Ella era fea 2

Mi verano sin sol

—¡Ah… Coshita hermosa! —gritó Gera cuando le pusieron el bebé de Claudia entre sus brazos—. Y saber qué no pude verlo antes por estar en esta cama… Es muy hermoso el Cristian, va a ser todo un galán.

—Si vieras, el parto fue todo un espectáculo, hasta le jaló el cabello a Tomás —contó Keidys.

—¡¿En serio?! —soltó Gera.

—Nena, es que estaba muy asustada, imagínate, mi primer hijo —contó Claudia.

—Keidys, ahora viene el tuyo —soltó Gera.

—¡Ya sé, al ver a Claudia así me dio un miedo! —dijo Keidys mientras su piel se erizaba.

Todas hablaban emocionadas en el cuarto de Gera, parecía la misma, aunque tuviera todo su cuerpo maltratado, se recuperaba rápido y ella, con aquel entusiasmo que la caracterizaba, ponía de su parte para pronto recuperar la movilidad en su cuerpo gracias a las terapias.

El tiempo pasó bastante rápido y Keidys pronto se vio en una sala de parto soltando gritos y Josef quería morirse de los nervios mientras la veía en aquel estado. Un hermoso niño, bastante gordito y sí, se parecía a Keidys. Tomás no dejaba de reírse mientras le decía a Josef que su pobre hijo sería feíto de pequeño.

—Deja de burlarte, es mi hijo —pidió Josef.

—Ay sí… Es mi pequeño Luis Ángel —soltó Keidys mientras tenía al bebé en sus brazos.

—Comiste mucho en el embarazo Keidys, por eso salió así de gordito, pero eso es bueno, tendrá un buen desarrollo —dijo Gera al lado de Keidys en una silla de ruedas.

Alejandra observaba todo de lejos, bastante incómoda con el panorama. Decidió salir de la casa de Keidys para dar una caminata por los alrededores. Se encontró con Marisol quien traía en sus brazos un regalo.

—¡Marisol, días sin verte! —saludó.

—¡Alejandra! ¿Cómo estás? —preguntó.

—Bien, ¿vienes a visitar a Keidys?

—Sí, quiero conocer a Luis Ángel, debe de ser hermoso —dijo la joven.

—Sí, es muy bonito. Vamos —Alejandra la acompañó hacia los adentros de la casa.

Todo era risas, alegría por los dos nuevos integrantes del grupo. Se hablaba de planear una fiesta para celebrar la llegada de los dos pequeños y claro, como era de esperarse, todos se emocionaron con la idea, tenían meses que no hacían una fiesta.

Así fue como dentro de quince días estaban ellos reunidos en un gran salón comiendo y degustando con sus más allegados. Alejandra seguía reparando todo, sintiéndose incómoda, como si le faltara algo.

—Oye —llamó Gabriel.

—¿Sí? —inquirió la joven volviendo en sí.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—Nada.

—Tu hermano te está buscando, dice que tus papás llamaron, al parecer van a venir a la ciudad. Deberías de hablarles.

—Sí, ya lo hago.

Alejandra salió del salón de eventos y marcó el número de sus padres, era cierto, tenían planeado pasarse el fin de semana con ella y su hermano menor. Lo sintió como una patada en el estómago, no los perdonaría si esta vez no cumplían su palabra.

 

—Es una promesa, debes de cumplirla —dijo Gabriel a Tomás.

—No me van a obligar a casarme, además, ¿con quién lo voy a hacer? —soltó Tomás.

—Me preocupas, en serio, ¿te vas a quedar solo?, así que eres el solterón del grupo —chistó Santiago.

—No lo sé, de todos modos, el quedarse solo no es tan malo. Estoy joven, viajaré y les daré muchos regalos a sus hijos. De hecho, tengo meses sin estar con alguien, me he ajuiciado y la verdad es que me gusta estar así —contó Tomás.

—Bueno, si eso es lo que tú quieres, te entendemos. Yo sí le pienso pedir matrimonio a Gera, es lo que más deseo ahora —dijo Santiago muy sonriente.

—¡¿En serio?! —soltó Gabriel emocionado.

—Sí, pero quiero que sea algo bien hermoso, impresionante, lo planearé con tiempo, además, estoy esperando que termine de recuperarse —explicó Santiago.

—Amigo, eso va a poner muy feliz a mi hermana, te felicito —dijo Gabriel—. Sé que harás muy feliz a mi hermanita. Yo dentro de poco le voy a pedir matrimonio a Alejandra, ya tengo todo planeado.

—¿Qué? —soltó Tomás, casi se atraganta con el coctel.

—Sí, necesito que me ayuden a organizar todo —comenzó a hablar Gabriel.

Tomás quería alegrarse por sus amigos, pero se sentía muy desganado. No quería sentirse así, se supone que él era el que siempre estaba en medio de todas las organizaciones, daba ideas y era el que le echaba ánimo a su grupo. Pero esta vez no era así, estaba muy triste.

Salió a la calle para poder caminar y despejar su mente, vio a lo lejos a Alejandra sentada en un paradero de bus, se veía extraña, muy triste.

—¿Qué haces aquí? —le preguntó a la joven.

—También te pregunto lo mismo, ¿por qué no estás en la fiesta?

Tomás se sentó a su lado, quedaron observando los carros pasar por la carretera.




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