Ella era fea 2

Cuando quieres ser cupido

Tomás soltó una carcajada que acompañaron las amigas de Marisol. Ya no se encontraban en el restaurante, ahora estaban en una discoteca. Esas chicas la estaban pasando de maravilla con aquel joven, de hecho, Tomás llamó a algunos amigos de él para que los acompañaran y ahora nadie quería irse del lugar, bueno, Marisol sí quería hacerlo. “Se supone que esto apenas era una pequeña cita” pensó la muchacha mientras vía a Tomás tomarse una cerveza mientras hablaba con una de sus amigas.

—Vamos a bailar —pidió Tomás a Marisol con una sonrisa desplegada.

—No, mejor me voy, estoy cansada —dijo Marisol.

—Ay, no seas aburrida, la estamos pasando genial. Ven, vamos —la tomó de una mano y la arrastró hasta la pista de baile—. No te estreses, todo está saliendo bien ¿no?

—Pero se suponía que apenas sería una pequeña cita, no toto esto —reprochó la muchacha.

—Tú si eres aburrida, solo nos divertimos un rato. Si dejas ese mal genio sé que también te gustará el rato. —A Tomás se le ocurrió una idea, se apartó de la muchacha y después trajo un pequeño trago de alcohol para la joven.

—No, no, no, no voy a tomar, no…  Y menos si estoy contigo —se negó.

—Boba, no te voy a hacer nada. Es solo para que te relajes, tómalo… —insistió Tomás.

Después, todo el grupo llegó a donde estaban los muchachos, al parecer estaban atentos a la plática de ellos. El grupo le insistió a Marisol que se tomara el trago y ella le tocó resignarse a hacerlo. Después, Marisol estaba bailando con Tomás de lo más alegre, hablaba con los chicos y reía con sus amigas mientras bebían. Se había vuelto una más del grupo que animaba el ambiente, Tomás nunca se le despegaba de su lado y sí, parecían una pareja de verdad.

A las tres de la mañana se despidieron de todos cuando estaban frente al edificio donde vivía Tomás. Entraron al apartamento y Marisol se acostó en la cama, quedó mirando a Tomás con una sonrisa desplegada.

Al despertarse, se asustó al verse en un lugar que no reconocía para nada y lo peor, totalmente desnuda.

—No, no, no, no… —soltó. Se sentó en la cama mientras miraba a todos lados.

Comenzó a caminar alrededor del cuarto y encontró parte de su ropa con la cual comenzó a cambiarse. Escuchó el sonido del agua, ¿por qué estaba ahí? ¿Qué había pasado la noche anterior? ¡No se acordaba de nada!

Tomás salió del baño y quedó observando a Marisol por un momento. La joven soltó un grito al reaccionar y procesar la situación, eso asustó a Tomás.

—¡¿Qué pasó?! —preguntó.

—¡¿Qué me hiciste anoche?! —inquirió ella rabiosa, lo reparó de pies a cabeza, él estaba en toalla— ¡vístete!

—¡¿Qué te pasa?! ¿Por qué te comportas así?

—¡Me desperté totalmente desnuda en tu cama!, eres un… No debí de confiar en ti —regañó la joven, comenzó a terminar de ponerse su camisa.

—Te despertaste desnuda porque anoche te desvestiste mientras dormías. Para la próxima no te dejo beber de esa manera, no me dejaste descansar en toda la noche —soltó Tomás amargado, se dirigió al closet para buscar algo de ropa.

Era cierto, Marisol comenzó a recordar lo que hizo la noche anterior.

—¡Tomás! ¿Por qué será que nadie me quiere? ¡Siempre pasa lo mismo! Me voy a volver mala —decía mientras se comenzaba a quitar la ropa.

—¿Qué estás haciendo? —inquirió el joven mientras se acomodaba en la cama— Mañana vas a hacer un espectáculo cuando te veas desnuda, no lo hagas.

—Se supone que dos personas en una cama hacen esto —no se podía quitar la camisa—. Me he quedado atrancada, ayúdame.

Marisol quería morirse de la vergüenza, su rostro se acaloró, solo tenía ganas de salir de ese cuarto corriendo, qué pena. Tomás la quedó observando por un momento y el momento se volvió incómodo.

—¿Me quieres verme desnudo? —inquirió el joven.

La joven rápidamente salió del cuarto, era ese momento en que te sientes torpe y no sabes la razón por la cual actúas de esa manera.

Al ya estar Tomás cambiado, oloroso, (parecía que iba a salir a algún lugar) Marisol lo quedó reparando, era tan guapo, con un cuerpo perfecto y se vestía muy bien (obvio, era un chico de plata). Mientras que ella, flaca, sus curvas eran parecidas a las de una tabla, bajita, torpe, todo lo opuesto a Tomás o a una chica en la que él se fijaría.

—Eh… Yo ya me voy —le dijo, estaba sentada frente a una mesa de vidrio cuadrada, comenzó a levantarse.

—¿Te vas a ir sin desayunar?, va a ser las diez de la mañana y hace hambre —Tomás comenzó a dirigirse a la cocina.

—Tranquilo, yo como en mi apartamento —soltó la joven, llevó un brazo a su nuca. Estaba incómoda.

—Deja tu bobada, vamos a desayunar, ayúdame a cocinar y así terminamos rápido, la cuestión es de hambre. De hecho, quiero hacer algo sencillo —Tomás comenzó a buscar en las gavetas de la cocina instrumentos de cocina que iba a utilizar.

“Así que sabe cocinar” pensó Marisol mientras se acercaba a la cocina. Se detuvo a observar al joven que caminaba de un lado a otro.




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