Ella es mi mamá

2. ¡Mamá está en casa!

Maximiliano

Tamara no deja de abrazar a aquella extraña mujer. Por su vestimenta parece ser una simple camarera, pero su aspecto, con el cabello húmedo, oliendo a alcohol, y el barro en su ropa, la hacen parece más una mendiga.

No la hubiera dejado subirse a mi auto, ni menos que estuviera tan cerca de Tamara, pero no deja de intrigarme por qué es exactamente igual a ella...

Es el mismo rostro, misma nariz pequeña y levantada, mismos ojos almendrados, mismo contorno de labios. Es como verla a ella en un aspecto deplorable. Constanza jamás se hubiera permitido vestir de esa forma, ni menos llevar el cabello tan descuidado. Era mujer caprichosa y mimada por su familia, que hacía y deshacía conforme a sus ideas.

Miré de reojo a mi hija, que no deja de aferrarse a esa mujer. Se ve incómoda y asustada. Debo reconocer que no fue precisamente una invitación a subir. Fue forzada porque se negaba a entrar a mi vehículo implorando por su vida.

¿Qué se cree que soy yo? ¿O ha escuchado esos absurdos rumores que me relacionan con la mafia y el crimen organizado?

Bufé. En verdad no sé en qué líos me ha metido mi hija. Pero sí o sí debo descubrir por qué existe una mujer que es idéntica a mi difunta esposa. Si acaso la familia Ruiz tenía otra hija y no lo sabían, o la escondieron. O es una trampa, una mujer operada para parecerse demasiado a Constanza. Pero que sepa la tecnología en reconstrucción de rostros no ha llegado a esa capacidad.

—Papá, ¿mamá se puede a quedar a dormir en mi cuarto? —me preguntó Tamara con sus ojos suplicantes.

Torcí mis labios, alzando mi atención a la mujer, que en cuanto nuestros ojos se encontraron se giró de inmediato, fingiendo estar mirando el paisaje afuera.

—No, necesito primero hablar con... tu mamá, para saber en donde se ha metido para terminar así —le respondí con seriedad. La niña me miró con desilusión y bajó la mirada.

Vi como el cuerpo de la mujer se engrifaba, como si fuese un gato, cuando escuchó mis palabras. De seguro debe estar pensando que estoy loco por llamarla 'mamá'. Pero frente a Tamara no me queda otra que seguirle el juego. Ya después inventaré algo cuando mande lejos a esta estafadora.

De seguro es eso, una mujer que solo quiere estafarme y sacarme dinero. Tal como la niñera que mis hombres fueron a entregar a la policía. Terminó por confesar que a cambio de dinero ayudó a esos secuestradores para llevarse a mi hija. Además, también un porcentaje de lo que esos criminales obtendrían del rescate que me pedirían.

—Tamara, nunca vuelvas a irte con gente que no conoces —agregué masajeándome las sienes, con tono severo.

—Papá, lo siento —musitó mi pequeña niña—. Esos hombres dijeron que mi mamá quería verme, y tenían razón. Cuando la vi ahí quise de inmediato correr con ella, pero ellos no me dejaban, los mordí.

Dijo esto último con orgullo.

—Y luego corrí a los brazos de mamá. Me refugié en sus brazos, esos hombres malos me perseguían, pero justo mamá me salvó —Tamara sonrió con alegría.

Yo no creo que esos tipos hayan huido al ver a una mujer en ese estado, y de aspecto tan frágil y enfermizo. Debe haber sido porque justo llegué a rescatar a mi hija junto a mis subordinados. Si no otra historia hubiera sucedido.

—Aun así, no vuelvas a hacerlo, ¿lo entiendes? —endurecí mi voz notando como la sonrisa de Tamara se borraba en el acto. Hipó como si fuera a llorar—. No llores, te he dicho que debes ser fuerte. Las lágrimas nunca te llevarán a nada.

No hubo más palabras. Tamara guardó silencio aferrándose aún más a la mujer, y noté como aquella me miró por unos segundos antes de evitarme nuevamente. Su mano se deslizó a acariciarle la cabeza a mi hija como si quisiera consolarla.

No sabe, que yo solo quiero ayudar a Tamara, quiero que sea fuerte para que nadie la hiera, de la misma forma como le pasó a su madre.

Apenas llegamos a casa, mi hija tomó de la mano a la mujer. Parece estar feliz nuevamente.

—¡Mamá, esta es nuestra casa!

—Ah... sí, linda tu casa, pequeña —dijo la mujer palpándole la cabeza—, pero... mamá, tiene que salir a hacer unas cosas y volverá y...

—Baja del auto —dije secamente—. Ahora.

Agregué en un tono más frío y amenazante. Solo le bastó escucharme para bajar casi corriendo. Tamara volvió a aferrarse a la mano de la mujer. En realidad, mirándola bien, nunca la había visto tan feliz. En estos cinco años por mi trabajo, poco tiempo he tenido para relacionarme con mi hija, y usualmente es una niña muy seria y obediente. Pero ahora sonríe de una forma que nunca lo ha hecho conmigo, y con una mujer que no conoce.

—¡Vamos, mamá, quiero mostrarme la casa! —agregó con entusiasmo.

La detuve en el acto antes de que llevara a la mujer al interior de nuestra casa.

—Tengo que hablar primero con mamá, tenemos que hablar cosas de adultos, ¿lo entiendes? —dicho esto levanté la mirada hacia aquella desconocida, sus ojos se abrieron, asustada, como si la acabara de condenar a muerte.

¡Qué absurdo!

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Luna

En cuanto vi la cara de este hombre, con sus ojos fríos y penetrantes mirar a los míos, me quedé paralizada. La pequeña niña que quería llevarme al interior de la casa, pareció resignada. Recogió sus manos y solo afirmó con la cabeza.

—Mamá, más tarde te enseñaré la casa y mi habitación —me dijo sonriendo.

Pobre pequeña princesa teniendo como padre a un cruel villano. No sé como será la relación de ambos, pero no parece una relación común entre un padre y una hija.

—Sígueme a mi despacho —dijo fríamente aquel hombre antes de entrar.

Lo seguí en silencio junto a la niña, que ha vuelto a tomarme de la mano. Una enorme cantidad de sirvientes salieron a recibirlo, tal como las películas, inclinando la cabeza ante su presencia. Parece ser un hombre muy rico y poderoso, más de lo que imaginaba.




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