ¿verdad? —Alejandra desplegó una sonrisa.

—Ese amor tuyo es tan interesado —Tomás soltó una carcajada.

—¿Cuándo comenzamos? —Alejandra se levantó del sillón que estaba en la oficina.

—Es cierto, te está saliendo barriga, Keidys te fue bastante franca —Tomás se cruzó de brazos.

Alejandra dejó salir un suspiro y se miró la barriga:

—Sí… Es que escribir todo el día hace que no me mueva para nada, por lo menos en la universidad tenía el estrés de las clases y eso hacía que bajara de peso, pero ahora no… Las pizzas son muy deliciosas y más si las acompaño con gaseosa negra bastante fría, eso me está costando tener una barriga enorme, Keidys y Claudia tendrán una barriga grande, pero es porque están embarazadas, yo no…

Tomás soltó una gran carcajada y Alejandra lo fulminó con una mirada.

—Tú eres quien hace que me burle, dices todas esas cosas y yo no puedo soportar la risa, mi naturaleza es burlona, no puedo hacer nada. Pero mira el lado positivo, puedes tomarte una foto con ellas e imaginar que tú también estás embarazada —Tomás volvió a soltar la carcajada.

—No sé por qué vine a verte, contigo no voy a resolver nada. Si tan solo Josef estuviera en la ciudad para poder hablar con él… —Alejandra salió de la oficina del restaurante de comida Fitness.




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