Ella es un Eclipse Lunar

Capitulo 19 - Temor

—Te prometo que todo va a estar bien... —mencionó con una pizca de vergüenza en su voz—. Ya puedes soltarme.

—Te voy a extrañar —murmuró Edward, abrazándola con aún más fuerza.

—¡Papá! Me vas a asfixiar.

Cuando la soltó, la muchacha pudo subir al avión, sin ninguna compañía.

Quince horas después, se hallaba durmiendo en su cama, en Bogotá, dispuesta a hundirse bajo cobijas hasta volver a clases el lunes siguiente.

—Te extrañé... —mencionó Olivia, esperando que su hermana, acostada en la cama superior, no estuviese dormida.

Hubo silencio.

—Extrañé molestarte, ¿sabes? Gasté mi tiempo jugando con Marck. Rompió otro jarrón, pero compramos uno igual con sus ahorros antes de que llegara Christopher; fue bastante gracioso—. De nuevo, la falta de respuesta fue la protagonista. A Olivia no le importó y continuó con la conversación—. Y Allan dice que compuso una pieza. Es bastante agradable de escuchar; pareciese que está hecha con rabia, pero me gusta mucho si me lo preguntas... —. De nuevo hubo silencio, pero ella volvió a romperlo—. Quisiera que hubieras estado cuando mamá y ese tío pelearon. Creo que le dejó un moretón a mamá...

—¿Que hizo qué? —interrumpió Megan, consternada.

—Prefiero no hablar de eso...

Y hubo una pausa incómoda. Olivia soltó un suspiro acojonado.

—¿Mamá lo perdonó? Por Dios, dime que no, que lo echó para siempre.

—Por dos días; sin embargo, volvió ayer.

—¡¿Lo perdonó ayer?!

—Sí, algo así.

—¡¿"Algo así"?!

—¡Sí! Te dije que no quiero hablar de eso, Megan, por amor de Dios.

—¿Entonces para qué lo dijiste en un inicio?

—¿Qué voy a saber? Ya déjalo...

—¿Y cancelaron la bo...?

—¡YA DÉJALO!

«¿Dejarlo? Eso debería hacer mamá».

El lunes siguiente llegó tardísimo a clases, como la mitad restante de los estudiantes de bachillerato ese primer día después de vacaciones. Megan se sentó en la orilla más alejada de la puerta, esperando la media hora correspondiente para entrar mientras aún pensaba en lo que había dicho Olivia sobre su mate cuando, sin pensarlo, fijó su vista en una presencia femenina que tanto conocía hasta que, instintivamente, corrió hacia ella cuando la reconoció tras unos segundos.

—¡Catherine! —espetó con alegría dándole un abrazo gigantesco cuando la tuvo enfrente.

—¡Ay! Hola... —Susurró en su oído para soltar su maleta y abrazarla también y volvió a susurrar: ¿Cómo estás?

—¡Bien! Ahora muy bien.

—Eso me alegra... ¿Llegaste tarde también?

—Dormí horribleeeeee. El cambio de horario es la peor parte del viaje.

—Entonces dormiste poco...

—Sí, algo así. He dormido todo el tiempo. No sería raro que me durmiera en clases... ¡Ay, no! Que toca con el anciano ese ¿Y si nos escapamos y no vamos a su clase?

—¿Escaparnos? —Catherine abrió los ojos y frunció su ceño por la confusión—. O sea, ¿dentro del colegio?

—O fuera. Como quieras. Me gustó el parque; quisiera verlo mejor.

—¿Quieres ir al parque? —preguntó susurrando.

—¿Tú no?

—Bueno, no es eso...

—¿"Es que siento que me van a matar"? —incitó Megan, con una sonrisa un tanto soberbia.

—Eh, sí, de hecho sí...

—Sabes que si a ti te matan, me deben matar a mí. Entonces, ¿vamos?

No pasó mucho tiempo y se escabulleron entre la multitud para llegar al parque y soltar sus mochilas en el césped.

—Si alguien me ve, te juro que voy a asesinarte... —pronunció Catherine.

—Ay, bájale a la paranoia. —Y rio—. A ver, cuéntame algo bonito.

—¿Algo bonito?

—Algo bonito, vergonzoso, interesante, ¡lo que sea!

—No lo sé, ¿qué se supone que contestas tú cuando te preguntan eso?

—Yo doy ideas. Por ejemplo... ¿Cuál fue la primera impresión que tuviste de mí? Yo pensé que tú eras una nerd aburrida y aguafiestas, pero te vi durmiendo todo el tiempo.

—¿Piensas que soy una nerd aguafiestas? —Fingió sentirse ofendida y se acostó en el césped mirando hacia el cielo.

—¿Qué haces tú que no haría una nerd aguafiestas? —preguntó Megan bromeando y sin esperar respuesta.

—¿Yo? Dibujo, bailo, conduzco moto...

—¿Cómo aprendiste a conducir?

Megan se acostó en el pasto junto a Catherine y puso su cabeza sobre su mochila en el suelo como si de una almohada se tratase. El sol naciendo entre las nubes le cegaba levemente la vista, así que cerró sus ojos y solo escuchó a Catherine, quien, en un acto juguetón, se acercó a su oído y le susurró:

—¿Por qué? ¿Quieres aprender?

—No sería mala idea... pero a falta de moto, es más fácil que me enseñes otra cosa —chistó, tratando de no dejar ver el estremecimiento que ese susurro había causado—. ¿Qué más me puedes enseñar?

—Me gustaría enseñarte a bailar.

—No me gusta bailar... —pronunció Megan poniendo su antebrazo sobre sus ojos.

—Porque yo no te he enseñado.

«¿Qué sabes bailar?» fue lo último que dijo antes de que la muchacha de anteojos se incorporara y le tomara la mano.

—Creo que sería mejor con música... —pronunció Megan cuando la muchacha la acercó a su cuerpo tembloroso.

—¿Qué quieres que te enseñe? Y pongo música.

—No sé, no sé de baile. No sé. ¿Qué sabes bailar?

—De todo.

—No es cierto —murmuró Megan en medio de una risa.

—¡Claro que sí! —respondió Catherine también soltando una carcajada—. Por ejemplo, ¿sabes bailar salsa?

—No quise apren... ¡Uoh! —exclamó cuando Catherine le dio una vuelta con su brazo extendido, despeinando a la muchacha en el proceso, quien, cuando estuvo de nuevo viéndola de frente, hizo un mohín con sus labios.

—Hay un tipo de giro al que se le llama el ocho.

—No lo quieres intentar conmigo, ¿no? —indagó alzando la ceja izquierda, exagerando su incredulidad.

—Es sencillo, dame la mano.

—Estoy segura de que me vas a marear.

—Desde que me viste en el supermercado te mareas. Ven, solo dame la mano.




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