Ella era fea 2

Corazón frío

Mateo había llegado al apartamento de Alejandra para poder hablar con ella, sabía que no sería tan fácil explicarle su punto de vista, por naturaleza propia era muy sentimental y lo más seguro es que llorara, no estaba seguro de poder soportar ver correr las lágrimas por sus mejillas.

Para su sorpresa, la encontró limpiando, algo que era raro en ella.

—Es que no debo dejar que el apartamento se vuelva a desordenar —dijo Alejandra terminando de secar el mesón de la cocina.

—¿Gabriel ya va a volver? —preguntó Mateo recostado al mesón.

—Sí… Mañana, seguramente en la tarde, odia encontrar todo sucio —respondió la joven lavándose las manos en el lavaplatos—. Pero dime, ¿a qué se debe esta visita inesperada?, deberías estar atendiendo el restaurante ¿no?

—Ah… Sí, pero estaba cerca de aquí y quise venir a ver cómo estabas, como tenía varios días sin verte el rostro…

—Es que tengo que terminar el último libro de la saga, así que no tengo tiempo para salir, lo siento —los dos salieron de la cocina.

Mateo recordó lo que había hablado con Keidys antes de llegar allí:

—Alejandra no está bien con esa relación, la he visto muy deprimida en estos días, lo mejor es que hables con ella y le aconsejes que piense mejor las cosas, que se decida una vez en su vida. Alejandra a mí nunca me hace caso, en cambio, si quien le habla es su primo las cosas serán diferentes —dijo Keidys.

Mateo se sentó en un mueble frente a Alejandra:

—¿Y cómo va tu relación con Gabriel? —preguntó.

—Bueno… No es la mejor, ya sabes, él viaja mucho y… creo que eso ha afectado mucho nuestra relación —explicó Alejandra—, no es nada de lo que yo creí que podía vivir con él. Pero… aún así lo amo.

—Ay, Alejandra, si las cosas siguen así… ¿No crees que deberías tomar una decisión?, no puedes seguir con una relación tan inestable como esta, solo mírate, estás tan triste, ya no eres la misma.

Hubo un momento de silencio en la sala, el corazón de Alejandra comenzó a latir con gran fuerza, Mateo tragó en seco, se levantó y camino hasta poder sentarse al lado de su prima, uno de sus brazos comenzó a acariciar la espalda de la muchacha.

—Necesito decirte esto porque eres mi prima y te quiero mucho, no me gusta verte tan triste, no mereces esta vida que estás llevando —explicó el joven. Alejandra clavó su mirada en sus manos que jugaban entre sí.

—Mateo, lo que me pides no es fácil, todos estos años lo que siempre quise fue estar al lado de Gabriel.

—¿Y lo estás?, porque yo solo te veo encerrada en un apartamento completamente sola mientras él se va de viaje sin importar el dejarte aquí triste por mucho tiempo, eso es muy egoísta de su parte.

Alejandra levantó la mirada y observó fijamente a su primo, para Mateo fue algo bastante desagradable el notar los ojos de aquella muchacha llenos de lágrimas. La abrazó, fue la primera vez que pudo sentir el mismo dolor en el pecho que recorría por el cuerpo de su prima.

—Ay, Alejandra, lo siento mucho, no me gusta verte así, por eso debes tomar una decisión ¿no crees?, necesitas mejorar tu vida, no puedes seguir así —aconsejó.

Cuando Mateo se fue y Alejandra quedó en completa soledad se dio cuenta de la verdad que había en las palabras de su primo, sola, aunque con una mentira de relación que la volvía todos los días más miserable. Entró a su cuarto y se sentó en la cama, frente a ella había un cuadro con una foto donde estaban ellos dos abrazados con unas enormes sonrisas. Se tiró de espalda a la cama y el silencio era su única acompañante en esa tarde.

Su celular sonó, al contestar la llamada se dio cuenta que era Tomás:

—¿Qué haces? —preguntó Tomás.

—Nada, estoy en el cuarto aburrida ¿por qué? —contestó Alejandra.

—Voy a ir a manejar bicicleta, ¿quieres ir?

—No tengo ánimos de salir de mi cuarto.

—Anda, vamos, no seas aguafiestas —insistió Tomás.

—Está bien… —Alejandra no sabía el por qué aceptó, no quería ir, para nada.

El poder manejar le hizo despejar la mente, fue muy gratificante el salir a pedalear hasta el cansancio. Poder ver el sol descender lentamente por el horizonte.

—¿Qué tienes? —interrogó Tomás al verla muy triste, tanto, que parecía que quería llorar.

—Es que… ¿Te parece que tengo la vida desorganizada? —estaban sentados en una banca frente a un enorme mirador de la ciudad y gran parte de la playa.

—Si hablamos de tu vida sentimental… Esa relación por lo que sé no es muy buena para ti y te hace ver más miserable que cuando estabas soltera —contestó Tomás con mucha sinceridad.

—Sí que eres sincero —balbuceó Alejandra. Después hubo un momento de silencio donde la brisa fría del atardecer jugueteaba con el cabello de la joven—. Creo que lo mejor es acabar esta relación, no me hace bien, para nada —de pronto, sus lágrimas emergieron con un fuerte llanto que asustó a Tomás.

—Oye… —le iba a decir que se calmara, pero se dio cuenta que necesitaba desahogarse—. Mira el lado bueno, volverás a estar sola y podremos salir a muchos paseos, serás mi compañía solterona ahora —Tomás soltó una pequeña carcajada, hizo reposar sus brazos encima del espaldar de la banca, Alejandra se acercó más a Tomás y recostó su cabeza en el ancho pecho del joven, este acto le dio bastante lástima, se dio cuenta que Alejandra se sentía muy mal… —Ay, Alejandra —la abrazó—, a veces la vida no nos da lo que queremos, aunque no queramos hacerle daño a alguien y nos enfrascamos tanto en eso que terminamos haciéndole daño. Seguramente Gabriel nunca quiso hacer que te sintieras miserable, que estuvieras triste, pero a veces nuestras intenciones no se reflejan como queremos.  Solo mira mi caso, yo nunca quise que Gera sufriera, pero pasó; creo que en estas cosas uno no es el que decide, es la vida y como nosotros somos humanos… Nos equivocamos, de la peor manera —Tomás comenzó a sumergir sus dedos de las manos en el cabello de Alejandra—. Gabriel te quiere, solo que este no es el mejor momento para que ustedes estén juntos.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.