Ella era fea 2

No te lo dije, pero, te amo

Josef quedó petrificado mientras que Santiago se detenía en seco al ver aquel horrible accidente. A Josef se le comenzaron a salir las lágrimas, no podía entender lo que Gabriel le decía por el celular, él solo quedaba reparando los autos que quedaron accidentados frente a ellos, suplicando que no fuera lo que él estaba pensando.

—Josef, ese auto es gris, el que se chocó —soltó Santiago después que pasó el accidente.

—No, no, no, ¡no puede ser! ¡Keidys! —gritó Josef mientras se bajaba del carro, no le importó que comenzara a caer una fuerte lluvia.

—¡Josef! —gritó Santiago mientras comenzaba a bajarse del auto—. ¡Espera, puede que no sea ese!

—¡No, no, no…! ¡Keidys, no! —gritó Josef a medida que se iba acercando al auto.

Gabriel podía escuchar los gritos de Josef, a su alrededor estaban sus amigos.

—¿Qué sucede? —preguntó Alejandra.

—Se escuchó como un choque y después Josef comenzó a gritar el nombre de Keidys —explicó Gabriel.

—¿Qué? —soltó Alejandra comenzándose a preocupar.

—Yo sé donde está, él antes me había dicho por donde iban —soltó Gabriel mientras comenzaba a buscar las llaves de su carro por la sala.

El choque fue tan fuerte que el auto de Keidys patinó en el pavimento dando varias vueltas. Santiago y Josef al ver la condición en las que se encontraban las personas que se encontraban en el interior soltaron el llanto.

—¡No… Keidys! —Josef trató de abrir la puerta del auto, pero estaba atorada.

—¡No abre! —gritó Santiago, le impactaba ver a Gera (quien era la que se veía en peor estado) allí, llena de sangre.

Josef no sabía qué hacer, estaba traumado con aquel panorama. Trató de tranquilizarse, entrar en razón, tenía que buscar ayuda. Vio que seguía sosteniendo su celular en una mano, Gabriel estaba llamando.

—¡Gabriel, hubo un accidente, necesito ayuda, se accidentaron, se ven muy mal! —dijo Josef.

—¡¿Qué?! —inquirió Gabriel. Ya iban en camino rumbo a la avenida principal.

—¡¿Qué pasó?! —inquirió Alejandra quien iba a su lado.

—Keidys tuvo un accidente, por favor, llama a una ambulancia —Gabriel le pasó el celular, comenzaba a alterarse, por la voz de Josef se notaba que la situación era bastante escabrosa.

Josef trataba de abrir la puerta para sacar a los heridos del auto, pero le era imposible, no quería ver a Keidys en esa situación.

—¡Amor, responde, abre los ojos! —gritaba Josef.

—¡Josef, ven, ayúdame! —gritó Santiago mientras forcejeaba la puerta del copiloto.

—¡No se abren! —gritó Josef mientras corría hasta él, le sorprendió ver el rostro de Gera lleno de sangre, era horrible, se veía muy mal, peor que Keidys, claro, ella fue la que recibió el impacto.

—¡Por favor, no te mueras! —gritó Santiago mientras se agachaba sintiéndose derrotado, las personas que más quería estaban allí, debatiéndose entre la vida y la muerte.

—¡Mateo!, ¡no!, Santiago, ¡Mateo también está aquí! —gritó Josef cuando comenzó a ver por las ventanas, estaba tirado en un rincón del carro empapado de sangre— ¡NO…! ¡AYUDA! —comenzó a gritar desesperado.

Santiago aturdido miró a su alrededor para ver si encontraba personas que lo ayudaran a abrir las puertas del auto. En momentos como ese es cuando nadie está a nuestro alrededor para darnos una mano amiga. Pasó alrededor de cinco minutos para que llegara la ambulancia y con ayuda de herramientas abrieron las puertas del auto. Como había más heridos necesitaron de más ambulancias para poder atender el accidente, en el auto que chocó con el carro de Keidys iban dos jóvenes, por lo que se encontró a sus adentros se podía ver claramente que venían de alguna fiesta.

A Gera comenzaron a reanimarla. Gabriel llegó con sus amigos al accidente, al ver lo que estaba sucediendo corrió y comenzó a gritar, unos policías no lo dejaron pasar.

—¡ES MI HERMANA!, ¡NO…! ¡QUIERO PASAR! —gritó con mucha fuerza mientras forcejeaba con los policías.

—Gabriel, cálmate, por favor —pidió Tomás a su lado temeroso de toda la situación.

A Keidys se la iban a llevar en la ambulancia.

—¿Cómo está el bebé? —preguntó Josef.

—¿Qué es de la joven? —inquirió el paramédico.

—Es mi esposa —respondió.

—Venga con nosotros —pidió el hombre.

Alejandra llegó hasta donde estaba su novio para tratar de calmarlo, pero, al darse cuenta que estaban atendiendo a Mateo también se alteró, corrió hasta donde lo estaban llevando en una camilla.

—¡No… ¿Por qué?! —gritó. Unos policías comenzaron a calmarla— ¡Es mi primo! ¡Quiero ir con él!

Todos se encontraron en la clínica, Mateo era el único que no había recibido todo el impacto, solo tenía un brazo roto, varios golpes y había perdido la conciencia. Keidys tenía el riesgo de perder el bebé y Gera se debatía entre la vida y la muerte.

Santiago se encontraba agachado con su espalda recostada en la pared blanca y lisa, tenía los ojos hinchados de tanto llorar.




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