Ella era fea 2

La muerte detrás de ti

Todos salieron de la casa con mucho miedo a ver qué era lo que había explotado, la policía estaba rodeando un parqueadero donde se encontraba un auto prendido en llamas y había partes de éste tirados alrededor del lugar.

Josef quedó petrificado observando la magnitud de su situación, todo lo que su familia estaba creando y cuántas personas podían morir por su culpa, era una locura. Sus ojos recorrieron su alrededor mientras su piel comenzaba a erizarse y su mente se fundía en un ahogo total, como alguien que quiere llegar a la superficie de un profundo océano, sin embargo, no puede y pronto su cuerpo se hunde lentamente.  

Lo que había sucedido con aquel auto bomba era que se había explotado antes de tiempo, la idea era ponerlo frente a la casa de Josef y que la explosión consumiera a todos los que allí se encontraban, o sea que, si el plan hubiera funcionado toda la familia del joven y los más allegados a él habrían muerto, fue muy peligroso que se encontraran todos en un mismo sitio. Contaron con la dicha de que el auto se explotara mientras lo estaban llevando al lugar, solo murieron dos hombres en el acto, los trabajadores del Escurridizo.

Las personas se aglomeraban en el lugar para poder mirar el panorama y la prensa comenzaba a informar sobre el suceso, todos querían saber qué era lo que estaba pasando, ¿por qué la ciudad se sentía tan tensionada?

 

Keidys y Josef se encontraban en el cuarto con una pequeña luz tenue que solo les alcanzaba a distinguir sus rostros. Había mucha tensión en el ambiente y era de esperarse al haber acabado de presenciar la muerte en persona.

—Te vas mañana mismo —ordenó Josef a Keidys.

—No… Pero ¿por qué? Habíamos quedado que me iría la otra semana, no he organizado nada —replicó Keidys.

—¡¿Es que no viste lo que sucedió?! ¡Casi nos matan a todos con un carro bomba! ¡Hubiera sido una masacre! —se exasperó Josef. No sabía qué hacer, se sentía aturdido.

—¡Por eso es que tú también te tienes que ir Josef! ¡Te van a matar si te quedas! —pidió Keidys, caminó rápidamente a él y lo tomó de la camisa—. ¡Yo no me voy a ir si tú no te vas! ¡Deja de ser tan terco!

—¡Si me voy matarán a todos, él se saldrá con la suya! —gritó Josef.

—¡Prefiero que se salga con la suya antes de que te mate! ¡¿No te das cuenta que quiere acabar con toda tu familia?! —Keidys se apartó de Josef mientras sus lágrimas corrían por sus mejillas—. Él te matará si te quedas, a ti y a tu abuelo, solo por una estúpida pelea de dinero.

—Eso es lo que ha construido mi familia por décadas, ¡es lo único que tenemos!, toda mi familia siempre ha dado su vida a esas empresas, no vamos a dejar que un malandro como él venga a robarnos todo lo que tenemos.

—¿Así que no importa si te mata? ¡¿Qué haces con ganarle y no poder vivir?! ¡No vas a conocer a tu hijo y él tendrá que llevar la misma vida miserable que tú has tenido! ¡Y todo por la avaricia! —gritó Keidys llena de mucha impotencia.

La joven salió del cuarto dejando a Josef petrificado y a punto de soltar el llanto. Se sentó en un bordillo de la cama y llevó sus manos a su cabeza mientras las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos. Esas últimas palabras de Keidys fueron puñales clavados directos en su corazón.

Alejandra vio cuando Keidys salió del cuarto ahogada en llanto, se acercó a ella muy preocupada:

—¿Qué sucedió amiga? —preguntó. Keidys solo se limitó a abrazarla y así poder desahogarse.

Tomás estaba con Santiago de pie divisando el horrible panorama que mostraba la situación, los dos se encontraban con los brazos cruzados declarando con sus rostros que, por su mente las salidas que tenían no eran muy buenas.

—Perdón, estaba enojado contigo cuando me enteré que te habías vuelto novio de Gera. Pensaba que me habías traicionado al fijarte en la ex de uno de tus mejores amigos —dijo de la nada Tomás. Esas palabras sorprendieron a Santiago quien rodó rápidamente su mirada al joven.

—¿En serio? Pensaba que no me hablabas porque había criticado tu estilo de vida la vez que fuimos a comer pizza y pediste una vegetariana —soltó Santiago y los dos dejaron salir una carcajada, pero después esfumaron las sonrisas, la situación no ameritaba el buen ánimo.

—¿Crees que me voy a enojar por algo así?, qué tiempos aquellos —Tomás dejó salir un suspiro y después clavó su mirada al gran portón y los muchos policías que pasaban de un lado a otro.

—¿Crees que saldremos vivos de ésta? —inquirió Santiago.

—Debes hacerlo, me gustaría que te casaras con Gera, que la hicieras feliz, has lo que yo nunca hice —respondió Tomás.

—No te trates así Tomás —Santiago sumergió sus manos en los bolcillos de su pantalón—. Tengo la esperanza de verte con una buena mujer y que la sepas valorar. Te aseguro que sin darte cuenta conseguirás a una chica que te haga cambiar, seguramente la tienes a tu lado y no te has dado cuenta que está allí. Además, con lo inmortal que eres sé que saldrás vivo de esta.

—Gracias —Tomás desplegó una sonrisa, en aquel momento Gabriel llegó hasta donde estaban ellos.

—¿Por qué esas caras? —preguntó Gabriel—. ¿Se están despidiendo o qué?




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