Ella era fea 2

Para mí nunca fue un juego

Gabriel alcanzó a Marisol rápidamente, ella iba caminando con el llanto desatado, eso lo hirió bastante.

—¡Marisol, espera! —gritó al bajarse del auto.

—¡ALÉJATE DE MÍ MALDITA SEA! —gritó Marisol con fuerza.

—Por favor, perdóname, no entendía bien la situación soy un estúpido, lo sé. ¡Perdón! —suplicó Gabriel.

—¡No, no, no, no! —gritó Marisol y siguió su rumbo.

—¡No sabía que tu relación con Tomás iba tan en serio, no lo había comprendido! ¡Pero entiéndeme, solo deseo protegerte, eres mi mejor amiga y te quiero, no dejaría que te hicieran daño! —gritó Gabriel mientras dejaba que sus lágrimas salieran a flote— ¡no debes alejarte de Tomás, te quiere, me di cuenta, no quiere jugar contigo, estás cometiendo un gran error del que sé que más adelante te vas a arrepentir!

Marisol se detuvo en seco al escuchar las últimas palabras, volvió a mirar a Gabriel. Comenzó a caminar hacia él muy enfadada.

—¡¿Y por quién fue?! ¡¿Quién formó todo este problema?! —le dio un bofetón.

—Lo sé, sé que fui un estúpido al prohibirle que estuviera cerca de ti. Por favor, déjame arreglar todo esto, sé que lo quieres —Gabriel tomó las manos de Marisol para que no se le ocurriera volver a golpearlo.

Marisol soltó un grito de impotencia, comenzaba a derrumbarse. Gabriel la abrazó.

—¡Perdóname, por favor! —insistía Gabriel—. Te quiero, estaba equivocado todo este tiempo, eres mi mejor amiga, yo nunca querría hacerte daño.

 

Josef había seguido a Tomás, estaba muy preocupado por su estado, lo vio sentado en una banca de un parque solitario. Como ya se veía calmado decidió acercarse.

—¿Qué quieres? —gruñó Tomás.

—¡Anda ¿Qué?! Yo no tengo nada que ver aquí, así que es injusto que te enojes conmigo —dijo Josef. Era la única manera de que Tomás no se desquitara la rabia con él—. Nunca creí que fueras tan en serio con Marisol, me impresionó ver cómo le suplicabas.

—Iba muy en serio con ella. Iba. Ahora todo se perdió —explicó Tomás—. Acababa de llevarla a un lugar especial, vimos los fuegos artificiales desde allí y hablamos sobre nuestros planes, pero después todo lo jodieron, ¡maldita sea! Nada me sale bien —los ojos de Tomás se llenaron de lágrimas.

—Lo siento. Sé que dañamos todo, pero es que nos sorprendió ver eso. Tú y Marisol, eso es muy raro —soltó Josef, después se dio cuenta que estaba dañando todo cuando Tomás quedó viendo bastante serio—. ¿Cuándo te comenzó a gustar?

—Meses atrás estuve en su apartamento cuidándola porque estaba enferma y hablamos algo que me gustó mucho, me di cuenta que ella me veía de una manera muy diferente a las demás. Me preguntó ¿qué haces con enamorar a las mujeres y no saber amarlas? ¿Eso te hace sentir muy macho?, fue algo así y me gustó mucho que me cuestionara de esa manera. Desde ese día la vi de otra forma, me interesaba mucho hablar con ella y cada vez que estábamos juntos pasaba algo, a su lado todo es diferente; me enfoqué en ayudarla cada vez que la veía en problemas y hacerla reír cuando estaba triste, darme cuenta que si me gustaba debía de demostrárselo y hacerla sentir especial. Todo iba muy bien para que fuera para mí.

Hubo un momento de silencio, Josef se sintió muy mal por su amigo, nunca creyó que Tomás se ilusionara tanto con una mujer; sus palabras sonaban tan sinceras.

—Pero si tanto la quieres deberías de buscarla e insistirle hasta que te perdone, demostrarle que tú quieres estar con ella —aconsejó Josef—. Amigo, de esto te estaba hablando aquel día, darte cuenta cuándo es la chica especial para ti y luchar para que no se aparte de tu lado, no la dejes ir si la quieres; demuéstrale tus sentimientos y convéncela que tú vas muy en serio con ella.

—Josef, quiero estar solo, no tengo mente ahora —pidió Tomás.

—¡Claro que no! ¡Debes de ir tras ella, ahora es el momento, después será tarde si te quedas de brazos cruzados! —insistió Josef, se levantó de la banca—. Vamos a buscarla, ya verás, vamos a resolver este problema.

Tomás quedó impresionado por la seguridad con la que hablaba Josef, se veía muy dispuesto a hacer lo que pensaba.

—Bueno, primero límpiate esa cara llena de sangre. Te ves feo así —le pasó un pañuelo que cargaba en uno de sus bolsillos.

Recuerdo de Marisol:

La niña estaba en cama con un pañuelo rosa cubriendo su cabeza, había una cánula de oxígeno en su nariz. Se sentía cansada a tan corta edad, quería descansar de todo eso, había visto a su mamá llorar abrazada por su padre que la consolaba. No quería que nadie más sufriera por su culpa; se sentía triste por eso.

En aquel momento el pequeño Gabriel entró sigilosamente a la habitación escondiéndose de algún doctor o enfermera que lo viera, traía consigo un globo rosa que tenía en ella una cara feliz pintada de rojo. Marisol pudo verle y desplegó una sonrisa al ver el detalle que le traía.

—Gabriel —soltó con su voz débil.

—Hola. No me vieron, bueno, eso fue por los pelos, necesitaba verte, me enteré que te has puesto mal; me asusté, pensaba que te ibas a morir, se supone que no puedes hacerlo, somos mejores amigos y ellos no se abandonan —dijo Gabriel mientras se acercaba a ella.




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