Ella es un Eclipse Lunar

Capítulo 1 - Púrpura

Despertó de un golpe, la voz de su conciencia aún hacía eco después de abrir los ojos.
Ese día, Catherine sería golpeada por un rayo púrpura sin saberlo.

Sintió su cuerpo entumecido, frío, como sujeto a las cobijas. Con fastidio y cansancio por haber dormido tarde, apagó la alarma y fijó su vista en el techo, observando un pequeño hilo de araña que colgaba sobre su escritorio desde el techo que debía retirar con una escoba. Frotó sus ojos, impaciente por encontrar la energía que tanta falta le hacía en sus mañanas habituales; suspiró profundamente, dándole a sus pulmones suficiente movimiento para bombear oxígeno a todo su cuerpo; sacó su mano de su blusa, la que siempre guardaba entre sus pechos para calentarse en la noche y, pocos minutos después, habiendo reunido la suficiente gana para levantarse de la cama, se incorporó y tendió su lecho.

La madrugada en Bogotá siempre era fría. Diez grados centígrados, agua fría saliendo de la regadera, rocío pegado a las ventanas empañadas, el silencio que pronto se vería destruido por el tráfico, el sonido inexistente de los pájaros cantándole al alba... Y una chica aburrida saliendo de su casa.

Mientras el sol salía con lentitud detrás de una larga cordillera ubicada al oriente de la ciudad, otro ser joven y devastado estaba tratando de no hacer ruido al bañarse.

—¡Eh...! ¡Catherine!

En medio de las filas indias que se formaban durante la rutina matutina de los primeros días escolares, cuando el reloj marcaba las seis y media de la mañana y los jóvenes rayos del sol iluminaban los rostros agotados de los adolescentes, pero emocionados por volver, destacaba un brillo singular de tonos blancos. Era Andre, la estudiante reconocida por tener vitiligo. Catherine, en cambio, prefería no destacar, así que solo la saludó con la mirada y se puso de pie detrás de ella.

—¿Cómo has dormido? —preguntó con ánimo, después de tomar uno de sus hombros con sus manos.

—No muy bien. Un estúpido borracho estuvo cantando canciones estúpidas durante toda la estúpida noche -mencionó tras un bostezo largo.

Otra noche sin dormir y nadie en casa lo había notado.

—No, qué fastidio...

—Ciertamente...—dijo, en un hilo de voz, mientras veía a la rectora ponerse de pie frente a todos los estudiantes, sobre el balcón que se hallaba en medio de las escaleras.

—Primero, buenos días a todos... —Catherine cerró los ojos. Podía dormirse de pie si eso dependiera de ella. Los abrió de nuevo—. Quiero agradecerles y felicitarlos...—Abundaron murmullos y susurros hastíos hacia dicho discurso. Y luego llegó el primer sermón del año. Apenas eran las seis y cuarenta.

Tan temprano por la mañana y la oficina del coordinador formativo ya estaba ocupada por una estudiante igual de cansada que todos los que estaban en formación, pero ella no estaba emocionada; acojonada era, más bien, su descripción.

Cuando sus compañeros de aula se dirigían al salón, Catherine trataba de voltear la vista y observar a su alrededor, pero Andre se lo impidió totalmente al captar su atención con su tono de voz fuerte y un apretón de hombros.

Quizá, si Catherine hubiese volteado su rostro, su primera gran impresión habría sido totalmente diferente...

Si ese rayo púrpura hubiese sido observado por ella en ese instante, todo habría sido diferente.




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