Ella era fea 2

Conmigo, con los dos

Alejandra se miró en el espejo, ese día era el cumpleaños de Tomás, pero, también sería el día que hablaría con Gabriel sobre su relación. También tenía la fecha en la que viajaría a casa de sus padres, enfrentaría todo lo que la tenía en aquella depresión. Había creado toda una lista de las cosas que debía de hacer que eran las causantes de aquel sentimiento amargo.

Llegó a la fiesta y saludó a Keidys que estaba emocionada porque la fiesta para Tomás quedó perfecta.

—Amiga, no sabes lo que tuve que pelear con Tomás para que me dejara planear todo. Es que sus otros cumpleaños quedaban horribles, todos sencillos, era una cosa fea —dijo Keidys.

—Josef, debes de hacer que Keidys no se meta tanto en la vida de los demás —chistó Alejandra.

—Créeme que trato de hacerlo, pero es imposible —explicó Josef.

—Ay ya, dejen de hablar mal de mí, yo solo trato de ayudar —regañó Keidys. Todos soltaron una carcajada.

—Lo bueno es que todo te quedó muy bien —aceptó Alejandra.

Tomás estaba esperando a que Marisol se terminara de arreglar.

—Marisol, ¿qué tanto te demoras? —preguntó al entrar al cuarto, la chica estaba en interiores.

—¡¿Qué haces?! ¡Sal! —le gritó.

—¿En serio? Yo creía que te estabas maquillando, pero no has hecho ni eso. Llevo media hora esperando —renegó Tomás.

—Lo sé, me demoré bañándome, ya me termino de arreglar —dijo la joven buscando el vestido que se había comprado. De pronto, sintió que la abrazaron por la espalda y le plantaron un beso en el cuello—. Tomás, ¿qué haces?

—Es que no puedo resistir verte así, me provocas mucho —le susurró al oído.

—Pero… Espera —Marisol sintió que su piel se erizó por completo.

—Por favor, solo esta vez, no importa si llegamos tarde —Tomás comenzó a besarla y acariciar cada rincón de su cuerpo.

 

—¿Por qué Tomás demora en llegar? —preguntó Mateo a Keidys.

—No sé, lo he llamado varias veces, pero no me contesta. Seguramente está esperando a que Marisol se terminara de cambiar, ella salió tarde del trabajo —explicó Keidys.

—Sí, se quedó adelantando unas cosas. Por eso están retrasados —explicó Gabriel a Mateo.

Cuando llegó el cumpleañero todos aplaudieron y le cantaron el feliz cumpleaños. Todos transcurrió muy bien. La fiesta fue muy movida, como le encantaba a Tomás. Lo que Alejandra no sabía era que esa conversación que se estaba convirtiendo en una discusión terminaría en algo que la sorprendería para siempre.

Alejandra se alejó de Gabriel con los ojos aguados, entró a la ruidosa fiesta, él la siguió y la detuvo, de pronto, se arrodilló y todos los rodearon en un círculo, comenzó a sonar la canción favorita de Alejandra y en una pared aparecieron un letrero “¿quieres casarte conmigo?”, la joven se tapó la boca con sus manos, frente a ella se encontraba Gabriel con una cajita pequeña abierta que mostraba un hermoso anillo. Alejandra hizo un sí con su cabeza y se abalanzó a él muy emocionada.

—Vaya, supieron ocultárselo a Alejandra muy bien —le dijo Josef a Keidys.

—Yo no tenía ni idea de eso —confesó la muchacha.

—Lo sé, lo planeamos solo nosotros. Le dijimos que tratara a Alejandra indiferente, para que la sorpresa fuera más grande —Josef soltó una risita maliciosa.

—Ay, mira eso, ¡la pobre estaba sufriendo! —regañó Keidys.

Todo había sido un plan de los chicos para darle la sorpresa a Alejandra de una propuesta de matrimonio sorpresa, algo que la impactara como siempre quiso. Un montón de globos color rojo en forma de corazón cayeron del techo cuando ellos se abrazaron y comenzaron a besarse, las personas a su alrededor empezaron a aplaudir. Alejandra se sintió en un momento tan perfecto, en momentos como ese era en los que se daba cuenta que había elegido a la persona perfecta para ella.

—Wao, qué hermoso —soltó Gera mientras observaba a la pareja que ahora estaba comprometida.

—¿Cómo te gustaría que te propusieran matrimonio? —le preguntó Santiago.

—La verdad, nada extravagante, solo quiero que me digan que me aman y que esa persona quiere pasar el resto de su vida conmigo, ya, al final, eso es lo que tiene valor, el amor —explicó Gera. Santiago entrelazó su mano con la de la chica, después le dio un beso.

 

Mateo y Claudia salieron de la fiesta, querían llegar a su casa y estar en completa tranquilidad. Mientras iban en el auto sonaba una tranquila canción por la radio, Claudia la iba musitando mientras su cabeza se movía al compás de la música. Mateo soltó una pequeña carcajada por este acto, después comenzó a cantar la canción.

En casa esperaba la madre de Mateo cuidando al pequeño Cristian. El bebé dormía plácidamente en su cuna, la señora estaba dormida en el cuarto de huéspedes, pero le abrió a la pareja. Ellos hablaron un rato con ella y después entraron en su cuarto.

—Vaya que supieron planear esa propuesta, nunca llegué a sospechar, ¿ahora cuál viene? ¿Gera? Me imagino que sí, ¿qué le querrá planear Santiago? Él es tan romántico —decía Claudia mientras comenzaba a desvestirse para ponerse algo cómodo.




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