Ella es un Eclipse Lunar

Capítulo 7 - Disculpa

El lunes de la siguiente semana, Catherine tomó asiento en su silla y descansó de la caminata hacia el colegio. No le tomó mucho tiempo ver que Megan había ingresado al salón también y que miraba a la nada con sus audífonos en sus oídos, quizá a todo volumen.

Trató de inclinarse para mirarla con más comodidad, pero si lo hacía, su espalda dolía porque los moretones que había dejado su padre hacía ya una semana no se dignaban a desaparecer; sin embargo, Megan la llamó primero.

—Catherine... —susurró Megan, para ver si al menos la miraba.

—Estoy enojada contigo -soltó cuando giró su vista hacia ella.

—¿Conmigo?

—Fuiste quien acabó con la paciencia del profe, la semana pasada.

—Las dos la liamos, en realidad... ¿Te dijeron algo en casa por el castigo?

—No, ni mi padre se enteró.

—La mía me reprendió con un sermón.

—Ajá... —dijo en un susurro desinteresado, aunque en verdad no tenía ni fuerza ni energía para decir otra cosa.

Megan la observó, parecía cansada y triste, como si esperara alguna señal para desaparecer por cinco minutos de esa incómoda conversación.

Incluso así, había algo en su forma de mirar, hablar y callar que llegaba a desarmar la defensa con la que venía hacia ella.

—Además, fuiste grosera el martes... —murmuró Catherine con los ojos cerrados.

—¿Y qué querías que hiciera? El profe ese es un patán y estaba bastante enojada, ¿vale? Entonces tú me hablaste y... —se calló, cuando se dio cuenta de que se excusaba demasiado—. Quiero decir, lo lamento...

—No voy a perdonarte, no por ahora.

Y enojada, volteó y no volvió a dirigirle la palabra durante el día.

Aun así, Catherine mantuvo un nudo atravesado en el pecho, uno que fundía la confusión con el enojo y la curiosidad, por esas habilidades literarias de la chica que tanto le intrigaban... pero sin tener la valentía para preguntar.

Quizá era porque no sabía cómo... y, al mismo tiempo, no debía.

No le faltaba tiempo, ni ganas, ni energía —bueno, quizá un poco—, le sobraba miedo y carecía de permiso y, a pesar de haber conocido a Andre durante ya tanto tiempo, ni siquiera ella pudo lograr que aprendiera a fisurar un poco las reglas sin romperse a sí misma por completo.

Sintiendo la lástima y el leve remordimiento por su actitud, regresó el día siguiente al salón de clases de la misma forma, sin ver a Andre de nuevo (quien, probablemente, llegaría tarde) pero observando a esa chica de ojos bizcos cerca de la ventana.
Era extraño, pero la apreciaba, o al menos eso sentía.

Se acercó a ella y se sentó mirándola de reojo, quien tenía un bolígrafo negro en la mano, un cuaderno viejo en la mesa de su pupitre y su mirada concentrada en el mismo; volvió a mirar y vio que escribía un poema, mas no alcanzó a leerlo.

—Hola. —Le decía Megan en voz baja, casi en un susurro.

—Buenos días —respondía Catherine, con la misma indiferencia de siempre.

—Si gustas, puedes leer lo que escribo.

Catherine abrió los ojos con energía y sonrió con levedad para acercarse al escrito que tanto le intrigaba. Eso fue una disculpa, pero ninguna la supo.




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